“Minga por la defensa de la vida, el Territorio, la democracia y la paz”

COMUNICADO No. 1 DE 13 DE MARZO DE 2019

TERRITORIO SAT TAMA KIWE

PITAL – MONTERILLA

Urge un Jefe de Estado que conozca la realidad de las regiones, que dialogué con los sectores sociales y que no reprima las justas aspiraciones del pueblo.

Es paradójico, por decir lo menos, que mientras el Presidente Duque posa ante el mundo como defensor de la democracia exigiendo a la hermana república de Venezuela que reconozca un Presidente autoproclamado y que critica la represión y la violencia de Estado ocurridas en otras latitudes, transgrediendo principios que han regido históricamente nuestras relaciones exteriores como la autodeterminación de los pueblos y la integración latinoamericana y del Caribe, hoy ese mismo Presidente se niega al diálogo con los pueblos indígenas, las organizaciones sociales y procesos populares del Sur Occidente Colombiano que reclamamos el cumplimiento de las obligaciones que la Constitución Política le impone.

Queremos conocer el talante democrático del Presidente Duque y no que haga gala de posturas autoritarias pretendiendo acallar por la vía de la violencia y la represión, la protesta pacífica con las legítimas exigencias de los pueblos indígenas, las organizaciones sociales y los procesos populares del sur occidente colombiano por el conjunto de derechos fundamentales que nos han sido negados histórica e injustificadamente.

Nosotros tenemos en la memoria los enormes esfuerzos que hemos realizado durante 200 años de vida republicana para dialogar y llegar a acuerdos con diferentes actores políticos, sociales y económicos que han ostentado el poder en aras de defender nuestro derecho a existir con nuestras formas particulares de ver, sentir y hacer la vida. Y con el Gobierno Duque no ha sido la excepción pues desde su posesión el 07 de agosto pasado, hemos participado de innumerables reuniones en Popayán y Bogotá, encuentros con la consejería, las autoridades y las comunidades, llamadas telefónicas y correos electrónicos, y lo único que hemos obtenido son incumplimientos, evasivas y negativas para concretar nuestros derechos.

Ahora le corresponde al Presidente Duque demostrar su voluntad de diálogo y su capacidad de lograr consensos con los diferentes pueblos indígenas y sectores sociales de su país que reclamamos al Estado el cumplimiento de sus obligaciones constitucionales y legales, así como el sinnúmero de acuerdos y compromisos incumplidos que afectan nuestra existencia física y cultural.

El Presidente Duque debería saber que las comunidades indígenas, las organizaciones sociales y procesos populares somos actores legitimados para dialogar, que el Cauca hace parte de Colombia, que incluso queda más cerca que el Estado del Táchira en Venezuela donde lo hemos visto atender personalmente problemáticas y crisis ajenas, y que nuestro país tiene carácter pluricultural y multiétnico según la Constitución Política de 1991 que el juro defender.

Finalmente, no entendemos porque para el Presidente Duque la protesta social que ocurre en Venezuela es legitima mientras que las protestas sociales y pacificas que abanderan sus conciudadanos son ilegales y merecen la más violenta y letal represión de las fuerzas militares que el controla.

¡Al Presidente Duque le damos la bienvenida al diálogo y a Colombia!!!!

Consejo Regional Indígena del Cauca

La circuscripciòn especial indìgena y el MAIS

Asimilar la política que se hace en la jurisdicción ordinaria a Congreso de la República con la que se hace en la jurisdicción especial indígena es desconocer totalmente la característica de esta última como derecho de los pueblos indígenas.

La jurisdicción ordinaria se mueve en el ámbito de representación de ciudadanos/individuos y en ese sentido los congresistas se comprometen por medio de un programa y/o propuesta legislativa con los electores que han votado por cada uno de ellos. A pesar de que los electores de un congresista pueden constituir un grupo grande de personas, su delegación democrática no va más allá del voto programático, aunque algunos grupos de poder y de opinión pueden influir sobre el congresista, quien regularmente opta por atender, o no, los requerimientos que se la hacen, sobre todo pensando en tener el apoyo de estos grupos para próximas elecciones.

En todo caso, el congresista en la jurisdicción ordinaria representa a sus votantes y puede ignorarlos o manipularlos luego del voto, como es usual en la clase política que ha manejado este país, o puede establecer mecanismos para consultarlos y decidir con ellos su agenda legislativa y su votación, como debería ser la regla en las democracias modernas.

Por el contrario, en la jurisdicción especial el congresista electo representa a los pueblos indígenas o afros y no solo ni fundamentalmente a las personas que han dado el voto por él; llega al Congreso de la República acorde con un derecho especial de estos pueblos y no estrictamente por el número de votos; por esto no es raro que pueda haber congresistas de movimientos o partidos de 25.000 o 30.000 votos, cifra bastante distante de la del umbral por circunscripción ordinaria.

Es completamente valido y lógico que las organizaciones de pueblos indígenas se interesen y participen en todo lo referente a la circunscripción especial, ya que se trata de ejercer el derecho a la representación de estos pueblos en el Congreso. Acorde con esto la Corte Constitucional ha señalado en sentencia C-490 de 2011 “no solo que quien se postula debe ser un representante y miembro de grupos étnicos como lo establece el artículo 171 inciso 3 de la Constitución, sino que también debe ser avalado políticamente por organizaciones propias de las comunidades étnicas, cuyo interés principal sean las necesidades de esta población minoritaria”.
Históricamente, la mayoría de los congresistas que han llegado a las curules por circunscripción especial, de manera calculada e interesada se han olvidado del mecanismo específico por el cual están allí y de la representación que tienen respecto de estos pueblos. Ello es más grave en tanto, desde los indígenas existen organizaciones nacionales y regionales con fuerte presencia organizativa y de movilización social, que deben ser consultados y cuya lucha reivindicativa y de propuesta de país, requiere del desarrollo articulado, coherente y participativo, de una agenda legislativa.

La decisión de la Organización nacional indígena de Colombia ONIC y de organizaciones regionales como el Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC de participar directamente en la selección de los candidatos y de presentar una lista por circunscripción indígena especial, es resultado del aprendizaje practico de que este derecho plasmado en la Constitución nacional no se puede dejar a la deriva de partidos que se autoproclaman indígenas cuando les conviene, ni de candidaturas que no son resultado de un proceso participativo de consulta y selección que garantice que los congresistas electos van a trabajar como voceros, delegados y representantes de los pueblos en el Senado y Cámara, de manera articulada y respetuosa con estas organizaciones y en general con los pueblos indígenas.

Actuando desde la circunscripción especial pero queriendo establecer caminos y puentes para el trabajo por un nuevo país en conjunto con las demás organizaciones sociales, la propuesta de ONIC y demás regionales como el CRIC se llama Movimiento Alternativo Indígena y Social MAIS, figurando al Senado como candidatos Luis Evelis Andrade Casama, indígena emberá y ex consejero mayor de la ONIC; Rosa Iguarán Epieyú, dirigente del pueblo Wayúu, y Jesús Chávez Yondapiz, indígena nasa, ex consejero Mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

Hay posibilidades entonces, que después de 22 años de ejercicio, la circunscripción especial indígena recupere el espíritu con el cual fue plasmada en la Constitución Política y que solo ha tenido en unas pocas ocasiones: el de representación de los pueblos indígenas en el Congreso de la república de un país multiétnico y pluricultural.