Este 19 de julio cumpliría sus 82 años de edad pero no pudo celebrarlos porque los espíritus mayores lo llamaron desde el otro espacio para encontrarse con otros compañeros de lucha en la conformación de la organización indígena del Cauca que hace algún tiempo había partido para atender un llamado similar. Se trata de Mario Tomás López Mapallo, un comunero del pueblo Kokonuko que había nacido en 1949 en el sector del Alto de la Laguna donde aprendió de sus padres el amor por la tierra, a trabajarla, pero lo mejor, a recuperarla de las manos de personas extrañas a su territorio que por diferentes mecanismos se las habían quitado a sus antepasados.
El viejo Mario era el octavo de once hermanos y fue uno de los primeros comuneros del resguardo de Kokonuko que conoció de cerca el nacimiento del Consejo Regional Indígena del Cauca y junto con otros nativos de la región determinaron la recuperación de la Hacienda Cobaló que se encontraba en manos de la Arquidiócesis de Popayán siendo el arzobispo Monseñor Miguel Angel Arce Vivas. Comentó que esa lucha tuvo el acompañamiento de líderes de ese entonces como Juan Gregorio Palechor, Santiago Camayo, Trino Morales, Julio Tunubalá y Miguel Secue, entre otros. Entre tanto de su territorio Recuerda a Gonzalo Gurrute, los hermanos Marco Anibal, Jesus Rey, Jorge y Edgar Alirio Avirama, Nelly Sauca, de una extensa lista que iniciaron ese proceso de recuperar esas tierras para dejárselas a las nuevas generaciones.
Pero según él y su familia, aunque en su momento en el grupo de trabajo de Cobaló le dejaron una parcela, determinó no quedarse en ella porque su interés era el de seguir fortaleciendo la organización regional y en consecuencia siguió su lucha apoyando otras recuperaciones, acompañando al Consejo Regional Indígena del Cauca como orientador de otras comunidades no solo de este departamento sino también de otras regiones del país donde se estaban gestando otras organizaciones. En ese andar se encontró con Marleny Yace con quien conformó una familia de la que aún le sobreviven sus hijos Mario, Blanca, Ximena, Niray, Magaly y Osana López Yace que también heredaron el gusto por trabajar la tierra, mantener la organización indígena así como la lucha porque las juventudes tengan una mejor vida.
Después de varios años de andar por las comunidades, de soportar las inclemencias del tiempo, de sufrir encarcelamientos, pero también de disfrutar de los logros que empezaba a tener el movimiento indígena en el orden local, zonal y regional retornó a sus quehaceres diarios en cultivos propios del clima frío así como a la crianza de ganado sin descuidar la marcha de esa organización que vio nacer, crecer y consolidarse.
Ese liderazgo ejercido en su comunidad lo llevó a ser elegido como gobernador del Cabildo Indígena en el cual también tuvo los cargos de Secretario y tesorero sin dejar de lado el proceso organizativo local y zonal y es así como en la década del 90 trabajó para lograr que las comunidades indígenas tuvieran su representante en la Asamblea Nacional Constituyente y en esas actividades, junto con otros dirigentes conformaron el Movimiento Cívico de Puracé lanzando como su primer candidato a la Alcaldía Municipal de Puracé a César Calambás. Luego trabajaría en el fortalecimiento de la Alianza Social Indígena, siempre con el ánimo que su comunidad se fortaleciera tanto en lo político como en lo político electoral y claro alcanzó el pasado domingo 19 de junio a celebrar en su lecho de enfermo el triunfo de Gustavo Petro en su aspiración a la Presidencia de la República. Últimamente aunque ya no hacía parte de ninguna estructura organizativa era motivo de consulta, participaba constantemente en las reuniones de los mayores que convocaba el CRIC, junto con otros de sus compañeros hicieron posible la publicación de una cartilla en la que contaron detalles sobre la recuperación de las tierras en su resguardo y era motivo de consulta por parte de la nueva dirigencia y de quienes tuvieron interés en la historia del movimiento social.
Infortunadamente desde finales del año anterior empezó a sentirse enfermo lo que motivó su tratamiento en una clínica de la capital caucana por espacio cercano a un mes de donde fue dado de alta para seguir siendo cuidado por parte de su familia. Allí, aunque continuamente tenía recaídas siempre mantuvo la fe en continuar adelante, no dejaba de brindarle asesoría y consejos tanto a su familia como a comuneros que lo visitaban para saludarlo. Cuando había la oportunidad de entrar a saludarlo siempre tenía interrogantes: ¿cómo va la organización? ¿Cómo va el CRIC? ¿Sí estarán haciendo algo esos haraganes?
A la media noche del 24 de junio esa fuerza que le caracterizó, ese arraigo por la vida, ese afán por ver un movimiento social fuerte se le acabaron, sucumbió ante las enfermedades. Sus pulmones dejaron de respirar, su corazón suspendió el bombeo de sangre y de inmediato partió del mundo terrenal para encontrarse con Marleny, su esposa y un hijo que le habían tomado la delantera. Llegó al otro espacio para encontrarse con sus amigos Juan Gregorio, Santiago, Gonzalo y muchos otros más donde a esta hora estarán reunidos para que a través de sus espíritus se mantengan las enseñanzas que permitieron la existencia de un movimiento indígena que ya traspasó las fronteras de lo local a lo zonal, de allí a lo regional y luego a lo nacional e internacional.
Al retornar a la tierra que lo vio nacer, a la misma por la que tanto luchó, a esa tierra que trabajó con entusiasmo deja unas enseñanzas bien importantes para quienes se mantienen en la vida terrenal, para quienes inician el camino por convertirse en los nuevos dirigentes y en general para las comunidades que hoy están luchando por las mismas razones que lo hizo el viejo Mario López.







