Por allá hacia los años sesenta se hizo famoso un jugador Brasilero conocido como “Garrincha”. Por la misma época, en Siberia – Cauca, un joven era su admirador; Jorge Velasco fue honrado con el mismo apodo de este famoso futbolista llegado a considerar en su época el mejor jugador de futbol del mundo.

Garrincha, aficionado al deporte y con un insuperable espíritu alegre y de entrega a su comunidad, encontró en la narración deportiva el medio para trasmitir y contagiar su entusiasmo y amor por el deporte.

Muchos recuerdan a Garrincha cuando dotado de un megáfono hechizo y fabricado con hojalata, salía de Siberia hasta la Panamericana a acompañar el paso de la vuelta a Colombia y narrar las proezas de Martin Emilio “Cochises”, Ramón Hoyos y otras leyendas del ciclismo Colombiano en su ascenso al alto del Río Ovejas y a su paso por Pescador.

También lo recuerdan narrando las competencias de ciclismo y atletismo de Siberia a Pescador o de Siberia a Caldono y que se hacían en épocas de fiestas patronales. Incursionó Garrincha también en la narración futbolística, animando los campeonatos de futbol que se realizaban en Siberia y en sus veredas.

Pero fue tal su capacidad comunicativa, que se convirtió en el animador de fiestas y celebraciones, en el trasmisor de mensajes de interés social, cultural  y comunitario. Todos en Siberia sabían que cuando “garrincha” caminaba por sus calles trasmitiendo de arriba abajo con un megáfono en la mano, algo importante pasaba y había que poner atención. Su voz cálida y contagiosa resonaba en las lomas de las veredas aledañas al pueblo y movía instantáneamente sentimientos de solidaridad, afecto, responsabilidad y compromiso comunitario.

Los músicos y artistas de estas tierras tenían en “garrincha” un amigo incondicional en sus presentaciones, las palabras de Jorge animaban y contagiaban el amor por las expresiones culturales. Pero además, mientras descansaba del micrófono, tocaba el tambor  o la charrasca, acompañando los grupos musicales de cuerda, las chirimías decembrinas y haciendo parte de la banda de vientos del pueblo.

“Garrincha” sabía que comunicar es ante todo la capacidad de mover la espiritualidad, de poner en movimiento la palabra y con ella hacer mover el mundo. No necesitó de medios, de tecnologías exageradas, dependientes y costosas para hacerlo, el amor por su tierra y su gente fue superior a todo ello. “Garrincha” nos enseñó a realizar los sueños de convivencia en medio de la diversidad y nos recordó todos los días que la memoria colectiva no es solo un cuento si no, un camino que todos tenemos que transitar y alargar un poquito con la dignidad de nuestras vidas.

El 13 de enero “Garrincha” regresó luminoso al seno de la madre tierra. Mañana se contará que en las tardes, y si se ponen atentos los oídos del alma, se escuchará el eco de su voz resonando por las cañadas de nuestra tierra y dibujará una sonrisa en el rostro de quienes puedan oírla. En las fiestas, recordaremos antes de salir a bailar aquella voz que nos alertaba a la rumba con un inolvidable “suéltelo maestro aguja”.

Autor: Martin Vidal

Red AMCIC –Comunicaciones CRIC

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