«El Cine nace del encuentro con la materia” Lecciones del profe Santiago Chacón en el Festival de Cine Indígena del CRIC

En el marco del Festival de Cine Indígena del CRIC, la palabra se convirtió en cámara y el pensamiento en lente, la jornada contó con la presencia del profe y cineasta payanés Santiago Chacón Narváez, quien compartió con colectivos de comunicación de la Red AMCIC, estudiantes del SENA, la FUP y la Universidad del Cauca, una reflexión profunda sobre la escritura cinematográfica, la paciencia y el arte de la reescritura.

“Escribir un guión es un proceso de reescritura constante y de desapego”, dijo el profe ante un auditorio atento, su voz pausada resonaba entre jóvenes realizadores que tomaban nota con la misma pasión con la que él hablaba del dolor de eliminar un plano amado, una escena querida, un fragmento que ya no funciona. Explicó que el guión es una inspiración repentina ni un golpe de suerte creativa, sino una construcción paciente, donde la historia se reescribe tantas veces como la vida misma. “La obra nunca está terminada solo se abandona”, apuntó citando a sus maestros.

Del sueño de la inspiración al encuentro con la materia.

En diálogo con los asistentes, el cineasta resaltó a la documentalista Martha Hincapié: “El cine nace del encuentro con la materia”, para el profe Santiago, las ideas no emergen del aire ni de “pajazos mentales”, sino del contacto con lo real: una montaña, un río, una ruptura amorosa o el rostro de una comunidad, ese “choque con la materia” es donde brota la historia. “Hay que estar altamente sensibles para encontrarse con la materia”, insistió. “La sensibilidad no se enseña; se cultiva observando, escuchando, caminando el territorio”.

Cuando el profe compartió el trabajo del cineasta con el acto de resistir a la velocidad del mundo digital. “Vivimos en la era del ya, del video de un minuto, del corte cada tres segundos, pero el cine no es eso, el cine requiere tiempo, paciencia y silencio”. Recordó el caso de Lucrecia Martel, quien tardó quince años en realizar su última película, como ejemplo del valor del proceso lento. “Nuestro trabajo es un eterno se vienen cositas forever dijo entre risas, porque siempre estamos esperando el momento en que la historia madure”.

Entre la estructura y la libertad.

El profe también invitó a los asistentes a cuestionar las fórmulas y manuales que dominan la industria cinematográfica. “Las estructuras narrativas estandarizan la creación y muchas veces imponen la historia sobre la materia, pero también existen narrativas no estructuradas, nacidas de la observación, del caos, del error”. Esa mirada alternativa, según el profesor, es esencial para el cine indígena y comunitario, porque permite narrar desde el territorio, sin obedecer a márgenes externos “Cuando filmamos desde el sur, desde nuestras realidades, debemos atrevernos a observar distinto, a romper el molde”,.

Ficción y no ficción: la mirada que crea realidad.

Uno de los debates más bonitos surgió cuando el ponente afirmó que toda película es ficción, incluso el documental. “Desde que ponemos una cámara, ya estamos interpretando el mundo, no hay objetividad pura, hasta nuestros ojos ficcionan la realidad”. Esa afirmación generó murmullos, reflexiones y preguntas entre los estudiantes, quienes vieron cómo la frontera entre ficción y documental se desdibujaba ante la idea de que toda mirada es política, toda toma es una decisión ética.

Del fuera de campo a la sensibilidad.

Para el profe payanés, el poder del cine está tanto en lo que se muestra como en lo que se omite. “El fuera de campo también cuenta, a veces lo que no se ve es lo que más se siente”, explicó, citando ejemplos de películas donde el silencio y la ausencia tienen más peso que la imagen explícita, “El fuera de campo es memoria, intuición y respeto. En comunidades, ese cuidado visual es también una forma de ética cinematográfica”.

El encuentro entre el periodismo y el cine.

El profe Santiago Chacón no perdió la oportunidad de diferenciar la mirada periodística centrada en la inmediatez y la acción de la mirada cinematográfica anclada en la observación y la reflexión, mencionó el cortometraje La Soufrière, del cineasta Herzog, como ejemplo de cómo el periodismo busca la explosión, mientras el cine se queda con el silencio del volcán y con la historia del hombre que decidió no huir. “El cine no da voz al que no la tiene, porque todos tienen voz, lo que hace el cine, especialmente el Cine Indígena, es amplificar esas voces sin sustituirlas”, expresó con firmeza, en uno de los momentos más atendidos de la jornada.

Entre estudiantes, comunicadores comunitarios y realizadores de la red AMCIC, el mensaje final fue claro:
Hacer cine no es aprender técnica, sino aprender a mirar distinto, observar con respeto, sentir la materia, escribir con paciencia y reescribir con desapego, el cineasta remató ese tejido invitando a los jóvenes a buscar sus propias moléculas creativas.

“No critiquen lo que no aman, encuentren los libros, las películas y las historias que les conmuevan, allí está su voz, allí está su mirada”.

El Festival de Cine Indígena del CRIC reafirmó su papel como espacio de encuentro entre la palabra, la imagen y la comunidad, en Popayán, donde forma ese fogón de saberes del territorio, pensamiento académico y arte popular, las ideas del profe Santiago Chacón recordaron que hacer cine es también un acto político y espiritual: una forma de mirar el mundo con sensibilidad, paciencia y verdad.

Por: Programa de Comunicaciones CRIC.

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