El Ritual Mayor de Ofrendas del Pueblo Indígena Totoroez, es un puntal de existencia, un recordatorio de que los Pueblos Indígenas continúan vivos, pensantes y organizados desde las raíces, en Betania, Totoró, Cauca cuando la comunidad se reúne alrededor del fogón no se trata de una tradición “folclórica” como lo ven la gente de afuera, sino de la práctica de la Ley de Origen y el Derecho Mayor fundamentos que permite dialogar con los ancestros, agradecer a la Madre Tierra y fortalecer la minga desde las mismas bases.
Ver a los mayores orientar con sabiduría y a los jóvenes aprender con humildad demuestra que el tiempo en la cosmovisión Totoroez no es lineal es circular con sus diferentes ciclos y anillos, en cada cuy, papa, trucha, gallina, yuca, banano o pan tradicional se concentra la historia de resistencia cultural, el pan en forma de humano o de animal. Una metáfora viva del equilibrio entre el cuerpo y el espíritu donde recordamos a esas personas que ya no nos acompañan como lo fue Mama Aurelia.
Las palabras del Karopik Hilario Sánchez lo deja pensando a uno que más allá del evento “Debemos cuidar a nuestros jóvenes, compartirles el conocimiento y mantener el territorio en armonía.” En medio de las tensiones del país y las amenazas externas, el pueblo Totoroez camina pasos de paz y deja que los fogones se reconstruyan desde la memoria, deberíamos mirar con más atención estos espacios donde la espiritualidad y lo político organizativo no están separados, donde el conocimiento ancestral guía esos pasos que algún día caminaremos, pasaremos y recordaremos, en Totoró la ofrenda no solo se entrega a comuneros que partieron a otro espacio, también se ofrece al mañana que debe mantenerse vivo.
El humo del fogón que conecta mundos
El amanecer del 2 de noviembre trajo consigo el olor a leña, a papa recién cocinada y a pan tradicional, las familias habían pasado los últimos dos días preparando las ofrendas: trucha arcoíris, gallina, cuy, conejo, arroz y frutas, mientras los niños moldeaban con masa las figuras humanas y animales del pan que simboliza la unión entre lo visible y lo invisible; desde temprano, la Guardia Indígena se ubicó en el camino de entrada, no solo para cuidar los elementos ofrendados, sino para garantizar la armonía del lugar, las Autoridades tradicionales, encabezadas por mayor Hilario Sánchez, caminaron hacia la casa tradicional con bastón en mano y mirada serena.
El fuego del fogón ya ardía, y alrededor se sentaron los mayores sabedores, cada palabra pronunciada era un sonido de generaciones. “Nuestros mayores no se van, solo cambian de espacio y desde allá nos siguen orientando”, dijo una de las mayoras mientras acomodaba la ofrendaba a las tulpas, el evento avanzó entre danza, chirimias, cantos de resistencia, memoria y minuto de aplauso, cada momento tenía un sentido, el compartir del alimento, el humo que subía hacia el cielo, el niño que preguntaba quién fue el mayor José Fernando Conejo y Artenio Sánchez, en ese diálogo intergeneracional estaba la esencia del pueblo Totoroez.
Mientras la comida se repartía entre más de 3.000 comuneros, el sol se filtraba entre el yute y el humo del fogón parecía escribir mensajes en el aire, era la señal de que los ancestros estuvieron ahí recibiendo la ofrenda y devolviendo la fuerza para seguir caminando juntos, como comunidad, como pueblo, como historia para perdurar en el tiempo y en el espacio.
Por: Programa de Comunicaciones CRIC.






