Los pueblos Yanacona y Kokonuko fortalecen el gobierno propio y los planes de vida, en el marco del convenio macro con el CRIC

Los pueblos antes mencionados avanzan en el fortalecimiento de sus procesos de Gobierno Propio, con el objetivo de consolidar, potenciar y fortalecer los planes de vida en los distintos territorios. Estas iniciativas buscan que las comunidades organicen, analicen y proyecten los avances en sus procesos autonómicos, reafirmando su derecho a la autodeterminación.

Dentro de este trabajo, se están impulsando procesos clave como lo es la Guardia Indígena, el Observatorio de Derechos Humanos y el rol de las mujeres indígenas en el ejercicio de gobierno propio. En este sentido, se resalta la importancia de fortalecer el liderazgo de las mujeres, apuntalando su participación en la toma de decisiones y en los procedimientos organizativos que viene desarrollando desde los pueblos indígenas.

Asimismo, el proceso de comunicación propia se consolida con la formación de comunicadores en escritura, producción sonora, radial y audiovisual, herramientas esenciales para visibilizar la lucha y la cultura de nuestros pueblos. De igual manera, se destacan los procesos de jóvenes y semillas de vida, quienes no solo se integran en los espacios políticos y organizativos, sino que también refuerzan la Guardia Indígena, asegurando la continuidad del sistema de gobierno propio.

Las autoridades de los territorios han recibido con optimismo estas iniciativas, manifestando su compromiso en avanzar hacia el fortalecimiento comunitario. A pesar de algunos retos en la ejecución y los tiempos, se ha reafirmado la voluntad de consolidar estas acciones, impulsando una Minga hacia adentro que permita seguir construyendo autonomía y unidad en los pueblos indígenas del CRIC.

Comunicaciones CRIC

Cuando la guerra se mete por la ventana y el Estado se queda viendo

Lo que pasó ayer en Jambaló no es un simple “hostigamiento”, ni un enfrentamiento más en la larga lista de dolores que carga este departamento, no; lo de ayer fue un ataque deliberado, brutal y calculado contra un Pueblo entero, contra su casco urbano, su vida cotidiana y su dignidad, y hay que decirlo sin rodeos: fue un ataque ejecutado por estructuras armadas ilegales sin ningún respeto por la población civil, sin límite ni pudor, sin conciencia del daño que dejan.

Por primera vez en la historia de este municipio se utilizaron drones cargados con explosivos, lanzados desde la cancha del barrio Santa Rosa, el grupo armado disparó y lanzaron tatucos: volaron sobre los techos, dejaron caer bombas sin dirección, sin control, sin pensar que el viento, la señal o la suerte podían hacer que esos artefactos cayeran sobre un cuarto, un niño, una cocina, una cama, y así fue: explotaron dentro de casas en Las Dalias, en Olaya Herrera, en Nueva Jerusalén y cerca de la estación de Policía, dejando más de 60 viviendas afectadas, dos destruidas totalmente y decenas perforadas por los impactos.

Ayer Jambaló vivió su peor madrugada en décadas: sin energía, sin agua, sin comunicación, sin telefonía, sin internet, aislado completamente porque los operadores se niegan a ingresar hasta que hayan garantías, la gente no puede llamar, no puede avisar si necesita ayuda, no puede reportar una herida, no puede alertar sobre explosivos sin detonar.

Mientras tanto, en los barrios la gente contaba las detonaciones: 20, 25, 30, 40… y más, la estación de Policía quedó rodeada, con siete uniformados heridos; un niño de 16 años terminó lesionado por vidrios que estallaron tras la explosión; viviendas destruidas, negocios arrasados, herramientas de trabajo perdidas, la pregunta que se repite una y otra vez es simple y devastadora: ¿hasta cuándo?

Esto no fue solo en Jambaló. Silvia, Corinto y Padilla también vivieron hostigamientos, ráfagas y explosiones, la ofensiva fue simultánea, no fue coincidencia, no fue un error, fue una señal: “podemos atacar varios Pueblos a la vez y nadie nos frena”.

Y aquí tenemos que ser claros:

Nada justifica lanzar drones explosivos sobre un casco urbano.
Nada justifica el reclutamiento de menores.
Nada justifica atacar casas, negocios, escuelas, vías.
Nada justifica tomar un pueblo como si fuera un campo de guerra.

Por eso el rechazo debe ser contundente, firme, sin adornos:
Los grupos armados ilegales están destruyendo el Territorio Indígena, nos están arrancando la tranquilidad, la familia, los recuerdos, la vida misma.

Y frente a esta barbarie, el Estado no puede mantenerse sin decir nada.
No puede seguir llegando tarde, mal o nunca.
No puede seguir alegando falta de garantías mientras la comunidad se queda encerrada sin agua, sin luz y rodeada de explosivos.

La Guardia Indígena actuó, cerró accesos, protegió a la gente, caminó entre escombros mientras aún caían explosivos.

La Alcaldía hizo censo.
La misión médica entró cuando por fin hubo garantías mínimas.
Las juntas de acción comunal están alertando sobre artefactos sin explotar.
La gente está haciendo lo que puede, con lo que tiene.

Pero la pregunta es: ¿qué más tiene que pasar para que el país mire al Cauca con responsabilidad real?

Jambaló no puede ser condenado al silencio, ni a la indiferencia.
El dolor de hoy es masivo, evidente y profundo.
Y no es el último si no se frena esta ofensiva.

La vida en el Territorio no resiste más aplazamientos.
Lo decimos con fuerza, con rabia y con verdad:

Jambaló está herido, pero no está vencido.
El Cauca está cansado, pero sigue de pie.
Y frente a estos narcoparamilitares, no nos vamos a arrodillar.

Por: Programa de Comunicaciones CRIC.