“¡Mataron a mi hijo, mataron a mi niño!” grita doña Feliza, mientras Floresmiro, el coordinador de la guardia indigena del resguardo de Tacueyo la abraza, en sus rostros se refleja con tristeza el recuerdo de Miller, el gran líder de Proyecto Nasa.

Va llegando gente de todos los lados a la ciudad de Popayán, unos a la morgue y otros a la funeraria; acompañan a la familia, se abrazan unos a otros, luego se miran y en la tristeza de los ojos se alcanza a sostener la memoria de lucha que han dejado los que ya no están, por los que continuamos soñando y por los que lloramos siempre.

“Cayó un trueno en seco, va a morir un grande, alguien importante para la comunidad” la tierra ya nos estaba avisando, Miller ya se estaba despidiendo, los sueños y las señas ya nos lo estaban gritando. Un mayor ya le había advertido que había que cuidarse, porque los cobardes tenían miedo y las señas no eran buenas, porque todas marcaban sangre para el territorio.

Miller, siempre se paró duro, caminando la palabra y la acción desde la comunidad, rechazando a ese plan de muerte que parece no tener fin dentro de los territorios, siempre hablo con claridad frente a ellos y nunca se doblego ante los cobardes, por eso lo mataron, porque una persona como Miller, les produce mucho miedo.

“Con su carisma hizo que la gente viera en él un gran líder” Miller fue una persona que siempre lucho y que a pesar de las amenazas, siempre estuvo firme en el proceso buscando la unidad de los pueblos.

Llega la noche del martes 15, se prepara la caravana que acompañara el cuerpo de Miller, hasta el municipio de Santander de Quilichao, mientras en El Pital, sobre la vía panamericana, la comunidad bloquea el paso a la espera del Thuthenas.

La caravana es larga, la acompañan guardias indígenas de los distintos territorios, que con el dolor intacto, instalado en el pecho, alcanza a entonar con fuerza su himno.

“Pa` delante compañeros dispuestos a resistir, defender nuestros derechos así nos toque morir” parece más bien una sentencia de muerte para quienes defienden la vida, pero en realidad refleja solo el compromiso y la convicción de quienes se sueñan con un mundo diferente.

Es casi media noche, el cuerpo de Miller acaba de llegar a su casa. Dora Muñoz, su compañera de vida y su hijo Víctor Hugo, se abrazan. Víctor se hace el fuerte, para poder sostener a su madre. Quienes estamos presentes les abrazamos y lloramos con ellos porque también nos duele, quizá no de la misma forma, pero el dolor y la rabia también está en nuestros pechos.

El ataúd está rodeado de flores. Muchas personas hacen fila para ver por última vez a Miller, los músicos, al pie del ataúd, tocan sin parar, abriendo así, el camino hacia el otro espacio, en donde nos estaremos encontrando y desde donde ahora Miller, estará guiando a la comunidad.

“El mejor homenaje que podemos hacer por las personas que han ofrendado su vida, es seguir su palabra en la acción. No matemos a Miller nuevamente mantengámoslo vivo haciendo practico el discurso de la defensa del territorio y la vida” fueron las palabras de Dora Muñoz, antes de salir de su hogar, para posteriormente, acompañar a Miller, en un recorrido que lo llevaría hasta la vereda El Damián, en el resguardo de Tacueyo, lugar en donde él empezó su lucha y en donde volvería para ser semilla.

“¿Cuántas lagrimas Dorita, hemos derramado por otros? hoy nos tocó por Miller, pero eso no nos debe sacar de aquí, tenemos que estar más adentro” dice con convicción el Mayor Gilberto, mientras habla, los rostros se llenan de lágrimas, porque este dolor es nuestro y es precisamente en ese dolor en el que nos sostenemos.

La caravana que acompaña a Miller, en este último recorrido, es cada vez más grande. Ya en el parque principal del municipio y resguardo de Toribio, al igual que en el polideportivo del resguardo de Tacueyo,  la comunidad está impaciente, esperan a su líder, a aquella persona que los acompaño en los distintos momentos y procesos que tiene el movimiento indigena, lo esperan para despedirse, para verlo por última vez y hacerle la promesa de continuar su lucha.

Miller, era alguien grande para la comunidad, por eso lo lloran, por eso quieren verlo y acompañarlo. Basta con ver la multitud, basta con ver sus rostros y la templanza en ellos para saber que él, era su líder, una persona que forjo procesos defendiendo siempre la vida.

Miller avanza en medio de las montañas que rodean el territorio del plan de Vida proyecto Nasa;  finalmente llega a la vereda El Damián, allí, la comunidad que lo vio crecer como persona y como líder, lo reciben.

La flauta y tambor acompañan la noche, se brinda chirrincho, para que Miller, se convierta en trueno protector de la comunidad y de quienes lo conocimos. El frio del territorio llega a despedirlo, la Luna en medio de su dolor y timidez, también lo hace y nos acompaña, prometiéndonos fuerza para poder continuar en esta lucha.

Llega la mañana, el Sol aparece en medio de las montañas, anunciando que ya es hora, que Uma Kiwe ya está lista para recibir al Thuthenas. La marcha que se dirige hacia el cementerio, va encabezada por la chirimía, van despacio, queriendo tenerlo un tiempo más con nosotros. De camino se detienen en la casa donde Miller creció, para que él recoja los recuerdos que quiere llevarse, para que no se le quede nada de lo que más aprecia. Se continúa el camino y se le echa fresco a la tierra que lo recibe para ser sembrado.

La lluvia cae, lo despide de este espacio y lo recibe en el otro. Miller ya es semilla de este territorio, porque miles nacerán en esta lucha y vivirán por ella. Bakacxtepa Thuthenas Miller Correa, nos encontraremos en la próxima Minga.

Por, programa de Comunicaciones CRIC 

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