Resguardo Indígena de Honduras, Zona Uh Wala Vxiç. En la vereda El Mesón se desarrolla el IV Encuentro Cultural y Lingüístico de Jóvenes CRIC, un espacio que reúne a jóvenes de los diferentes territorios del Consejo Regional Indígena del Cauca con el propósito de fortalecer los procesos organizativos, los semilleros artísticos y culturales, el liderazgo juvenil y la revitalización de las lenguas, los saberes y las prácticas culturales.

A partir del 9 hasta el 12 de julio de 2026, los procesos juveniles de los 11 pueblos indígenas que conforman el CRIC, compartirán experiencias a través de la música, la danza, el teatro, la pintura y otras expresiones culturales que reflejan la diversidad de los pueblos indígenas del Cauca. El encuentro se consolida como un escenario de intercambio de saberes, fortalecimiento de la identidad y reafirmación del compromiso de las nuevas generaciones con la defensa de la vida, el territorio y el proceso político -organizativo del Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC.
Para Marcela Pachú, Coordinadora del Programa de Jóvenes CRIC, este espacio hace parte de una de las principales estrategias que impulsa el programa para fortalecer las expresiones y vivencias artísticas como un camino para la pervivencia de los pueblos indígenas.
«Este encuentro nos permite encontrarnos para revitalizar, fortalecer y vivenciar esos talentos, esos dones, nuestros usos y costumbres. Desde aquí seguimos fortaleciendo los semilleros artísticos y culturales para que las y los jóvenes nos apropiemos de nuestra cultura, de nuestra lengua y de nuestra identidad como pueblos indígenas», señaló.

Así mismo enfatizó que, aunque aún existen retos para consolidar estos procesos en la totalidad de los 138 territorios que integran el CRIC, la mayoría de los semilleros artísticos hacen parte del proceso organizativo juvenil a nivel regional y representan una apuesta por la formación de nuevas generaciones comprometidas con sus comunidades.
En medio de las complejas realidades que atraviesan los territorios indígenas, el arte también se convierte en una herramienta de resistencia y transformación social. Desde la música, la danza, el tejido y las demás expresiones culturales, las juventudes construyen alternativas para fortalecer la armonía comunitaria y alejarse de escenarios que afectan la armonía y la vida de las comunidades.

«Como Procesos Juveniles siempre hemos dicho que preferimos que un joven empuñe un instrumento, cree un tejido o una danza a que esté inmerso en situaciones que afectan la armonía familiar, comunitaria y territorial. El arte ha sido una estrategia para fortalecer nuestra identidad, convocarnos, compartir experiencias y fortalecer la unidad entre los pueblos», afirmó Marcela Pachú.
Más allá de la muestra artística y cultural, el encuentro representa un espacio de sanación colectiva para muchas y muchos jóvenes que enfrentan las consecuencias del conflicto, las dificultades familiares y otras problemáticas presentes en los territorios.
“Cuando los jóvenes llegan a estos espacios para ensayar, compartir o encontrarse con sus compañeros, por un momento logran dejar atrás muchas de las situaciones difíciles que viven. El arte y la música también permiten sanar, transformar esos dolores en cantos y expresiones que fortalecen su identidad como indígenas y su compromiso con el Consejo Regional Indígena del Cauca” expresó la coordinadora del Programa Jóvenes.

Finalmente, Marcela Pachú hace una reflexión en torno a las comunidades y al país, resaltando el papel que desempeñan las juventudes indígenas en la construcción del presente y el futuro de los pueblos.
«Aquí estamos los jóvenes del Consejo Regional Indígena del Cauca. Estamos soñando, fortaleciendo y asumiendo la responsabilidad política, cultural y artística que nos dejaron nuestros mayores. Seguiremos caminando para que nuestras culturas, nuestras lenguas y nuestros territorios continúen vivos a través de las nuevas generaciones.»

El IV Encuentro Cultural y Lingüístico de Jóvenes CRIC consolida el arte, la cultura y la palabra como espacios que continúan siendo caminos fundamentales para fortalecer el tejido comunitario, la organización y la resistencia de las juventudes, quienes mantienen vivo el legado de los pueblos y proyectan, desde los territorios, un futuro basado en la autonomía, la identidad y la defensa de la vida.








El profe Wilmar en el taller explicó con claridad que “con el mismo video, pero con distinta música, se pueden contar tres historias distintas”: una relajada, otra más activa o incluso una con tono de tristeza, eso demuestra que el sonido le da intención y emoción a lo que vemos, una misma escena puede hacernos reír o llorar, dependiendo de la música o los efectos que la acompañen. “En los documentales decía el profe Wilmar el sonido puede cambiar completamente lo que la gente interpreta. Si el audio está mal grabado, la historia pierde fuerza, pero si está bien hecho, el público se conecta con lo que siente la persona entrevistada, incluso con los ojos cerrados”.
Toda producción audiovisual tiene tres momentos: preproducción, producción y postproducción, la enseñanza clave fue que el éxito del sonido nace en la preproducción, es decir, en la planeación. Allí se decide qué micrófonos usar, cómo será el ambiente de grabación, qué tipo de música se usará y qué emociones se buscan transmitir. “Una buena preproducción decía el profe garantiza el 70% del éxito del trabajo final”. Durante la producción se realiza la captura del sonido directo, y en la postproducción se pulen los detalles, se limpian ruidos y se mezclan efectos o músicas para dar forma final a la historia.
En la práctica, los participantes aprendieron sobre diferentes tipos de micrófonos, como el Boom (de pértiga), el Lavalier (de solapa) o los micrófonos de condensador, cada uno con su función, el micrófono Boom, por ejemplo, es el más usado en entrevistas y documentales, pues aísla la voz del ruido del ambiente y capta con claridad los sentimientos del hablante. También se insistió en la regla de proximidad: entre más cerca esté el micrófono de la voz (sin entrar en cuadro), más limpia y cálida será la grabación, “Proximidad es calidad”, repetía Wilmar, recordando que un micrófono lejano genera sonidos “huecos”, como si la voz viniera desde una cueva.
Otro gran desafío de grabar en campo, especialmente en las zonas rurales o montañosas, son los ruidos naturales: el viento, los rebotes del sonido (reverberación) o los ecos de las paredes, por eso se enseñó el uso del ‘perro’ o filtro peludo, una cubierta que protege el micrófono del viento, y del ‘Zeppelin’, que evita que la lluvia o las corrientes de aire dañen la toma, “El sonido no se puede arreglar cuando está saturado explicó el profe, si se graba mal, se pierde la escena, por eso hay que cuidarlo desde el principio”.
En la etapa final del proceso, se destacó la importancia de la claqueta, esa tablita que se ve al inicio de las tomas, su función es crear un pico de sonido y una marca visual que sincroniza el audio con el video en la edición, también se explicó el valor de grabar unos segundos de silencio ambiental al terminar cada escena. “Ese pedacito de silencio decía el profe le da al editor la posibilidad de unir escenas sin que el sonido se corte, es como el hilo invisible que mantiene viva la continuidad del documental”.
En el cierre del taller, los participantes reflexionaron sobre una frase poderosa:
Para los pueblos indígenas, donde la oralidad ha sido el medio de transmitir el conocimiento, el sonido es también un camino de resistencia y memoria, cada voz grabada, cada canto, cada eco del viento en la montaña forma parte del relato colectivo, aprender a escuchar y a grabar bien no solo mejora los documentales: fortalece la comunicación propia, el pensamiento y la identidad de los pueblos. El sonido no solo acompaña la imagen: le da alma, ritmo y sentido, en cada historia contada por nuestras comunidades, el buen uso del sonido es una forma de hacer visible lo invisible, de dar voz a lo que antes no se oía, y de mantener viva la palabra.