El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) es una organización en la que se unen 138 cabildos y 11 asociaciones de cabildos de 11 pueblos indígenas del Cauca, en el suroccidente colombiano. Fue fundado en Toribío, el 24 de febrero de 1971. En la actualidad está distribuido en diez zonas, donde habitan los pueblos Nasa, Yanakona, Ampiule, Kishú, Misak, Totoróez, Polindara, Kokonuko, Eperara-Siapidara, Inga y Embera. El CRIC es cofundador de la ONIC, la Organización Nacional Indígena de Colombia, y se le reconoce como autoridad tradicional de los pueblos indígena del Cauca.
La organización y el desarrollo alcanzado por los pueblos indígenas del suroccidente colombiano para su pervivencia cultural se concreta con la convergencia de todos en una sola organización: el CRIC. El CRIC es “una gran casa” por la que hemos luchado juntos “con el corazón de todos, como si fuéramos uno”. Esta organización y su legado histórico de lucha constituye el punto de partida para la definición del plan de vida de los pueblos indígenas del Cauca.
El Consejo Regional Indígena del Cauca surgió en la década de 1970, cuando la situación de atropello y despojo de sus territorios ancestrales era ya insostenible. Esta circunstancia fue la semilla que generó la unidad de los pueblos indígenas para organizar una dirigencia colectiva capaz de crear nuevas formas de lucha. Su mayor legado es la unidad, la recuperación de las tierras -un proceso inacabado que sigue en marcha- y la identificación de los objetivos que se deben perseguir para asegurar la autonomía, la propiedad territorial y la pervivencia de nuestras culturas.
El CRIC se creó oficialmente el 24 de febrero de 1971 en el resguardo de Toribío. A su creación asistieron cinco cabildos: Toribío, San Francisco, Tacueyó, Jambaló y Totoró. También asistieron representantes del pueblo Misak y de los municipios de Corinto y Miranda.
Los cabildos, los líderes y mayores reunidos en esta asamblea propusieron que la organización debía seguir cuatro principios rectores: unidad, tierra, cultura y autonomía.
También se discutió la necesidad de plantear unas líneas de acción que permitieran orientar las bases organizativas. De estas discusiones surgió una plataforma de lucha compuesta por siete puntos:
● Recuperar las tierras de los resguardos.
● Ampliar los resguardos.
● Fortalecer los cabildos indígenas.
● No pagar terraje.
● Hacer conocer las leyes sobre indígenas y exigir su justa aplicación.
● Defender la historia, la lengua y las costumbres indígenas.
● Formar profesores indígenas.
En congresos posteriores se incorporaron otros tres puntos:
● Fortalecer las empresas económicas y comunitarias.
● Defender los recursos naturales y ambientales de los territorios indígenas.
● Fortalecer la familia.
Estos diez puntos constituyen el soporte político de nuestro proceso organizativo. Asimismo, los líderes y mayores pensaron que para lograr el desarrollo de todos estos puntos se debía contar con instancias operativas adecuadas. Fue así como se plantearon tres grandes proyectos: el Proyecto Político, el Proyecto Socio-cultural y el Proyecto Económico.
El desarrollo de cada proyecto fue dándose en la medida que las grandes luchas de unidad se consolidaban en el Cauca. De esta manera se logró que el Estado colombiano respondiera a las justas exigencias que los pueblos indígenas organizados en el CRIC le planteaban. Derechos que nos asisten por ser legítimos dueños ancestrales del territorio, amparados además por la Constitución Nacional de Colombia de 1991, que reconoce la diversidad étnica y cultural del territorio, y legitimados por diversos tratados internacionales.
La experiencia vivida por nuestros mayores ha sido el camino que condujo a los líderes, hombres y mujeres a pensar y comprender que la invasión de nuestros territorios, la imposición de hábitos y tradiciones foráneas, de lenguas ajenas a nuestros pueblos, el sometimiento y explotación de nuestra gente y nuestra tierra para su aprovechamiento económico, fueron y siguen siendo una forma de anulación y exterminio cultural.
No debemos olvidar que este recorrido de más de medio siglo de lucha es apenas la etapa más reciente de un proceso de resistencia mucho más amplio iniciado en 1492, con la llegada de los conquistadores europeos a nuestras tierras.





