Los pisos térmicos con los que cuenta Colombia han permitido el desarrollo de una gran variedad de fauna y flora, que se refleja en los productos y alimentos típicos de cada zona del país donde habitan diversas comunidades indígenas. Páramos, selvas, playas, llanuras y bosques, entre otros ecosistemas, influyen directamente en las tradiciones de cada etnia y, por consiguiente, en sus costumbres, especialmente en la comida tradicional.
Según cifras oficiales, cerca del 4,4 % de la población en Colombia corresponde a pueblos indígenas, quienes viven de actividades ancestrales relacionadas con la tierra, la caza y la pesca. Para estos pueblos, la alimentación va mucho más allá de llevarse la comida a la boca: es un proceso cultural profundamente ligado al territorio y a las formas propias de producción de los alimentos, fundamentales para mantener la salud física y mental. Desde su cosmovisión, la alimentación es un complemento vital en la relación con la Pachamama.
Las tradiciones propias de los pueblos indígenas se han visto afectadas por la colonización y por el modelo occidental dominante que atraviesa todos los ámbitos de la vida social, cultural, política y económica. A pesar de estas adversidades, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) se mantiene en la lucha por la reivindicación de los derechos de las comunidades indígenas y en la resistencia frente a procesos que puedan afectar a la comunidad, la cultura, el territorio y sus creencias.
A partir de esta realidad, se han desarrollado procesos de análisis y reflexión dentro de los pueblos indígenas frente al modelo actual de producción, comercialización y consumo de alimentos, que, a juicio de las comunidades, ha ocasionado en gran medida el deterioro ecológico, social y económico que hoy se evidencia. La alimentación, la naturaleza y la tierra son constituyentes culturales que determinan la pervivencia no solo como individuos, sino como cultura. Por ello, desde su cosmovisión se proclama la soberanía y la autonomía alimentaria como alternativas para la defensa del territorio y la permanencia cultural.

En la cocina, donde se origina el centro de atención —el fogón—, da inicio todo un proceso cultural de comida ancestral. Este espacio está constituido por tulpas, leña, ollas de barro ennegrecidas por el humo y cucharones de palo que han pasado de mano en mano, y en los que habita gran parte de la memoria de los pueblos indígenas.
Cuentan los mayores que todo lo que se comía salía de la huerta: papas, maíz, frijol, habas, coles, arracacha, yuca y muchos otros productos propios de cada territorio, cultivados con las propias manos y sin la intervención de químicos. Sin embargo, en las últimas décadas muchas de las comidas tradicionales de los pueblos indígenas del Cauca se han ido perdiendo o se han visto amenazadas por múltiples factores, como la presión de la industria alimentaria, la pérdida de saberes ancestrales, los cambios en la agricultura, el desplazamiento forzado y, quizá lo más preocupante, el cambio en la percepción de las nuevas generaciones frente a su propia cultura culinaria.
La llegada de productos industrializados y procesados ha ido desplazando poco a poco los alimentos propios dentro de las comunidades indígenas. A esto se suma la influencia de la publicidad y de los medios, que promueven el consumo de comidas rápidas, presentándolas como modernas y prácticas a través de tecnologías de uso cotidiano, como el teléfono móvil. En este contexto, muchos jóvenes perciben la cocina ancestral como algo “anticuado” y prefieren alimentos globalizados.
En la cosmovisión indígena, cocinar no es solo preparar alimentos: es un acto de conexión con la tierra, con los mayores y con los espíritus. No obstante, este saber se ha transmitido principalmente de forma oral y práctica, lo que lo hace vulnerable a la ruptura generacional. Cuando las abuelas mueren sin que sus hijas o nietas hayan aprendido a hacer envueltos de maíz o a fermentar chicha de yuca, no solo se pierde una receta, sino una parte de la memoria colectiva.
El cambio en la alimentación está estrechamente ligado a lo que se siembra. En muchas zonas del Cauca, ciertos cultivos han sido reemplazados por monocultivos comerciales. Además, la pérdida de semillas criollas, ya sea por falta de conservación o por su reemplazo con semillas híbridas, amenaza la biodiversidad alimentaria de los pueblos indígenas.

Por otra parte, el conflicto armado también ha afectado de manera profunda la relación con la tierra y, por ende, con la alimentación. El desplazamiento forzado ha obligado a muchas comunidades a abandonar sus huertas, sus semillas y sus prácticas agrícolas. Asimismo, la inseguridad en ciertas zonas impide el libre tránsito y el intercambio de productos entre comunidades.
Frente a este panorama, los procesos de rescate y fortalecimiento de los saberes propios, como la comida tradicional, hacen parte de las estrategias de resistencia que promueve la Minga del Arte Indígena Culturas en Comunicación. A través de los siete círculos de la palabra, se buscan herramientas para enfrentar el modelo hegemónico que estandariza y elimina otros saberes y experiencias.
Para mantener vivas las tradiciones a pesar de la homogeneización cultural, las comunidades indígenas recurren a los saberes ancestrales. En el caso de la comida tradicional, estos saberes inician desde los cambios de luna hasta el amor y el cuidado por las plantas para lograr buenas cosechas. En cada espacio de minga se promueve el intercambio de conocimientos sobre la alimentación propia, con el fin de garantizar su permanencia en el tiempo. La alimentación es uno de los procesos más importantes dentro de la minga, por lo que cada territorio se prepara para garantizar los alimentos a todos los compañeros. Cabe resaltar que cada pueblo tiene su propia comida tradicional, de acuerdo con el piso térmico en el que se encuentra y con los alimentos que pueden cultivarse en su territorio.
Un ejemplo de ello es el pueblo Kokonuko, específicamente el resguardo indígena de Kokonuko, donde el maíz es el principal producto. A partir de él se elaboran diferentes platos típicos, como la sopa de maíz, el mote, los envueltos y las arepas, entre muchas otras preparaciones. Este no es el único alimento cultivado en el territorio: también se encuentran los ullucos, que complementan la sopa de maíz y el mote; las habas, el frijol, las papas nativas —conocidas localmente como “papas chorizas”—, las majúas, las arracachas y las ocas. En conjunto, conforman una gran variedad de semillas y comidas tradicionales que aún perduran en la memoria de los comuneros de este resguardo.
Este conocimiento también hace parte del caminar de los mayores, quienes afirman que la alimentación propia es fundamental para la salud. Gracias a una dieta sana, orgánica y libre de químicos desde temprana edad, muchas de las dolencias que hoy se presentan no eran comunes en tiempos pasados. Según ellos, muchas de las enfermedades actuales están relacionadas con la mala alimentación.

Así como este ejemplo, existen muchos otros en los diferentes pueblos indígenas del Cauca, con preparaciones diversas y alimentos que, aunque se producen de manera similar, se consumen de formas distintas según la cultura y la tradición de cada comunidad. Cada alimento recolectado es vital para la preparación de la comida, y elementos como las ollas y la leña hacen parte esencial de este proceso. Por ello, los mayores recomiendan sembrar y cosechar en luna llena para asegurar la abundancia. Insisten en que “en toda siembra, el amor por el trabajo y por las plantas debe ser constante”, para que los frutos crezcan de la mejor manera y se garantice el sustento de cada familia.
En distintos espacios, las comunidades fortalecen la unidad de los resguardos con el objetivo de incrementar la producción de alimentos libres de químicos. La idea es no utilizar acelerantes para el desarrollo de las plantas ancestrales, sino emplear los recursos propios de las parcelas, como la cáscara de frijol, la gallinaza, el estiércol de cuy, conejo o vaca, así como la maleza, utilizados como abonos orgánicos. De esta manera, las semillas tradicionales dan frutos libres de químicos, contribuyendo a mitigar problemas de salud en los territorios indígenas.
Todo este proceso busca mantener viva la cultura de cada pueblo y transmitirla a jóvenes, niños y niñas de generación en generación. Recuperar el pensamiento propio desde la cocina es fundamental, pues es allí donde también se tejen conversaciones que aportan al caminar de los pueblos indígenas del Cauca. A través de la preparación de los platos típicos, se fortalecen los saberes y sabores que encierra la comida tradicional.
“La comida tradicional es el sabor de nuestra historia”.







