Ha partido Hernando Chindoy, coordinador de la Guardia Indígena de la zona Tandachiriduwasi… un guardia firme, comprometido, incansable, un hermano que caminó la minga sin cansarse que siempre estuvo ahí cuando se le necesitaba, cuando tocaba defender el Territorio y cuidar a la gente.
Hernando no se fue porque sí; no se fue por decisión. Un accidente lo arrebató de nuestro lado, así de duro como lo decimos y él luchó, resistió, pero las secuela le ganaron al cuerpo aunque nunca al espíritu, eso sí no, jamás.
Estamos aquí pensando en él: para honrarlo, para recordarlo y para recordarnos que la Guardia Indígena no se sostiene con palabras bonitas ni con símbolos colgados en una pared, sino con personas reales, de carne y hueso, hombres y mujeres que entregan su tiempo, su fuerza, su sueño, y a veces… su vida misma por el bienestar de la comunidad.

Y Hernando era de esos, de esos que uno siempre ve adelante. Un guardia que no fallaba, un coordinador que decía “presente” sin dudar, un líder que caminaba la palabra con serenidad a su manera con disciplina, con humildad. En la regional y en la zonal ya todos lo conocían por eso, por su compromiso, por no quedarse quieto, por animar, organizar, acompañar. Por enseñarle a los más jóvenes cómo se hace el trabajo, por escuchar a los mayores del conocimiento, por pedir consejo a los sabedores ancestrales antes de tomar decisiones difíciles.
Los Pueblos también sentimos un vacío raro, incómodo, como si faltara un tronco grande en la casa. Es normal sentir rabia, impotencia, tristeza… cuando se va alguien tan entregado. La vida a veces parece injusta, pero los mayores dicen algo que ahora pesa más:
la vida no pregunta cuándo, la vida simplemente ocurre, y cuando duele, nos obliga a arrimarnos más, a cuidarnos más, a hacer minga del corazón, a abrazar fuerte a quienes están vivos todavía.

El legado de Hernando no termina aquí, su fuerza, su disciplina, ese amor grande por el territorio, por la organización, se queda en cada guardia que él formó, en cada minga donde empujó con el hombro, en cada reunión donde abrió el debate, en cada acción donde puso el pecho sin miedo.
Hoy lo despedimos, sí…
pero también lo sembramos.
Un guardia que vivió así no se va. Queda. Queda en la memoria, queda en las historias que contaremos, queda en el ejemplo, queda en la territorio, como semilla que no se ve, pero que sigue trabajando debajo de la tierra.
A su familia, nuestro abrazo sincero.
A la Guardia Indígena de Tandachiriduwasi y a todos los territorios donde caminó este compañero, nuestra solidaridad profunda, a los comuneros, a las comuneras, a los mayores del conocimiento, a los sabedores ancestrales, les decimos: no estamos solos, seguimos juntos, seguimos en pie.
Hernando Chindoy:
tu camino sigue en nosotros.
tu ejemplo sigue guardando la vida.
tu memoria nos orienta.
Que tu espíritu descanse, hermano.
Que tu legado siga guiando el Territorio.
Por: Programa de Comunicaciones CRIC.






