En un espacio de diálogo, reflexión y encuentro entre el movimiento indígena caucano y estudiantes de la Universidad del Valle, líderes sociales y representantes de los pueblos indígenas destacaron el papel fundamental que desempeña la juventud en la construcción de un país más justo, democrático y comprometido con la defensa de la vida y los territorios.

Durante la jornada, desarrollada en el Auditorio de la Facultad de Ingenierías de dicha Universidad, se entabló una conversación sobre los desafíos que enfrenta Colombia y la responsabilidad histórica que tienen las nuevas generaciones en la transformación social. El encuentro permitió fortalecer los lazos entre la academia, los movimientos sociales y los procesos organizativos que desde hace décadas trabajan por la defensa de los derechos colectivos, el cuidado de la Madre Tierra y la construcción de paz.

Uno de los mensajes centrales estuvo enfocado en la importancia de que la juventud mantenga una actitud crítica frente a la realidad del país. Desde el movimiento indígena se resaltó que los jóvenes no pueden convertirse en simples espectadores de los acontecimientos políticos y sociales, sino que deben continuar siendo protagonistas de los cambios que demanda Colombia.

“Los jóvenes no deben dejar de ser los actores que tienen que darle rumbo a este país. No pueden anestesiarse ni quedarse dormidos frente a lo que está ocurriendo. Son ellos quienes tienen en sus manos la posibilidad de construir y proteger el futuro”, fue una de las reflexiones compartidas durante el encuentro.

La conversación también evidenció la esperanza que existe en una juventud universitaria que cuestiona, analiza y participa activamente en los debates que atraviesan la sociedad colombiana. Una juventud que, más allá de pensar únicamente en su desarrollo individual, se preocupa por los problemas colectivos y por las condiciones de vida de las generaciones futuras.

En ese sentido, se destacó que la defensa del territorio, el agua, la biodiversidad y el medio ambiente se ha convertido en una de las principales banderas de las nuevas generaciones. Para los participantes, resulta alentador encontrar jóvenes que entienden que la naturaleza no puede seguir siendo vista únicamente como una fuente de explotación económica, sino como la base misma de la vida.

“Nos llena de esperanza ver jóvenes conscientes de que la tierra y el medio ambiente deben ser el eje principal de la vida. Que entienden que los páramos, las lagunas, el agua y los bosques no son mercancías, sino bienes fundamentales para la existencia de los pueblos y de la humanidad”, señalaron.

El encuentro también permitió reflexionar sobre el papel de la educación superior en la formación de ciudadanos críticos y comprometidos con las transformaciones sociales. Desde el movimiento indígena se reconoció la importancia de que las universidades continúen promoviendo espacios de análisis y pensamiento crítico que permitan comprender las desigualdades, construir propuestas colectivas y fortalecer la participación ciudadana.

Los asistentes coincidieron en que la academia y los movimientos sociales comparten múltiples propósitos: la búsqueda de una sociedad más equitativa, la defensa de los derechos humanos, el fortalecimiento de la democracia y la construcción de alternativas frente a los modelos que históricamente han profundizado las brechas sociales y ambientales.

En medio de la actual coyuntura nacional, las reflexiones también apuntaron a la importancia de la participación ciudadana como herramienta fundamental para definir el rumbo del país. Sin mencionar únicamente una elección, el llamado estuvo orientado a que las y los colombianos ejerzan su derecho a decidir y asuman con responsabilidad los retos que enfrenta la nación.

Para los movimientos sociales, estudiantiles e indígenas, el momento que vive Colombia exige compromiso, conciencia y participación. Por ello, diversos sectores han manifestado su respaldo a propuestas políticas que han acompañado históricamente las luchas por la paz, la defensa de los territorios, la justicia social y la protección de la vida, representadas hoy por liderazgos como los de Iván Cepeda y la mayor Aída Quilcué.

Finalmente, el mensaje estuvo dirigido especialmente a la juventud, invitándola a mantener viva la esperanza y a seguir construyendo procesos organizativos que permitan avanzar hacia un país donde la dignidad, la solidaridad y el cuidado de la Madre Tierra sean principios fundamentales.

Porque el futuro de Colombia no se construye desde la indiferencia. Se construye desde la participación consciente, desde el pensamiento crítico y desde la convicción de que otro país es posible cuando los pueblos, los estudiantes y las comunidades caminan juntos por la defensa de la vida.

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