CRIC: 52 años cosechando las semillas sembradas

Con telones de colores rojo y verde un puñado de niños hacen la representación de los cuatro principios del Consejo Regional Indígena del Cauca como acto simbólico para iniciar la conmemoración de los 52 años de existencia de la primera organización indígena constituida en este país y que diera paso al nacimiento de otros procesos en el orden regional e internacional. Son pequeños estudiantes de la institución educativa de Tóez, municipio de Caloto, que en una hermosa coreografía preparada por el personal docente recuerdan que esta organización se rige por el mandato de las comunidades en la unidad, tierra, cultura y autonomía. Ese grupo que solo hasta ahora está conociendo como se forjaron las primeras luchas de sus antepasados con alegría elaboran en medio de la música de flautas y tambores una serie de figuras que despiertan la atención de propios y visitantes y van más allá cuando cada uno presenta los avances que se han logrado en este recorrido por el camino organizativo.

Así se inicia en el resguardo de Tóez, municipio de Caloto, el acto conmemorativo de los 52 años del Consejo Regional Indígena del Cauca en un territorio habitado por indígenas del Pueblo Nasa, que desplazados por la furia de la naturaleza en la zona de Tierradentro en 1994 llegaron a asentarse a esta región y mantener vivo su trasegar comunitario sin olvidar su lengua, cultura, costumbres y especialmente recordando que son los hijos del Cacique Juan Tama, líder orientador de los pueblos ancestrales de este grupo étnico.

Entre tanto en la tarima principal un comunero del pueblo Ambaló, desde las primeras horas de la mañana no se cansa de recordar como es que esta organización que iniciaron un puñado de comuneros de diez resguardos hoy agrupa a 139 autoridades de once pueblos dispersos en todo el departamento del Cauca que mantiene la unidad pese a las diferencias por sus idiomas, su origen, su espacio geográfico o hasta por su modo de ver el mundo que muchos le llaman la cosmovisión.

Estas delegaciones que fácilmente pueden reunir unas cuatro mil personas por tratarse de una junta directiva ampliada no llegaron con las manos vacías. Además del camping y los utensilios propios de cada comunero también vinieron cargados con los implementos de cocina y los alimentos que serán preparados durante los tres días del evento sin descuidar las bebidas tradicionales utilizadas para la medicina tradicional y para alegrar una fecha especial como la que se celebra. También llegaron con propuestas para las discusiones mientras que varios grupos trajeron consigo una muestra de sus artesanías elaboradas en lana, hilos, madera o guadua; hay quienes llegaron con alimentos procesados como jugos, yogures, pasteles a base de maíz, medicinas elaboradas con la orientación de los sabedores espirituales y bebidas tradicionales que se van posicionando en los mercados indígenas, en algunos sitios comerciales de los centros poblados y hasta en grandes superficies.

Con este panorama, aquí, en la zona plana del norte del Cauca desde donde se pueden observar las estribaciones de la cordillera central donde se asientan buena parte de las comunidades indígenas, la Consejería Mayor del CRIC instala formalmente la programación para conmemorar un nuevo aniversario de existencia de esta organización que si bien es cierto ha logrado muchas conquistas ha tenido que aportar con sangre para su fortalecimiento y mantener viva la lucha por la pervivencia de los pueblos originarios. Vendrá el análisis de los avances de los mandatos aprobados por las comunidades, el posicionamiento del movimiento indígena así como las acciones que deberán adelantarse en este caminar por la unidad, la tierra, la cultura y la autonomía.

Por: Programa de Comunicaciones-CRIC.

Nuestro arte viene del alma y del corazón

Durante estos tres días de la Minga del Arte Indígena nos estuvo acompañando parte de los compañeros del Cabildo Mayor Inga de Santiago, del Valle del Sibundoy, y tuvimos la oportunidad de conversar con la autoridad Franklin Arley Narváez Carlosama quien nos cuenta que “a través de nuestros usos, de nuestros rituales, de nuestra medicina tradicional hemos buscado esa expresión del arte para hacer sentir y para curar el alma, la vida y el corazón”.

De esta manera, se puede observar como la música ancestral que ha sido transmitida de generación en generación lleva consigo una gran fuerza espiritual que continua trasmitiendo vida y armonía, aspectos que han sido inculcados por los mayores de cada uno de nuestros pueblos, pues como lo manifiesta el compañero Franklin “La música es el alma de la vida, es el sonido del silencio y además de eso la música también cambia la vida de los niños, jóvenes y mayores, pues al escuchar melodías que vienen desde el corazón y cuando pueden reconocer el arte desde sus ojos se puede continuar perviviendo como pueblos originarios”.

Por último el compañero nos invita a que sigamos haciendo arte desde lo más profundo de nuestro corazón para continuar resistiendo muchas años más como pueblos milenarios pues como en sus propias palabras lo expresa “Invitarlos a que apreciemos el arte, a que escuchemos música del alma y del corazón y que tengamos un buen vivir en este bonito territorio ancestral”.