Tejido de Mujer: Mensaje de solidaridad con familiares de Vanesa Usnas Ulcue y Zory Briyith Polanco Sánchez

El Tejido Mujer se solidariza con las familias de Vanesa Unas Ulcué Zory Briyith Polanco Sánchez, quienes fueron encontradas sin vida el día de hoy en la vereda San Judas del municipio de Corinto. Las dos menores de edad llevaban desaparecidas desde el pasado lunes 22 de enero, lo cual alarmó a la comunidad, quienes de manera inmediata comenzaron labores de búsqueda.

Como parte de la comunidad del departamento del Cauca, como mujeres indígenas y como promotoras y defensoras de los derechos humanos de las mujeres, rechazamos los hechos que acabaron con la vida de estas dos niñas, quienes fueron encontradas con señales de violencia sexual. Así mismo, exigimos a las autoridades competentes, asumir este caso con compromiso e integralidad, evitando que sus nombres pasen a ser una cifra más en este doloroso conteo de violencias contra las mujeres. No queremos que sus muertes hagan parte del cúmulo de impunidades que caracterizan a la justicia colombiana en los casos de feminicidio.

Esta situación es un eslabón más en la dolorosa y alarmante cadena de violencias contra las mujeres presente en nuestro territorio, siendo el feminicidio la expresión máxima de los crímenes de odio que se comenten a razón de nuestra existencia como mujeres, producto de una sociedad que nos discrimina, cosifica y asesina cuando nuestra “feminidad” no corresponde con el mandato de los imaginarios machistas.

Desde nuestra cosmovisión como mujeres indígenas, las violencias contra las mujeres son un ataque al equilibrio de la Madre Naturaleza. En este sentido los hechos son también un llamado a nuestra comunidad y autoridades, para que reflexionemos frente a la importancia de comprometernos con la generación de ambientes más justos, libres y sanos para las mujeres.

Nuestro compromiso con los derechos humanos nos lleva a visibilizar, denunciar y actuar frente a esta situación que desencadena grandes desarmonías en nuestras familias. Por esta razón, nos sumamos a las voces de rechazo que hoy denuncian el feminicidio de estas dos menores, y reafirmamos nuestra incesante lucha por la construcción de un territorio donde las mujeres podamos habitar sin miedo alguno.

Fuente: https://nasaacin.org

Tacueyó : “A estos niños sin experiencia nos toca echar tierra encima”

NO OLVIDAMOS y recordamos los hechos ocurridos el pasado 26 de marzo en la vereda de Gargantillas del Resguardo de Tacueyó, Municipio de Toribio, donde la policía nacional, con apoyo aéreo del “Comando jungla antinarcóticos”, bombardeó un campamento del Sexto Frente de las FARC, “integrado por fuerzas especiales, (y) donde la fuerza pública abatió a quince terroristas” según los comentarios del presidente Juan Manuel Santos.

NO OLVIDAMOS que dichas “fuerzas especiales” eran, en su mayoría, niños y jóvenes recién involucrados, según los testimonios de la comunidad, en un campamento que llevaba alrededor de 20 días.

 

NO OLVIDAMOS y seguimos denunciando que, como lo manifestó la comunidad, dos comuneros – Edgar Fabián Silva Ipia y Manuel Ipia de la vereda El Triunfo de Tacueyó – fueron desaparecidos durante la operación militar, cuando se iban a buscar un familiar herido, en un ejercicio humanitario. El día 29 de marzo en las instalaciones de medicina legal de la ciudad de Cali, los dos comuneros mencionados aparecieron muertos, contados entre los quince presuntos terroristas abatidos en la operación militar.

Este horror no es fatalidad. No es azar. Es el fruto venenoso de una situación estructural de años atrás. Es la guerra del Capital a los pueblos indígenas para el control de su territorio, para robarse los recursos naturales que rebosan en la Tierra pisada por los humildes. El agua, la tierra, las minas,  la vida misma es fuente de ganancias.  El Capital tiene armas cuando los pobres se exponen como carne de cañón, y en este negocio grande que es la guerra sólo ellos caen. En cifras eso se traduce en 12.213 millones de dólares.  El presupuesto de la guerra en Colombia. Cuando el presupuesto de la educación es de 11.663 millones de dólares. En el Reguardo de Tacueyó, los comuneros aguantaron siete hostigamientos entre los grupos armados desde el principio de 2011, es decir en sólo 3 meses.

Pero la lluvia de bala no hace crecer los cultivos, y en esta zona, los comuneros viven en la pobreza. La educación, la salud, la ropa y la comida  no son regaladas. Económicamente, el precio es difícil de asumir por las familias. En la vereda del  Triunfo, la madre de Diego, un niño de 15 años asesinado en el bombardeo, tenía que ir a trabajar hasta El Naya para dar de comer a sus hijos y permitirles estudiar.  A veces, son los mismos niños los que tienen que trabajar para poder seguir estudiando.

Y el precio social es aun más grande. Mientras la mamá está sudando para criar a sus hijos, Diego y sus hermanitos están solos. En su escuela, el Colegio Quitin Lame, no se puede atender a los niños como se quisiera: falta de recursos, grupos de 30 a 40 alumnos, de los 45 profesores sólo 10 son de planta y los demás son contratados con meses de retraso. Estos niños son presas fáciles: la guerrilla les ofrece celulares, motos, o simplemente los invita a comer un sancocho y al día siguiente ya tienen un camuflado y una AK-47 en las manos, en lugar del bolígrafo.  El Viernes, Diego estaba en la escuela, el Domingo en la morgue. “A estos niños sin experiencia nos toca echar tierra encima”  dijo el presidente de la vereda del Triunfo.

El gobierno dice proteger a la gente de la guerrilla. Vino con sus aviones, bombardearon, mataron a ‘guerrilleros’, mataron a niños, a jóvenes. ¿Y AHORA QUÉ?

La comunidad queda con sus muertos. El gobierno no se hace responsable de las consecuencias que traen sus actos. ¿Cuántos padres deprimidos por haber perdido a sus hijos? Los hermanos y hermanas, los compañeros de clase, se quedan vacíos. El dolor y el temor tapan estas ausencias. De la misma forma acabaron con este padre que se suicidó cuando supo la muerte de su hijo. Son estos hostigamientos a repetición que llevaron a este civil, uno de los dos asesinados, a salir a buscar de su hermano en el campamento bombardeado. Porque ya tenía el dolor de la muerte de su hermana, quien fue víctima de combates entre grupos armados en Mayo 2010, y uno más era insoportable… 

A parte de la salud moral, los efectos de estas acciones de guerra son múltiples.  Los bombardeos y los disparos dejan peligrosos fragmentos activos en el suelo. También contaminan los subsuelos, las aguas y los cultivos de la comunidad. La sangre y los restos de carne humana, esparcidos por los perros, traen bacterias en los alrededores. La salud de la gente está en serio peligro en la zona.

En estos días las familias proceden a los entierros de sus familiares. Todavía no han recibido asistencia por parte del gobierno, aún no saben quién es responsable del asesinato de estos dos comuneros. Como pueblos indígenas, tenemos derecho a la Justicia, tenemos derecho a condiciones de vida dignas para poder dar a nuestros hijos la atención y el cariño necesarios  hacia su bienestar, y así protegerlos del reclutamiento, de la violencia, de la muerte.

Para no ser víctimas, sino actores de su vida y de su territorio, los pueblos indígenas, a través de sus autoridades empiezan a organizar la asistencia psicológica de la comunidad. Porque no queremos piedad sino respeto, llamamos a la solidaridad, unidad y defensa integral del Cxhab Wala Kiwe – Territorio del Gran Pueblo con asambleas de acompañamiento y defensa territorial que se realizarán los días 7 y 8 de abril en el resguardo indígena de Tacueyó.

NO MÁS reclutamiento, utilización e involucramiento de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado, infracción del derecho internacional humanitario, irrespeto a los territorios y estigmatización a las comunidades indígenas, utilización de armas no convencionales e implementación de políticas lesivas para los pueblos indígenas.

Tejido de Comunicación de la ACIN

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