Organizaciones de los Derechos Humanos informaron el asesinato del líder indígena Emiliano Tróchez Camayo, cuando este se encontraba en las inmediaciones de su vivienda en el resguardo de Guadualito, municipio de Santander de Quilichao.
La bandera verde y roja continúa ondeando con fuerza durante medio siglo y seguirá rodeando por muchos más
Hace 54 años nuestros mayores tejían apuestas políticas para la dignificación de nuestras comunidades, caminando bajo los principios de unidad, tierra y cultura. Es así como empezó el proceso organizativo CRIC, en el marco de la lucha y resistencia, adaptándose a los cambios políticos, sociales y económicos que afectan a nuestro país.
Aún teniendo procesos comunitarios como Guardia Indígena, niños guardia, nidos lingüísticos y demás que fortalecen nuestras comunidades, enfrentamos un contexto desafiante en el que la violencia acecha a nuestras comunidades, manipulando ideologías para justificar su plan de muerte.
A lo largo de este camino, hemos afrontado numerosas dificultades, como la presencia de actores armados en nuestros territorios, economías ilícitas, violaciones de derechos humanos y el reclutamiento de menores. Estas amenazas han afectado profundamente la vida de los comuneros y comuneras, alejándolos de los procesos comunitarios. Aunque la resistencia persiste, la violencia sigue golpeando a nuestras comunidades, impactando especialmente a niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
Hoy, después de 54 años de vida política y organizativa, nos preguntamos si nuestras acciones han fortalecido la ancestralidad a través de las formas de gobierno propio. La respuesta es sí. De algún modo, hemos logrado responder a los desafíos de la modernidad. No obstante, los cambios dentro de nuestras formas de gobierno nos llevan a una reflexión interna.
La integración de la organización en estructuras de Estado ha generado confusión y desafíos, pues, aunque las comunidades desde su ejercicio de asamblea envían a los liderazgos a las estructuras organizativas, en ocasiones los lideres terminan priorizando las agendas institucionales y alejándose de las bases comunitarias y esto ha sido aprovechado por sectores externos para debilitar el movimiento.

A pesar de la resistencia de la estructura comunitaria, la incursión de actores armados y economías ilegales ha promovido una cultura de dinero fácil que deteriora los valores colectivos, uno de los problemas más graves que enfrentamos es la indiferencia social ante la guerra y sus consecuencias, ya que la normalización de la violencia ha generado insensibilización colectiva, afectando la solidaridad dentro de nuestras comunidades.
En este largo proceso de lucha y resistencia, hemos aprendido a revisarnos, a construir estrategias, a superar desafíos y a dignificar nuestras dinámicas, valoramos profundamente a quienes aún sostienen firmemente los procesos, permitiendo que la bandera verde y roja haya continuado ondeando con fuerza durante medio siglo y seguirá ondeando por muchos más.
En honor a quienes nos abrieron camino, se organizaron y movilizaron, es fundamental regresar a las bases sin caer en la institucionalidad, fortalecer la lucha, y preservar los principios fundamentales de nuestros procesos comunitarios: unidad, tierra, cultura y autonomía.
La lucha continúa y busca continuar tejiendo caminos para garantizar la pervivencia y la integridad de nuestras comunidades indígenas.
Comunicaciones CRIC







