El Cauca está ardiendo de nuevo, y no por voluntad de sus Pueblos, sino por la acción despiadada de estructuras narcoterroristas que, bajo el mando de Iván Mordisco y sus disidencias, han convertido la vida en una moneda de cambio, estas estructuras no representan ideales políticos ni reivindicaciones sociales, son maquinarias de guerra sostenidas por la cocaína y el dinero del crimen, sus acciones son una afrenta contra la vida misma. Desde el Movimiento Indígena, desde la defensa de la dignidad de la Madre Tierra y de los Pueblos, condenamos con total contundencia el asesinato de indígenas, civiles y miembros de la Fuerza Pública, nadie merece morir bajo las granadas y las balas de la fusiles de quienes dicen “defender una causa, un pueblo y un política” pero en realidad defienden negocios e intereses lucrativos.
Hoy el Cauca vive bajo fuego. Cajibío, Corinto, Silvia, Toribío, Miranda, Caldono y Caloto han sido atacados de manera simultánea, no son simples hostigamientos, son ofensivas calculadas para sembrar miedo, para arrinconar comunidades y para desafiar al Estado. En medio de ese terror caen jóvenes como Uriel Conda, un futbolista con sueños, truncado por las esquirlas de un combate que nunca pidió. También caen policías como el patrullero David Fabián Rodríguez, que resistió hasta lo último en El Carmelo, y campesinos e Indígenas atrapados entre las balas, cada nombre de los muertos es una herida más en la memoria colectiva de este gran territorio.
Hace pocos días, El Gobierno del Presidente Gustavo Petro firmó El Pacto Territorial por el Cauca, con una inversión histórica de 27,6 billones de pesos en 15 macroproyectos que prometen transformar vías, hospitales, universidades y proyectos productivos, ese anuncio, que debería ser un aire de esperanza, es hoy opacado por la sangre, no porque la inversión sea falsa, sino porque la guerra busca deslegitimar todo esfuerzo de transformación. El discurso de la “Paz total” se estrella con la crudeza de quienes no tienen voluntad de Paz y viven del miedo, el reto no es menor: implementar el Pacto Cauca exige un blindaje real a la vida de los Territorios Indígenas.
En este sentido; el presidente Gustavo Petro debe entender que no basta con promesas, necesitamos acciones conjuntas, seguimiento riguroso, protección inmediata, la Fuerza Pública no puede seguir siendo carne de cañón abandonada en puestos policiales rodeados de fusiles y drones. Así, como la Guardia Indígena y las Comunidades de los Territorios Ancestrales pueden ser condenadas a ser escudos humanos de esta confrontación, la ofensiva militar debe ir acompañada de ofensiva social: educación, salud, proyectos productivos, garantías para que los jóvenes no vean en el fusil su única opción.
El CRIC y los Pueblos Indígenas llevamos décadas advirtiendo que el Cauca no puede seguir siendo un botín de guerra, hoy, insistimos no hay reconciliación posible mientras el narcotráfico siga siendo el combustible de las armas, no hay pacto territorial que sobreviva si no se garantiza la seguridad integral y no habrá Paz total si no se respeta la vida, mandato de nuestros Pueblos.
La crisis en el Cauca no es solo del Cauca, es un espejo de lo que quiere la ultra derecha en crear miedo y vender seguridad, el estado debe garantizar lo básico, vivir sin miedo o se convoca un frente amplio social y estatal que actúe ya!!!, o seguiremos contando muertos y apagando los sueños de generaciones enteras.
La vida es sagrada. El sistema de guerra del narcoterrorísmo no nos doblegará
Por: Programa de Comunicaciones CRIC.









