Las palabras de la Conserjería mayor CRIC, se revela con fuerza la tensión histórica entre la política estatal de restitución de tierras y la resistencia territorial de los Pueblos Indígenas del Cauca, más que un pronunciamiento político, las palabras son un grito de alerta frente a una realidad que los informes oficiales rara vez narran con crudeza: la continuidad del despojo, ahora camuflada bajo nuevos actores armados y nuevas estrategias de “dominación”.

El consejero no se detiene en el mencionar a los procedimientos institucionales, las palabras del consejero rescata un principio vital: la defensa del territorio no es solo una cuestión jurídica o administrativa, sino espiritual y colectiva, llama a el “código de la Madre Tierra” y la “Guardia Indígena” como expresiones de soberanía ancestral frente a un Estado que, aunque llama a la restitución, sigue ausente cuando se trata de proteger la vida de quienes están pendiente de los territorios.

La denuncia es política y profundamente simbólica: advierte sobre la permeación de grupos armados en los territorios, el reclutamiento de niños, jóvenes indígenas y la guerra silenciosa por el control territorial; nombra a los responsables de disidencias (Jaime Martínez, Dagoberto Ramos entre otras estructuras), narcotráfico, extrema derecha y recuerda con dolor los asesinatos de líderes espirituales y defensores como Cristina Bautista, Fredy Campo, Rogelio Chate o Carlos Andrés Ascué, cada nombre, una herida abierta en la memoria que perdurará en el tiempo y el espacio.

Las palabras de la Conserjería mayor evidencia que el conflicto en el Cauca no es solo un problema de orden público, sino de disputa por la legitimidad del poder en los territorios, mientras el Estado busca imponer una institucionalidad formal, las comunidades mantienen una legitimidad ancestral basada en la espiritualidad, la palabra y el control territorial, esa es la base del proyecto político indígena: pervivir resistiendo.

La Consejería mayor CRIC llama a no dejarse confundir ni por las ideologías de derecha ni por las falsas banderas de grupos armados, la propuesta es clara: ni “extrema derecha” ni “extrema izquierda”, sino la defensa de la vida y la paz desde la autonomía indígena. Es un mensaje que apuntala lo territorial y pone sobre la mesa un desafío nacional: ¿cómo construir paz sin desconocer los sistemas de gobierno propio que sostienen la vida en los territorios?

En tiempos donde la violencia se trasforma y las narrativas oficiales pintan la realidad, la voz de los pueblos vuelve a recordarnos algo esencial: no hay restitución posible sin justicia, ni justicia sin memoria, ni memoria sin vida.

Por: programa de Comunicaciones CRIC