En el cuarto y último día de la Cuarta Minga del Arte Indígena, el Círculo de la Palabra dedicado a la música y la oralidad reunió a artistas, comunicadores y procesos organizativos de Colombia y Guatemala para reflexionar sobre el papel del arte como herramienta de resistencia, memoria e identidad de los pueblos indígenas.

El encuentro inició con la presentación de la chirimía Wayra Kuna Taki, del pueblo Yanacona de Caquiona, marcando el tono de un espacio donde la música, la palabra y la comunicación propia fueron reconocidas como expresiones vivas de la pervivencia cultural. Moderado por Esteilen David Dicué Morales comunicador del pueblo nasa, este diálogo contó con la participación de Wilfredy Chindicue, conocido artísticamente como Nasa Soy, rapero del pueblo Nasa; Wilber Jiménez, integrante del proceso de fortalecimiento de la música tradicional de la Institución Educativa Santa María de Caquiona; y los invitados internacionales Noel Ismaléj, del pueblo Achí, y César Gómez, del pueblo maya Poqomam, ambos integrantes del Movimiento de Redes Comunitarias de Guatemala.

 

Durante la conversación, las y los participantes compartieron las experiencias que dieron origen a sus procesos artísticos. Para Wilfredy Chindicue, el camino hacia el rap estuvo marcado por una búsqueda de identidad. Recordó que durante su infancia muchas expresiones de la cultura Nasa eran señaladas como “brujería”, mientras que la migración lo llevó a distanciarse de sus raíces. La muerte de un familiar transformó su manera de entender el territorio y le permitió reconocer el talento de muchas personas que no encontraban escenarios para expresar sus capacidades. Inspirado por otros jóvenes indígenas que utilizaban el rap en redes sociales, descubrió en este género una herramienta para dialogar con las nuevas generaciones desde el idioma nasa yuwe.

Por su parte, Wilber Jiménez explicó que su vínculo con la chirimía nació desde muy pequeño como una pasión personal que con el tiempo se convirtió en un compromiso con el fortalecimiento de la identidad cultural del pueblo Yanacona. Destacó que hoy este proceso también ha permitido transformar antiguos imaginarios, promoviendo una participación cada vez más activa de las mujeres en agrupaciones de música tradicional.

Desde Guatemala, Noel Ismaléj y César Gómez compartieron la experiencia del Movimiento de Radios Indígenas Comunitarias, una iniciativa que surgió como respuesta a la necesidad de contar las realidades de los pueblos desde sus propias voces y en sus idiomas originarios. Recordaron que, tras los Acuerdos de Paz, se reconoció la importancia de fortalecer procesos de comunicación propios, aunque su implementación aún continúa siendo una deuda del Estado guatemalteco. Los comunicadores explicaron que las primeras transmisiones se realizaron con equipos prestados durante actividades comunitarias y que, con el paso de los años, las radios se consolidaron como escenarios para educar, fortalecer la identidad y reclamar derechos históricamente negados. Señalaron además que la comunicación en idiomas propios genera una mayor apropiación por parte de las comunidades y fortalece los procesos organizativos.

Al responder qué historias cuentan el rap, la chirimía y la radio en sus territorios, las respuestas coincidieron en un mismo horizonte: transmitir mensajes de paz, resistencia, identidad y orgullo por las lenguas maternas. El rap rompe estigmas sobre los pueblos indígenas y dialoga con las juventudes; la chirimía evoca el territorio y fortalece la memoria colectiva; mientras que la radio comunitaria mantiene vivas las voces, las luchas y los conocimientos que difícilmente encuentran espacio en los medios de comunicación comerciales.

Durante el conversatorio también se abordó la situación que enfrentan las radios comunitarias en Guatemala, las cuales aún no cuentan con reconocimiento legal ni financiación estatal. Recordaron que, pese a los avances obtenidos tras una sentencia favorable contra el Estado guatemalteco en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, todavía existen procesos judiciales abiertos contra comunicadores indígenas que impulsaron emisoras comunitarias para garantizar el derecho a la comunicación de sus pueblos.

Como parte del intercambio cultural, la chirimía interpretó la melodía “La mata de haba”, mientras que Wilfredy Chindicue realizó una demostración en vivo de producción musical, evidenciando cómo las herramientas tecnológicas actuales permiten que las juventudes indígenas produzcan, graben y difundan sus propias propuestas artísticas. Esta experiencia fue destacada como un ejemplo de cómo la tecnología puede democratizar el acceso a la creación musical y ampliar las posibilidades de expresión para quienes desean aportar desde el arte a sus territorios.

Las delegaciones guatemaltecas reconocieron que espacios como la Minga del Arte representan una experiencia inspiradora que esperan replicar en sus comunidades, al considerar que el intercambio entre artistas, comunicadores y pueblos fortalece los procesos de organización cultural. Por su parte, Wilfredy Chindicue dirigió un mensaje a las juventudes indígenas, afirmando que el rap transformó su vida al permitirle encontrar un propósito para servir a su pueblo. Invitó a las nuevas generaciones a amar el arte que realizan y a seguir construyendo desde la música, la comunicación y la cultura, convencido de que cada creación puede convertirse en una herramienta para fortalecer los territorios y mantener vivos los legados ancestrales.

El diálogo concluyó con un mensaje compartido entre todas y todos los participantes: el arte es una forma de resistencia y un camino para garantizar la pervivencia de los pueblos indígenas. Los dialogantes recordaron las enseñanzas de los mayores del pueblo maya, quienes invitan a “no dar pasos por darlos, sino mirar el camino”, como una forma de construir procesos con memoria y sentido colectivo.

Por: Programa de Comunicaciones – CRIC