Desde las 5 de la mañana las explosiones volvió a meterse por las calles de Jambaló, rebotando contra las casas como si el pueblo entero estuviera respirando pólvora, la gente apenas alcanzó a calentar un tinto cuando ya corrían los mensajes: “están hostigando otra vez”, “cuiden a los niños”, “no salgan”; en cuestión de horas, la Guardía Indígena cerró el ingreso al casco urbano, no había más camino: o se hace control territorial o los grupos armados ilegales siguen avanzando como Pedro por su casa.
Mientras en Jambaló empezaba el caos, en Silvia también se escuchaban ráfagas cerca del casco urbano, generando miedo entre las familias que viven entre la estación de policía y las laderas. Corinto, desde temprano, reportó hostigamientos cerca de una base militar rodeada de población campesina e Indígena, y en Padilla la tensión se sintió desde la noche anterior, donde comunidades alertaron “movimientos raros” y disparos aislados. La ofensiva fue simultánea, como si alguien hubiera dado la orden de encender el Cauca entero al mismo tiempo.

Pero lo de Jambaló es particularmente grave: el municipio está totalmente incomunicado, sin electricidad, sin agua y sin telefonía, los operadores se niegan a entrar hasta no tener garantías de seguridad, la señal se cayó en todo Jambaló y la gente no puede comunicarse ni siquiera para pedir ayuda, el balance sube a 60 viviendas impactadas, una cifra que duele porque son casas de familias que no tienen cómo evacuar ni cómo avisar si están heridas o atrapadas debajo de los escombros, se hace un llamado a superar la indiferencia institucional del Estado y actuar, así como la solidaridad de organismos humanitarios.
En este Territorio, donde el canto de los gallos compite con las ráfagas, ya nadie se hace ilusiones de que la guerra es un asunto lejano. No. Aquí la guerra pasa por la puerta de cada familia, y la gene hoy deja más que susto: 7 policías heridos, 1 mayor del Ejército, 1 civil lesionado, 1 helicóptero impactado y 1 tripulante herido y 1 niño afectado por un artefacto explosivo. Un niño, e s triste decirlo, pero esa palabra ya se está volviendo parte del parte de guerra.
Mientras las explosiones retumbaban en el Pueblo, en los Territorios mayores analizaban con rabia contenida lo que está pasando. Algunos dijeron sin rodeos: “Esos grupos mandan menores por delante para después decir que Petro los está atacando, y nosotros sabemos bien dónde están esos muchachos, porque los cabildos tienen el censo, saben quién falta, quién se fue, quién está siendo jqalado por esos discursos venenosos”.

Otros, con voz más cansada que enojada, reclamaron lo que muchos venimos viendo: desarmonía adentro, familias rotas, hijos sin orientación, comunidades peleando entre sí, porque la verdad, como dijo una mayor, es dura: “El problema nos entró por la casa, si no somos capaces de poner orden adentro, la autonomía queda en discurso”.
Y es que el conflicto de hoy no es el de antes, ya no estamos hablando de guerrillas con estructura ideológica sólida. No. Esto ya tiene otra cara: economías ilegales, panamericana plagada de retenes, camionetas robadas a la organización, niñas y niños reclutados sin pudor, drones sobrevolando Pueblos; grupos armados ilegales moviéndose con plata, con armas, con órdenes que muchas veces vienen de muy lejos del Cauca. En medio del humo y los gritos, lo que preocupa no es solo el plomo, es lo que se está rompiendo por dentro; la Guardia lo dice sin miedo: “La gente está mamada, pero cuando toca respaldar, nos dejan solos, después salen a decir que si la guardia está armada, que si son desocupados, pero el pecho lo estamos poniendo nosotros”. Y es cierto. La guardia, entre bastones y convicción, sigue siendo la barrera humana que evita que estos grupos tomen los Pueblos completos.
El coordinador de defensa de la vida y los derechos humanos lo resume con claridad: esto que estamos viviendo es parte de una ofensiva simultánea en varios municipios, no es casualidad. Es estrategia. “Ataques paralelos, hostigamientos coordinados, ofensiva extensa”, dice, y lo más complicado: los grupos anuncian que van a seguir, que van por donde haya estaciones de policía y bases militares.
Y no solo eso: en Silvia, Corinto y Padilla la alerta es máxima por posibles represalias, porque cada vez que un grupo armado no logra su objetivo en un municipio, lo descarga en otro, la gente lo sabe y por eso se atrinchera, se organiza, se cuida entre vecinos.

Luego llega la reflexión dede el Sistema de Gobierno Propio del CRIC, que pone en palabras lo que muchos sienten: el Cauca está atrapado entre juegos de poder nacionales y globales, una guerra interna alimentada por economías ilegales y por intereses externos que ven el Territorio como corredor, como botín, como bodega, una guerra donde menores reclutados son carne de cañón, donde las estructuras armadas narcoparamilitares se lucran del oro, la coca, la marihuana, y donde la respuesta del Estado sea cual sea el gobierno no alcanza para cubrir la magnitud del desastre.
Y entre tanta tensión, aparece la pregunta que incomoda a todos:
¿Qué hacemos como pueblos?
Tres caminos nos ponen los mayores sobre la mesa:
1. ¿Dejamos que nos destruyan los pueblos cuando quieran?
2. ¿Nos acostumbramos a verlos circular como si nada?
3. ¿O fortalecemos de verdad el control territorial, con toda la legitimidad comunitaria?
La respuesta no es fácil, pero es urgente, la Autonomía no puede ser solo discurso cuando la vida está en juego, como dijo una mayor jurídica: “Si no podemos controlar quién entra a los grupos armados, ¿de qué autonomía hablamos? Esto empieza en la casa, en la comunidad, no todo lo va a solucionar el Estado”.
Hoy, mientras el humo se levanta sobre Jambaló, queda claro que este conflicto no es solo bala y explosión, es una fractura interna, una pelea por el alma misma del territorio, y aunque el Gobierno Nacional tiene que actuar y actuar bien, también es cierto que la defensa de la vida empieza y termina en la comunidad.
El Cauca está herido, pero no está vencido, hoy, más que nunca, el llamado es uno solo:
No permitir que estos narcoparamilitares sigan destruyendo lo que hemos construido en 55 años de organización.
Por: Programa de comunicaciones CRIC.