Denuncia pública a la comunidad nacional e internacional

LA ASOCIACIÓN DE AUTORIDADES DEL CONSEJO TERRITORIAL DE PUEBLOS INDÍGENAS JUAN TAMA – INZÁ, con sus 8 autoridades nos pronunciamos sobre los últimos hechos que agudizan el exterminio Físico, Cultural y de Gobernabilidad de nuestros Pueblos originarios en la Zona Tierradentro.

DENUNCIAMOS y RECHAZAMOS el asesinato de la Autoridad y Kiwe Pu’yaksa (Guardia) DAIRO YOBANI AQUITE OINO del Resguardo Indígena de Santa Rosa de Capicisco, el día 04 de marzo de 2024 en la vía que conduce de Mosoco Páez a San Andrés de Pisimbala en el punto denominado el cruce del Cuartel jurisdicción del Resguardo Indígena de Vitoncó, por parte de un grupo armado, materia de investigación.

La Autoridad asesinada venia reportando amenazas en contra suya y de su familia por parte de grupos armados que operan en la zona.

Desde las comunidades y Autoridades indigenas, hemos venido alertando públicamente y ante las instituciones del Estado colombiano el sistemático accionar criminal de grupos armados que pretenden arrasar con nuestra existencia física, nuestro territorio y el gobierno ancestral. El Estado conoce de los homicidios de guardias indígenas, autoridades ancestrales, sabedores espirituales y comuneros; de los atentados contra sitios sagrados y liderazgos representativos para nuestro proceso; de los desplazamientos y desapariciones forzadas, del reclutamiento masivo de nuestras semillas para el conflicto armado.

DENUNCIAMOS y RECHAZAMOS la omisión del Estado sobre los múltiples llamados para atender de manera pertinente la crisis humanitaria que se viene agudizando en la Zona Tierradentro Cauca, los hechos de violencia ocurridos el día de hoy, demuestra el desinterés del gobierno por cumplir el postulado del artículo 7 de la constitución de 1991.

Hacemos un llamado urgente a las entidades del ministerio público: a los organismos defensores de derechos humanos nacionales e internacionales (MAPP-OEA, ONU, CIDH) para realizar acciones que obliguen al Gobierno Nacional, Departamental y Local a asumir su responsabilidad constitucional para la salvaguardar la integridad de los pueblos indígenas, generando acciones inmediatas frente a cualquier riesgo y que coadyuven en coordinación con la jurisdicción especial indígena a generar políticas de protección, medidas y procedimientos efectivos, para la prevención y atención ante los hechos que se presentan en los territorios ancestrales de la Zona Tierradentro.

Responsabilizamos a todos los grupos armados que están dentro de nuestros territorios de los hechos que afecten a la vida de nuestras autoridades y comunidades.

Las comunidades indigenas somos DEFENSORES de la vida, de los derechos individuales/colectivos y la armonía territorial, por ello, rechazamos categóricamente estos actos violatorios de la vida y autonomía territorial de nuestras Comunidades.

ASOCIACIÓN DE AUTORIDADES DEL CONSEJO TERRITORIAL DE PUEBLOS INDÍGENAS JUAN TAMA. INZÁ CAUCA 04 DE MARZO DE 2024.

Lucha y resistencia 29 años después de la tragedia

29 años después de aquel fatídico día en el que un terremoto sacudió la madre tierra de la majestuosa Cordillera Central de los Andes en Cauca, es nuestro deber recordar y reflexionar sobre las consecuencias que este desastre natural dejó en las comunidades indígenas y campesinas de la región. El 6 de junio de 1994, la tierra tembló con una fuerza de 6,4 grados en la escala de Richter, desencadenando una avalancha en la cuenca del río Páez, en el departamento de Cauca y parte del Huila. En un abrir y cerrar de ojos, aproximadamente 1.100 personas perdieron la vida y otras 500 desaparecieron, dejando un doloroso vacío en el corazón de estas tierras.

Las consecuencias de aquel desastre natural aún se sienten en la región de Tierradentro, donde se encuentran los municipios de Inzá y Páez, habitados por comunidades campesinas, afrocolombianas e indígenas del pueblo Nasa. Aquel 6 de junio marcó un antes y un después en la historia de estas comunidades, que fueron testigos de la magnitud de la tragedia. El epicentro se ubicó en las faldas del volcán Nevado del Huila, cerca del lugar conocido como Dublín, en la parte alta del río Páez. Las comunidades ubicadas en las montañas también sufrieron daños irreparables debido al terremoto.

El impacto ambiental fue igualmente devastador. Unas 40.000 hectáreas de tierras, ricas en biodiversidad y fauna, fueron arrasadas por deslizamientos y arrastradas por las furiosas aguas de los ríos y quebradas. En tan solo 30 minutos, la región se convirtió en un inmenso camposanto, una muestra desgarradora de la fuerza de la naturaleza.

Han pasado casi tres décadas desde aquel suceso, pero las cicatrices aún están presentes en las comunidades de Tierradentro. A pesar de los esfuerzos realizados por el Gobierno y las instituciones para reconstruir y reubicar a los afectados, aún queda mucho por hacer. Las avalanchas posteriores han dejado secuelas en las diferentes etapas de recuperación de estas comunidades, recordándonos que el oriente del Cauca clama por una recuperación más eficaz y eficiente.

Las comunidades de esta región se caracterizan por su diversidad étnica, con diferentes actores sociales, visiones del mundo, problemas, necesidades, intereses y conflictos. La respuesta institucional para apoyar la recuperación y conservar la identidad cultural ha sido compleja. A pesar de los avances, se requieren más y mejores planes para responder de manera efectiva y rápida ante este tipo de eventos.

Hoy rendimos homenaje a aquellos que perdieron la vida en aquella tragedia. Sus recuerdos nos impulsan a seguir trabajando por el progreso de nuestra región. Este terremoto se ha convertido en el segundo más mortífero en la historia de Colombia, solo superado por el ocurrido en el Eje Cafetero en 1999.

Sin embargo, es importante destacar que, a lo largo de estos años, las comunidades de esta región han demostrado una notable capacidad de resiliencia y aprendizaje en materia de gestión del riesgo. La reactivación del complejo volcánico nevado del Huila en 2007 y la avalancha de 2008, de mayor magnitud que la de 1994, evidenciaron la importancia de las Mingas y trabajo comunitario e institucional para actuar de manera rápida y efectiva.

Para muchas familias que tuvieron que reconstruir sus vidas en nuevos territorios, aquel terremoto y avalancha representaron un punto de quiebre en su historia. El éxodo forzado los llevó a establecer contacto directo con otros grupos, convirtiendo el intercambio en una estrategia vital para fortalecer y adaptar su identidad al nuevo contexto.

La supervivencia y la búsqueda de sentido en una geografía distinta se convirtieron en prioridades urgentes para aquellos que reconstruyeron sus hogares en lugares distintos. Los métodos para lograrlo fueron diversos y estuvieron marcados por la adaptación y la negociación cultural. Con el tiempo, el espacio fue apropiado y transformado, dando lugar a la construcción de una nueva memoria colectiva.

Hoy, a casi tres décadas de aquel desastre, recordamos a esos seres queridos que perdieron la vida y honramos su memoria. Su legado sigue siendo una fuente de inspiración para seguir construyendo un futuro mejor. “Hemos aprendido de los errores del pasado y nos hemos convertido en un ejemplo de gestión del riesgo para otras comunidades”.

Aunque el camino hacia la recuperación total aún es largo, se debe seguir trabajando en conjunto, fortaleciendo las potencialidades y solucionando las carencias y necesidades que persisten en nuestras comunidades. La historia nos ha enseñado que la resiliencia y la solidaridad son fundamentales para superar las adversidades y construir un futuro próspero.

En conclusión, el terremoto y avalancha del 6 de junio de 1994 dejaron una profunda huella en las comunidades indígenas y campesinas del territorio de Tierradentro – Cauca y Huila. Hoy recordamos a aquellos que perdieron la vida y trabajamos juntos para construir un futuro mejor, aprendiendo de nuestras experiencias pasadas y fortaleciendo nuestra identidad cultural.