En el encuentro de evaluación de la Minga del Arte Indígena, realizado en la tulpa de la Cxab Wala Kiwe, en Santander de Quilichao, con la participación de los colectivos de la Red AMCIC, se realizó un balance sobre las dificultades y los avances obtenidos durante la Cuarta Minga del Arte. Asimismo, se recordó que la Minga del Arte surgió de la necesidad de los pueblos indígenas del Cauca de contar con un escenario propio para fortalecer las expresiones artísticas, la comunicación desde los territorios y el intercambio de saberes, donde la música, la danza, el tejido y la pintura ocuparan un lugar central dentro de la vida comunitaria y organizativa.
Desde 2018, cuando se realizó la primera Minga del Arte en Popayán, este proceso permitió que la sociedad payanesa conociera otra mirada de los pueblos indígenas. La ciudad se convirtió en un escenario para la música, la danza, los tejidos, la gastronomía propia y otras expresiones culturales que dieron a conocer la diversidad de los pueblos del Cauca. Este escenario fue más que un evento y se consolidó como un espacio donde las comunidades compartieron sus saberes, sus expresiones artísticas y su forma de entender y caminar el territorio.
También se recordó que, antes de llegar al encuentro principal, se desarrollan las premingas en los territorios, espacios donde se acompaña a los artistas para fortalecer sus habilidades y prepararse para el evento central. Estos escenarios permiten que las presentaciones artísticas, el diálogo entre los participantes y el intercambio de experiencias fortalezcan la creación colectiva y el vínculo con las comunidades.
Este proceso ha permitido que jóvenes, mayores, mujeres, niños y niñas encuentren un espacio para desarrollar sus talentos y compartirlos con otros pueblos. Al mismo tiempo, ha fortalecido las emisoras indígenas con contenidos propios y ha impulsado la creación de nuevas composiciones musicales que hablan del territorio, la memoria, la convivencia y la defensa de la vida.
La minga del Arte se ha consolidado como un escenario organizativo que fortalece la identidad cultural y promueve la participación de los artistas indígenas, puesto que cada encuentro demuestra que el arte también hace parte de la resistencia de los pueblos y contribuye a mantener vivas las prácticas culturales que han acompañado su historia.
Uno de los principales desafíos continúa siendo el fortalecimiento permanente de los procesos artísticos en los territorios. Si bien se han logrado importantes avances, las comunidades consideran necesario destinar mayores esfuerzos para apoyar la formación de músicos, danzantes, tejedores, pintores y demás artistas que sostienen este trabajo colectivo.
La experiencia también ha mostrado que el arte representa una oportunidad para los jóvenes que han encontrado en la música, la danza, el tejido y otras expresiones culturales un espacio para fortalecer su identidad, participar en la organización y aportar a la construcción de territorios donde prevalezcan la convivencia y el cuidado de la vida.
Finalmente es importante continuar fortaleciendo este proceso desde las comunidades, las autoridades indígenas y los diferentes espacios organizativos, entendiendo que la cultura no es un complemento, sino parte del camino que los pueblos indígenas han construido para defender su identidad, su palabra y su permanencia en el territorio.











