Sin lugar a dudas, el paro cafetero que estamos viviendo en estos momentos en el país, no es más que una protesta social pacífica, justa y que se veía venir. Es un derecho que el Estado debe proteger en nombre de la garantía de la libertad de expresión frente a la difícil situación de miseria por la cual atraviesan los caficultores indígenas y campesinos del país.
Los productores del café, en buen momento le muestran al país de la fuerza que puede tener un sector productivo, cuando ha sido despojado, engañado y deteriorado por las políticas implementadas de la Federación Nacional de Cafeteros y la falta de diálogo directo del gobierno nacional con los caficultores.







