CONSEJO REGIONAL INDÍGENA DEL CAUCA – CRIC
PROGRAMA DE DEFENSA DE LA VIDA Y LOS DERECHOS HUMANOS
Desde el Programa de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos del CRIC, RECHAZAMOS y DENUNCIAMOS que ayer, 16 de diciembre, la población de Buenos Aires, Cauca, vuelve a ser tratada como objetivo militar. La incursión y ataque armado desplegado por las disidencias de las FARC contra la comunidad se prolongó por cerca de siete horas y dejó cientos de personas desplazadas y al pueblo devastado. Estos hechos, despreciables y desproporcionados, no solo violan el DIH, los principios de distinción y de humanidad, además, constituyen acciones sistemáticas y planificadas que buscan quebrar las estructuras de resistencia de los pueblos, desorganizar la vida comunitaria e imponer el miedo como mecanismo de control sobre la cotidianidad, arrebatándole a la gente el derecho de caminar y habitar su territorio.
Así mismo, CONDENAMOS, el paro armado impuesto por el ELN en todo el territorio nacional, y como este se presenta como una “medida política”. Señalamos la incoherencia de decir que el paro armado es “contra el imperialismo” mientras amenazan, confinan a la población y ponen cilindros bomba en las carreteras y caminos del Cauca, en territorios cuya población indígena, negra y campesina ha sido históricamente golpeada por el abandono estatal, el racismo, el despojo y la violencia armada. Si el “enemigo” es el poder, ¿por qué el castigo cae sobre la gente pobre, sobre las personas de a pie? Si la causa es “política”, ¿por qué el costo lo pagan las comunidades que menos tienen y más han resistido? Eso no es lucha, no es revolucionario, no es político y los convierte en criminales.
Lo que pasa en Buenos Aires, al igual que lo sucedido en Jámbalo, Corinto, Morales, Silvia, Santander de Quilichao, Padilla, Suarez, Inza, Páez – Belalcazar, El Patía, entre otros, no son hechos aislados. Demuestran la violencia sistemática que atraviesa al Cauca y a Colombia, territorios convertidos en corredores de guerra, economías ilegales imponiendo normas en las comunidades, disputas armadas que usan a la población como escudo, amenazas y asesinatos a liderazgos, confinamientos, desplazamientos, reclutamiento y ataques que se repiten, escondidas bajo estructuras de distintos nombres, pero siempre con la misma intención, disciplinar al pueblo y quebrantar sus formas organizativas. En nuestro departamento la guerra se transforma, pero la víctima se repite y es la comunidad. Por eso, le decimos a los criminales del ELN y de las disidencias, que ninguna comunidad es un objetivo militar legítimo, no somos mensajes, ni vitrinas de exposición para demostrar fuerza y capacidad armamentista, no somos botines, ni escudos. Somos territorios vivos y nos resistiremos a cualquier imposición armada. Ningún actor armado tiene derecho a dictar cómo se vive, cuándo se transita, quién se queda o se va del territorio. Este territorio es nuestro y aquí quien manda, siempre será la comunidad.
Desde el Programa de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos del CRIC hacemos un llamado a la solidaridad de los pueblos, la indiferencia jamás será el camino para hacerle frente a la degradación que el proyecto de muerte ha querido imponer en nuestros territorios. Hoy mas que nunca la UNIDAD debe ser nuestra herramienta de resistencia, nuestra historia común debe pesar más que nuestras diferencias.
Finalmente, al estado colombiano, le exigimos que asuma su responsabilidad con hechos concretos, no con declaraciones, necesitamos presencia y garantías reales, acción humanitaria urgente, protección colectiva y diferencial, y respeto por las Autoridades y mecanismos propios de los pueblos. Porque la impunidad y el silencio institucional terminan siendo otra forma de violencia.
Cuenten con nosotros para la paz y nunca para la guerra.






