La Minga del Arte Indígena Culturas en Comunicación, es resistencia que se ha transmitido de generación

La Minga del Arte Indígena Culturas en Comunicación, es la unión y resistencia que se ha transmitido de generación en generación entre las comunidades indígenas del Cauca. En este contexto, cada canto, cada danza y cada nota musical tienen un propósito que va más allá de la diversión. Son expresiones de un profundo arraigo a la tierra, a las tradiciones y a la cosmovisión indígena que ve el mundo como un tejido interconectado donde cada ser tiene su lugar.

Durante la Minga del Arte, las comunidades se reúnen para reafirmar su compromiso con la defensa de los territorios. Donde la tierra es considerada sagrada, cada danza representa una historia, una lucha, un anhelo de libertad y respeto. Las vestimentas tradicionales, elaboradas con hilos de colores vibrantes, son portadoras de simbolismo, cada diseño cuenta una historia ancestral que habla de la relación entre el ser humano y la naturaleza.

La música también juega un papel crucial en la Minga. Los instrumentos tradicionales, como flautas, tambores y maracas, se utilizan para crear melodías que resuenan con el latido del corazón de la tierra. Estas canciones no solo evocan emociones profundas, sino que también son una forma de comunicación con los ancestros y con el entorno natural. Al cantar y bailar juntos, las comunidades renuevan su conexión espiritual con su hogar y fortalecen los lazos entre sus miembros.

Así mismo, cómo la diversidad y la riqueza cultural de los Pueblos Indígenas de Colombia se manifiestan en Popayán. Este evento no solo celebra la pervivencia y la resistencia de los territorios indígenas, sino que también subraya la importancia de la esencia espiritual y cosmogónica que nos identifica como pueblos indígenas milenarios de América Latina.

Además, la Minga tiene un carácter reivindicativo. En tiempos en los que las tierras ancestrales están amenazadas por proyectos extractivistas o políticas que no respetan los derechos de los pueblos indígenas, este evento se convierte en un acto de resistencia. Es una oportunidad para alzar la voz y recordar al mundo que las comunidades tienen el derecho a vivir en armonía con su entorno, preservando las tradiciones y protegiendo sus territorios ancestrales.

La llegada a la Ciudad Blanca de Popayán, para llenarla de color y romper el silencio, llenándola de melodías de flauta y tambor, con letras que nos invitan a luchar y a liberarnos, a no seguir siendo terrajeros del plan de muerte que quiere acabar con la alegría de ser indígenas y para gritar con fuerza que estamos aquí y que como pueblos seguiremos caminando la lucha en nombre de los que ya no están y en nombre de los que vienen.

En conclusión, la Minga Minga del arte Indígena Culturas en Comunicación, representa el corazón de las comunidades indígenas. Es una ceremonia llena de vida y respeto por la madre tierra, a mantener viva la herencia cultural y asegurar que las voces de los pueblos indígenas sigan resonando ante el mundo. La Minga nos recuerda que todos somos parte de este gran tejido humano para salvaguardar a los 11 pueblos indígenas que pertenecen a la organización del CRIC.

Por: Programa de Comunicaciones-CRIC

Las voces de una tragedia 

“De solo Rio Chiquito con nombre y apellido tengo 22 niños secuestrados”

Desde las profundidades de Tierradentro, en el corazón ancestral del pueblo Nasa, en una gran movilización, comunidades indígenas provenientes de los resguardos de Cohetando, Juntas y La Laguna, se dirigieron hacia Guadualejo a reunirse en asamblea en un esfuerzo conjunto por defender sus vidas y su autonomía.

Esta marcha no fue solo un gesto de unidad, sino un grito de resistencia ante la creciente amenaza de grupos armados ilegales que han sembrado el terror en estas tierras.

Monseñor, Óscar Augusto Múnera Ochoa, quien acompañó la gran asamblea en Guadualejo, alertó sobre el incremento de asesinatos selectivos, el reclutamiento forzoso de menores y la desaparición de jóvenes indígenas.

“Hay un comunero de san Andrés perdido, se llama Jairo Quinto Pencue, si alguno sabe de él, los hermanos están desesperados, y si alguno, cerca de su casa ve que hay una especie de hueco o de entierro, avisen para ir a sacarlo para que la familia haga luto. Vengo de ayudar a ver si liberan otro secuestrado, de solo Rio Chiquito con nombre y apellido tengo 22 niños secuestrados sin contar lo de Páez, de Avirama ocho. Han regresado más de 14 niños en ataúd (…)”

Según monseñor, no menos de cinco grupos armados ilegales están operando en la zona, desestabilizando la armonía ancestral que ha caracterizado a estas comunidades por siglos.

“Acabo de enterrar la semana pasada cuatro de una masacre, y no salió en ninguna parte, ¡cuatro! ahí en Rio chiquito. Tenemos cinco grupos armados que no los teníamos, La Bermúdez 57 que entró, los elenos, la de los ramos, la Ruíz, la Rendón, y eso nos trae muerte, y el combustible de esa guerra es el narcotráfico y la minería ilegal (…)”

La presencia de estos grupos no solo pone en riesgo la vida de los indígenas, sino que también amenaza la autonomía de sus territorios, pilares fundamentales de su identidad y cultura.

Las comunidades indígenas de Tierra dentro han demostrado una vez más su capacidad organizativa y su determinación en la defensa de sus territorios sagrados. Sin embargo, la situación es crítica y requiere de decisiones urgentes por parte de las autoridades indígenas y sus comunidades.

La movilización no solo buscó justicia y paz, sino también el reconocimiento pleno de los derechos de los pueblos indígenas que luchan por preservar su legado y su futuro en medio de la adversidad.

Por: Programa de Comunicaciones CRIC.