El penoso futuro de los niños indígenas en Colombia.

Su sensible canto resiste a la extinción. Con profunda tristeza, y mientras los medios de comunicación comerciales hacían alharaca de la eventual firma del TLC con Estados Unidos, la ONIC entregaba un informe sobre extinción cultural de nuestros pueblos indígenas con énfasis en la niñez, que simplemente parte el alma. En tasa de mortalidad, por ejemplo por cada 1.000 niños emberá katío mueren al año 142, del Pueblo Awá 166 y 200 del Pueblo Yukpa (el estudio se realizó sólo en tres comunidades), mientras que sólo en una comunidad indígena de Guainía, en un año murieron 57 niños de enfermedades prevenibles.

Ante este dramático panorama la concejala indígena Ati Quigua resalta el trabajo realizado por la Administración Distrital en Bogotá, que en sus últimos 8 años centró su énfasis en la atención a la niñez con enfoque diferencial, apoyando además la atención humanitaria. Las Secretarías de Integración Social, Educación, Salud y Desarrollo Económico, entre otras, apoyan programas en desarrollo, atención y protección, “pero la niñez indígena desplazada que debe ser atendida por el ICBF se encuentra en las peores condiciones… que les quiten los niños a las madres indígenas no les garantiza su pervivencia cultural”, señaló. Por esta situación la concejala pide atención integral y digna, pues ha tenido que acompañar jurídicamente casos en que la entidad ha arrebatado a madres indígenas, especialmente emberá, sus hijos.

Es “una realidad cruda y verdadera… evitar la extinción de nuestras culturas e historia es apuesta de tod@s para permitir la pervivencia de nuestros pueblos, responsabilidad de la humanidad”, señaló Dora Tavera, consejera del Área de Mujer de la ONIC.

El grito de los niños por pervivir en medio de un país en guerra y cuyo pilar político y económico es la extracción y explotación de los recursos y la biodiversidad, ahonda el dramático panorama que se cierne sobre los pueblos indígenas que, en su hábitat de vida, reciben amenazas diarias contra su  pervivencia física y cultural, como explicó la Autoridad Nacional de Gobierno Indígena, ONIC, al presentar el informe: “La Niñez y el Futuro de los Pueblos Indígenas”, el pasado 08 de abril[1].

El informe se realizó en el marco de la campaña que adelanta la ONIC Palabra Dulce, Aire de Vida, que busca visibilizar y sensibilizar sobre el alto riesgo de desaparición de los pueblos indígenas. Se enfocó en Derechos de la infancia y la adolescencia, según Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Internacional de los Derechos del Niño, que establecen que: Niños, niñas y adolescentes tienen todos los derechos de cualquier ser humano y además derechos adicionales en cuatro aspectos: Existencia, condiciones esenciales para preservar la vida; Desarrollo, condiciones básicas para progresar en su condición y dignidad humana; Ciudadanía, condiciones básicas para vivir en sociedad, ejercer libertad y ser tratados como ciudadanos y; Protección, no ser afectado por factores perjudiciales para la integridad humana.

La investigación advierte además de la alta tasa de mortalidad, el involucramiento de menores en el conflicto por parte de actores armados ilegales, carencia de atención del Estado a la niñez, reiterada violencia y discriminación, una alta orfandad porque muchos padres y madres indígenas mueren en el conflicto. “No solo la guerra mata nuestras niñas y niños, múltiples formas de violencia contra nuestros pueblos nos han puesto al borde de la extinción, amenazando a diario nuestra pervivencia como pueblos”, indica el estudio.

Un caso muy doloroso lo presentó la Fundación Caminos de Identidad, FUCAI, sucedió en 2009 en Guainía, sector de Barrancominas donde murieron 57 niños de enfermedades prevenibles y curables como infecciones respiratorias y enfermedades diarreicas agudas. Según denuncias de autoridades tradicionales, recogidas por FUCAI y la ONIC, no hubo atención médica ni por parte de la ESE de Puerto Inírida ni por parte de la EPS, Ecopso, responsable de estas comunidades.

En la región la población indígena padece de alimentación deficiente y desnutrición infantil. “Los conucos (unidades hortícolas tradicionales) antes muy diversificados (cultivaban hasta 40 especies alimenticias) ahora se han simplificado tanto que no disponen más de 10 especies”, señala FUCAI. Ello se debe, explica la organización, a una fuerte tendencia al monocultivo; falta de agua potable; escasez creciente de proteína animal y deterioro de los suelos cercanos a las viviendas.

Para tratar el tema de los 57 niños que no se les permitió vivir, FUCAI denunció que el Estado no ofrece ninguna solución. Se realizaron dos reuniones. A la primera reunión, noviembre 06 de 2009  asistieron un delegado del Ministerio del Interior, uno del Ministerio de Protección, el Secretario de Salud del Guainía, algunos políticos, los indígenas y la ONIC. Habían muerto 43 niños hasta ese día. El 11 de diciembre hubo otra reunión convocada por los indígenas y los Ministerios del Interior y Protección en la cual participaron las mismas personas más representantes de la EPS y de la ESE.

Según FUCAI la ESE y la EPS se echaron la culpa unos a otros y no pasó nada. Entre la reunión anterior y esta murieron otros 14 niños. Nada ha pasado hasta hoy, los políticos que acudieron a la reunión feriaron su discurso de compromiso pero sólo por réditos políticos. En esta y otras regiones del país los niños indígenas mueren, a veces por física hambre. Si eso pasa en sólo 3 comunidades que se realizó el estudio[2] y en una que compartió la dolorosa experiencia de niños del Guainía, que se espera en las más de 10.000 comunidades que conforman los 102 pueblos indígenas del país, “si en menos de una década ha desaparecido más del 70% de los Nukak Makú emblema del patrimonio cultural por su nomadismo, “¡Qué nos Espera!”, concluye la ONIC.

En Bogotá la niñez indígena, si bien hay dificultades sobre todo con niños de familias desplazadas que tienen que mendigar y vivir en condiciones adversas, pareciera menos incierto su futuro. La Administración Distrital, y por gestión de la concejala Ati, en los últimos 8 años ha centrado su énfasis en la atención de los menores con enfoque diferencial, apoyando además de la atención humanitaria que le corresponde a la nación a través de Acción Social (que no lo ha hecho), la Secretaría de Integración Social y otras Secretarías distritales apoyan programas en desarrollo, atención y protección de la niñez indígena, promoviendo programas y educación propia para niños de 1 a 5 años en los 6 Jardines Infantiles, entre otros avances.

El estudio fue realizado y apoyado por organizaciones como Fundación Caminos de Identidad, FUCAI; la Corporación de Apoyo a Comunidades Populares; Mensen met enn Missie y comunidades religiosas: Hermanas Laura y la Diócesis de Quibdó, entre otras.

La Investigación se realizó en comunidades indígenas Awá del municipio de Ricaurte, departamento de Nariño; la comunidad Yukpa del Resguardo Socorpa, municipio de Becerril, Cesar y; en la comunidad Emberá katío, El 90 de Quibdó en el Chocó.

http://www.todosatierra.com/page/2011/04/el-penoso-futuro-de-los-ninos-indigenas-en-colombia/#more-4258

 

Proclama por los 518 años de resistencia y 200 años de lucha. De la independencia a la emancipación

Como parte de nuestra historia, hace 200 años se avizoró la ruptura del yugo colonial español. Sin embargo, muchos de los propósitos que impregnaron la batalla con fuerza social de indios sobrevivientes y negros rebeldes o libres quedaron truncos, pendientes de su concreción. Entonces, nuevas formas de dominio extranjero produjeron otras y actuales formas de dependencia. En este marco y esta memoria, no olvidamos que en 1809 por el continente abrió su puerta el ciclo de los alzamientos de criollos, mantuanos, contra el dominio de España en nuestra América.

  1. 2010 es para los pueblos reunidos en el territorio colombiano la conmemoración de 200 años de luchas por la emancipación. Son estos procesos los que convocan a la memoria histórica en un acto presente de reconocimiento de los grandes y pequeños procesos, con reivindicaciones puntuales o generales que se tomaron la palabra, la plaza o el cabildo para expresar sus inconformidades y proyectar sus potencialidades como sujetos sociales. La Minga Social ha decidido movilizar el pensamiento y el caminar para desatar la palabra, para nombrar esta historia y homenajear todos aquellos caminos que nos conducen a minguear en el presente, como acto colectivo de dignidad popular, con una profundidad histórica de 518 años.

  2. Nuestra reivindicación está en las diferentes movilizaciones, en los acuerdos incumplidos y en los mandatos como minga, en el grito libertario de los palenqueros, quienes toman la decisión de fundar poblados libertos; está en la defensa de la vida, el territorio, las organizaciones y los procesos de destechados, estudiantes, barriales, indígenas y campesinos. También tenemos como una meta el 2019 disputándole a los de arriba la independencia de nuestros pueblos con los 200 años del congreso de Angosturas que fue el momento en que se constituyo la Gran Colombia.

4. Hoy, reivindicamos un ciclo de 200 años de procesos emancipatorios inscritos dentro de 518 años de resistencia frente a la colonización. Hace 518 años los territorios del continente presenciaron el arribo de los conquistadores, quienes iniciaron un proceso de invasión y despojo, que incluyó la violación de los territorios ancestrales, así como la desorganización de la vida y la institución de la esclavitud, que a su vez despojó a pueblos africanos mediante su sometimiento a regímenes de trabajo indigno. Esta política de despojo y explotación ha recibido respuestas por parte de los pueblos ancestrales y las nuevas poblaciones, quienes a diferentes ritmos y en distintos territorios han reivindicado la vida frente a las políticas de exterminio.

5. Hoy 19 de julio juntamos las voces, los mandatos, las propuestas y los caminos que a lo largo de 518 años de resistencia y 200 años de lucha han tejido una historia emancipatoria en Colombia, articulados a los otros territorios de América Latina. La Minga Social convoca a mujeres y hombres, jóvenes y adultos, trabajadores del campo y la ciudad, desempleados, amas de casa, estudiantes, habitantes de barrios y veredas, pueblos indígenas, poblados campesinos y afrocolombianos a construir los mandatos de nuestros pueblos y organizaciones, para encontrar nuestro mandato común. Aquel que como Minga Social pronunciaremos, defenderemos y llevaremos al Congreso de Los Pueblos para convertirlo en legislación popular legítima, de todas y para todos.

2. Nuevo memorial de Agravios

1. En los últimos 30 años se empezó a construir en Colombia la gran alianza realizada entre el gran capital internacional, los monopolios nacionales y las mafias de diverso carácter (burocrático, financiero, narco y paramilitar).

2. Gran alianza que es el sustento de un capitalismo depredador cimentado en la especulación financiera, la explotación de los recursos naturales y el impulso a una economía agro-exportadora que beneficia la gran propiedad latifundista y menoscaba la pequeña economía campesina.

3. Gran alianza que utiliza el conflicto armado y la economía del narcotráfico como herramienta de intervención territorial, económica, social y cultural.

4. Gran alianza que en los últimos 20 años despojó de las riquezas y los territorios no sólo a comunidades campesinas mestizas, negras e indias, sino que se apoderó de los principales sectores de la producción y de las empresas construidas por empresarios y trabajadores colombianos.

5. Esta alianza fortalece el paramilitarismo financiado por el narcotráfico y permea las estructuras e instituciones del Estado. La parapolìtica, la corrupción y el oportunismo se personifican en el Congreso de la Repùblica.

6. La ofensiva contra el pueblo es brutal: El presupuesto para la guerra es la prioridad, la violación a los derechos humanos es cosa de todos los días, las detenciones masivas e ilegales a campesinos, indígenas, afrodescendientes, estudiantes y sindicalistas se desarrollan dando la imagen de resultados contra el terrorismo, los falsos positivos son la expresión más degradante de la política y del poder, la pobreza, el hambre y la miseria cotidianamente crecen más.

7. Esta alianza ha usurpado los pueblos, comunidades rurales y sectores sociales organizados, invadiendo el territorio con un nuevo modelo de colonización por medio de la fuerza para: facilitar la entrada a las multinacionales, incrementar los conflictos de tierras y las fumigaciones, privatizar los servicios públicos, la educación y la salud, Implantar monocultivos industriales con la siembra de caña de azúcar, palma aceitera, maíz y yuca amarga entre otros, explotar las minas de oro, carbón, azufre o el suelo con los monocultivos de pino y eucalipto. Además de atender las directrices de la Organización Mundial del Comercio OMC y al Banco Mundial BM declarando nuestros productos como ilícitos especialmente la leche, panela, carne, las gallinas criollas con la expedición de normas y leyes que entierran definitivamente la posibilidad de subsistir en el campo y en la ciudad. También privatiza el agua con la venta del bien vital para la humanidad a empresas privadas, entregando además bosques, paramos, lagunas, cuencas y microcuencas.

8. Esta alianza no sólo reprime la protesta y movilización social sino que además pretende deslegitimar la resistencia de los pueblos e incumple los acuerdos firmados entre el Estado y las comunidades movilizadas por condiciones de vida dignas.

9. Ante la violencia y el despojo los pueblos hemos resistido históricamente; las luchas sociales y las grandes movilizaciones por los derechos han sido permanentes y hoy Por ello la dignidad, la esperanza continúan presentes con nosotros.

Por eso desplegamos a los cuatro vientos la bandera de la Resistencia, en una unión e voces y de fuerzas para construir un nuevo país.