En apoyo a las comunidades indígenas del Cauca y la búsqueda de la Paz

Consternados por los acontecimientos recientes en el departamento del Cauca y la manera como se ha tergiversado desde la institucionalidad colombiana y desde los medios masivos de comunicación el justo reclamo de los pueblos indígenas que en un ejercicio de soberanía territorial hacen el llamado a todos los actores armados para que respeten los territorios y la vida de la población, expresamos nuestro apoyo a las comunidades y a sus justas exigencias frente al conflicto que se les ha impuesto y no les pertenece.

Además de la solidaridad que ofrecemos a los pueblos indígenas, éste es un tema que nos involucra directamente y nos incumbe como sociedad colombiana abrumada y violentada por la guerra.

* Las amenazas a la población indígena han aumentado considerablemente en los últimos años, y hoy nuevos factores se suman a los conflictos generados por los acuerdos incumplidos de los gobiernos colombianos en las últimas décadas en relación al conflicto histórico por la tenencia de la tierra y el despojo y ocupación de la misma.

* Sumado al conflicto por las tierras, el departamento del Cauca se ha constituido como uno de los territorios estratégicos que concentra en la actualidad gran parte de los megaproyectos minero – energéticos de las corporaciones a las que el gobierno colombiano garantiza su operación y lucro, mientras se desconoce la protección a las comunidades ancestrales y se les impone un régimen de despojo.

* La violación a la soberanía territorial es uno de los factores principales que ha desatado la indignación indígena y comunitaria. La soberanía territorial es el producto de un acuerdo interno sobre el manejo del territorio y sus patrimonios, y es reconocida desde el ámbito constitucional y por diferentes sentencias de la Corte Constitucional, y no una excusa militar para la perpetuación de una disputa que ha ubicado en el centro del conflicto a la población civil.

* La situación actual es producto de la necesidad de prevenir la continuidad de la guerra al interior de la vida comunitaria, y la protección de los territorios frente a un conflicto que ha penetrado en las casas de la gente, las escuelas, etcétera, en una flagrante violación al derecho internacional humanitario. Los levantamientos de los pueblos indígenas encarnan en sí mismos el sentir del conjunto de la sociedad colombiana involucrada injustamente en la guerra agenciada por unos pocos a nombre de intereses económicos que chocan irremediablemente con territorios legítimamente constituidos y protegidos por la ancestralidad colombiana.

* La premisa de no querer ver a un solo indígena en las bases militares, expuesta por el presidente, bien pudiera ser invertida por la de no querer ver una sola base militar en los pueblos indígenas, imperativo muy bien justificado por las autoridades indígenas del norte del Cauca, desde la constitucionalidad y legalidad colombianas. La militarización no representa en sí mima un sinónimo de seguridad para la población, en muchos casos la presencia de la fuerza pública genera zozobra y pone en inminente peligro a la población, más aún cuando se ubican en los territorios, espacios de vida y lugares sagrados indígenas.

* Las acciones de los pueblos del suroccidente del Cauca se constituyen en un llamado para buscar los caminos de la paz que escapan a la retórica de la guerra y las armas como medios para alcanzarla. Las acciones de los últimos días encarnan un llamado para desenmascarar las causas estructurales y los elementos fundacionales del conflicto armado de más de cinco décadas en el país. Bajo esa concepción, los medios de comunicación y el gobierno nacional no debieran atizar el conflicto con señalamientos y eufemismos que ponen en alta vulnerabilidad a los indígenas frente a los actores armados.

CENSAT Agua Viva manifiesta su solidaridad y se suma a las justas exigencias y reivindicaciones indígenas, que son las mismas del cuerpo social en su conjunto hastiado de la violencia sistemática, de las acciones de guerra en contra de la población civil y del despojo en nombre del desarrollo para la acumulación capitalista.

Hacemos un llamado a las organizaciones y movimientos sociales del país y a la comunidad internacional para mantenerse al tanto de la manera como se siguen desarrollando los acontecimientos en el suroccidente del país, y a cerrar filas en torno a la protección de las comunidades en resistencia y sus reivindicaciones, y pedimos a todos los actores en disputa buscar los caminos del diálogo para la resolución del conflicto.

Exigimos al gobierno colombiano garantía de los derechos de la población y hacer cumplir los principios constitucionales consagrados en las bases del estado social de derecho, y la protección especial de los pueblos originarios del país.

CENSAT Agua Viva

Amigos de la Tierra – Colombia

¿Carpa blanca versus guerra contra los indígenas en el Cauca?

La Senadora Cabal, del Partido Centro Democrático, en una columna del pasado 8 de septiembre parece despacharse contra una propuesta del Defensor Nacional del Pueblo denominada “Carpa blanca”, con la cual se buscaría una protección humanitaria para los indígenas del Cauca, acosados por grupos armados ilegales; en su confusa redacción, la Senadora parece proponer una alternativa mejor, para ella, denominada “derrumbar la violencia anarquista del CRIC y su guardia indígena”.

Como CRIC denunciamos este lenguaje incendiario que se constituye, en boca de una dirigente de un partido históricamente cuestionado por su cercanía con el fenómeno paramilitar, en directriz para escalar un escenario de guerra contra los indígenas del Cauca y del país. En el resto de su escrito se dan justificaciones para dicha propuesta, basadas en falacias y en mentiras que el Centro Democrático ha venido convirtiendo en “verdades” a través de su repetición mediática permanente.

La senadora Cabal acusa al CRIC de ejercer la violencia “escudado en una deuda impagable que cargamos como una cruz de generación en generación”. No sabemos quiénes son las generaciones que cargan esa cruz, pero seguramente son la familia Cabal y tal vez las de los otros pocos terratenientes que acaparan la inmensa mayoría de las tierras productivas de Colombia, las cuales, en pleno siglo XXI, están en ganadería extensiva. En todo caso no aceptamos que exigir que Colombia deje de ser uno de los países más inequitativos del mundo, particularmente en la distribución de la tenencia de la tierra, nos convierta en violentos; violencia es la que han ejercido, ejercen quienes han acaparado estas tierras y las han convertido en patrimonios improductivos.

La representante de los ganaderos latifundistas en el Congreso de la República hace su escrito con ocasión de la masacre en Suarez y asesinato de la candidata a la alcaldía de este municipio del departamento del Cauca, y señala que “hay una gran dosis de responsabilidad de quienes han cercado el territorio por oponerse a que el Estado opere como es debido”. Ella se refiere al control territorial de la guardia indígena, retomando en este caso lo que han planteado el Ministro de defensa y la Ministra del interior en el sentido que las comunidades indígenas no permiten la entrada de la Fuerza pública en sus territorios. Es un argumento muy mal traído de parte de la Senadora convertida en articulista, ya que el municipio de Suarez dentro de su extensión es en su mayoría territorio campesino y afrocolombiano, y los hechos que pretende lamentar ocurrieron por fuera del territorio indígena (de hecho el Ministro de defensa señaló que “los miembros del Ejército se encontraban a pocos kilómetros del lugar de los hechos, pero no pudieron hacer nada porque todo ocurrió en pocos segundos”).

Por demás, las comunidades indígenas ya hemos expresado respecto al argumento de la no presencia de la fuerza pública: “El gobierno colombiano ha dicho que la situación de acciones violentas de estos grupos ilegales en las comunidades indígenas se está presentando porque en uso de nuestra autonomía no permitimos la entrada de la fuerza pública, lo cual no es cierto pues todos los municipios del Cauca cuentan con estaciones de policía y en todos hay presencia de batallones del ejército y/o la marina, incluso en áreas de conservación ambiental y sitios sagrados; si el argumento del gobierno fuera cierto  ¿cómo se explica que la misma situación se presenta, a veces con más gravedad, en municipios con poca o ninguna territorialidad indígena como Argelia, Balboa, El Tambo e incluso Suarez?”.

La senadora Cabal justifica también su diatriba para derrumbar al CRIC y su guardia indígena citando el caso de la jurisdicción indígena de la comunidad de Pioyá que “tiene en cautiverio a seis jóvenes en el centro Penitenciario San Isidro, condenados a 60 años sin juicio justo y sin derecho a un abogado, por haber pertenecido al ejército nacional y no aceptar ser parte de grupos irregulares ilegales, financiados con la desviación de recursos de transferencias del Gobierno nacional”. Mentira sobre mentira ¡que cruz tan pesada la que debe cargar esta señora!

No sabemos a ciencia cierta a que jóvenes en cautiverio en San Isidro  se refiera la Senadora pero lo que sí es completamente claro es que no se juzga a los comuneros por haber pertenecido al ejército nacional y es una calumnia absoluta decir que se condena o juzga a comuneros por no aceptar hacer parte de grupos irregulares.

Los recursos de transferencias, o mejor del SGP, llegan a los municipios quienes se encargan de su administración, no son las comunidades; es completamente inmoral decir, por puro manejo ideológico, que estas transferencias están siendo desviadas para financiar grupos irregulares ilegales.

Señalar lo anterior por la Senadora Cabal es un irrespeto con nuestras victimas quienes han sido heridas o asesinadas con un bastón haciendo control territorial precisamente enfrentando a estos grupos, ante la incapacidad o indiferencia cómplice del Estado. Ella ya ha aclarado el sentido que la impulsa: hay que acabar con el CRIC y con su guardia indígena.

¿La opinión nacional va a aceptar que argumentos que escuchamos cotidianamente en pasquines y panfletos delincuenciales se regularicen ahora en columnas de una Senadora que debería ser honorable?

Las 126 Autoridades Indígenas del CRIC y sus 10 pueblos mantenemos firme nuestros principios, orientados por la plataforma de lucha, no daremos nuestro brazo a torcer frente a las adversidades, persecuciones y señalamientos; el pueblo colombiano ha ido entendiendo como funciona la política de la mentira y la estigmatización. Como CRIC denunciamos el odio y la xenofobia que pretenden generar estos discursos y mentiras repetitivas y llamamos a los sectores sociales y democráticos para que avancemos en la construcción de una Colombia distinta a la que quieren sostener quienes los propugnan desde ámbitos legales e ilegales.

CUENTEN CON NOSOTROS Y NOSOTRAS PARA LA PAZ, NUNCA PARA LA GUERRA

Septiembre 10 de 2019