Los pueblos, comunidades, organizaciones y autoridades ancestrales que nos encontramos en esta cumbre indígena y movilización social por la vida, nos pronunciamos ante la sociedad colombiana y el mundo en un momento crítico de nuestra historia. Nos reunimos en el territorio de Kwet Kina, Sa’t Tama Kiwe, a dialogar y construir procesos de dignidad para el presente y el futuro. Antes de que existiera Colombia, que existieran los estados y las fronteras que imponen para administrarnos, existimos en este continente los pueblos milenarios. Nosotros somos continuación de estos pueblos, su memoria viva que camina y resiste. Hace 534 años comenzó un proceso de invasión, destrucción y colonialismo con el cual pretendieron llevar a cabo un proyecto de reducción, integracionismo y exterminio físico y cultural. A pesar de los siglos de políticas de exclusión y de violencia no nos han podido desenraizar de nuestros territorios, de nuestras culturas y de nuestras formas de organización.
Sin embargo, nos encontramos en un momento en que una fuerza política en contra de la vida que está en el poder pretende una vez más poner en funcionamiento un plan de cooptación y división para debilitar las luchas por la vida y el territorio, y así cumplir más fácilmente su propósito mayor: destruir la democracia e imponer una forma de poder donde solo vale la ley del más cruel.
Ante estos nuevos intentos de dominación y explotación, nos hemos convocado a organizarnos alrededor de la defensa de la diversidad, pues la riqueza de la humanidad y las posibilidades de su existencia están en la pervivencia de todas las culturas y en el fortalecimiento de las relaciones armoniosas con la naturaleza, en una espiritualidad enraizada en el territorio y en la posibilidad de construir sociedades en equilibrio y armonía. Por eso reivindicamos el derecho de toda la humanidad al territorio, a un agua viva y libre, a un ambiente sano y a la protección de todos los seres que lo habitan. Reclamamos el derecho a la autodeterminación y el reconocimiento de nuestras autoridades y nuestras diversas formas de organización en todas las instancias locales, nacionales e internacionales.
Sabemos que en estas reivindicaciones nos encontramos con otros procesos, sectores sociales y organizaciones de Colombia y el mundo.
En ese sentido, reconocemos los aportes y luchas de los diferentes sectores que han contribuido a la resistencia. Nuestra presencia organizativa es el resultado de muchas participaciones y apoyos que se tejen en conjunto. Desde los aportes que han brindado los compañeros campesinos con la lucha por la de tierra, de los afros que sufrieron al igual que nosotros el colonialismo y la esclavitud, de los académicos que contribuyeron con sus análisis de las problemáticas que afectan a las poblaciones, de las grandes movilizaciones estudiantiles y sus reiteradas iniciativas de transformar la sociedad, de las organizaciones de mujeres, de las reivindicaciones de las diversidades sexuales, de las luchas barriales por una vivienda digna, los sindicatos que defienden el derecho al trabajo, de todos y todas las naturalistas, animalistas, defensores del medio ambiente, quienes han luchado por proteger los páramos, mantener el agua viva en nuestros ríos y que hoy son sujetos de derecho. Todo este enorme tejido de resistencias ha contribuido a mantener la esperanza de vida y dignidad en el territorio y construyen consciencia para el futuro.
Frente a las políticas que comienzan a implementarse y que ponen en riesgo la vida en todas sus dimensiones, nuestra posición es no aceptar ningún retroceso en las conquistas colectivas y sociales. Los territorios indígenas los gobernamos los pueblos indígenas, tal como lo reconoce la Constitución Política, el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de Naciones Unidas de los derechos de los Pueblos Indígenas; no permitimos el desconocimiento de nuestra autonomía. El territorio no se vende bajo ninguna circunstancia. La consulta previa es intocable e inmodificable. Nuestra identidad cultural no es un producto comercializable. Las culturas, los usos y conocimientos de los pueblos no son sinónimo de atraso. Los territorios de resguardo, las reservas campesinas, los consejos comunitarios no son botín de nadie. No permitimos que se vulneren, se manipulen y se destruyan nuestras formas de organización propia. No aceptamos los intentos de cooptación, control o regulación de la guardia indígena; la guardia solo obedece a la comunidad y a sus autoridades. Si el gobierno nacional quiere conversar con nuestros pueblos deberá acoger estos puntos de partida.
Nuestro propósito es movilizarnos para fortalecer los gobiernos propios, el cuidado de la vida y la defensa del territorio. Reiteramos el llamado por la desmilitarización de todos los bandos y un mecanismo de solución negociada al conflicto armado con participación y reconocimiento de sus causas estructurales. Reivindicamos los planes de vida como el camino para pervivir física y culturalmente en el tiempo y en el espacio. Nos movilizamos para contribuir a un modelo de país donde quepamos todas y todos, donde haya equilibrio y armonía con la naturaleza.
Desde esta cumbre, con la participación de las semillas, las mujeres, las autoridades, las guardias, los jóvenes, los mayores, sabedores ancestrales, tejedoras, todos y todas, llamamos a los hermanos indígenas del país, a las organizaciones de todos los sectores sociales y populares a organizarnos y construir agenda propia. A preparar un gran encuentro con todos los procesos que resisten en el país y el mundo. Estamos listos a dar los pasos necesarios.
Señor Abelardo de la Espriella, lo convocamos al uso del diálogo y no de la fuerza, a un diálogo con criterios y no con estigmatizaciones. Para esto también estamos listos.
Kwet Kina, territorio ancestral Sa’t Tama Kiwe, Cauca.
14 de octubre de 2026







