Colombia es un mosaico de culturas, etnias y realidades sociales donde las mujeres son el hilo conductor de la resiliencia, la innovación y el progreso. Se destaca el papel indispensable de las mujeres indígena para la preservación cultural, la defensa ambiental y la construcción de la paz de las comunidades, pese al conflicto armado marcado por la presencia de grupos armados ilegales y disputas por el poder derivados de la violencia histórica bipartidista que aún persiste en el presente.
En este sentido, las mujeres indígenas, a pesar de enfrentar múltiples desafíos y desafortunados encuentros por la violencia generalizada que es impulsada por discursos autoritarios y discriminatorios, así como por la violencia política que ha derivado en crímenes de guerra y de lesa humanidad, deteriorando las condiciones de vida y seguridad para si mismas, como para sus comunidades, han sido las mujeres indígenas las que han asumido una férrea defensa del territorio, demostrando una resistencia inquebrantable a lo largo de la historia
… un ejemplo de ello, “es la Cacica Gaitana o (Cacica Guaitipan) quien en el siglo XVI lidero la resistencia contra la invasión española en la región del Huila. De forma mas reciente, el papel de las mujeres en las luchas de recuperación del territorio, por los años 70 en el Cauca y Tolima, donde tomaban posesión del territorio junto a sus hijos al ser los hombres encarcelados.
Las mujeres indígenas son la primera línea de la defensa y cuidado de la vida, son el eje político de la acción, son las que salvaguardan las tradiciones ancestrales, los saberes medicinales, las prácticas agrícolas sostenibles y las formas de organización social que han perdurado en el tiempo y las adversidades. En este sentido, la mujer es la principal transmisora de la lengua, las costumbres y las tradiciones de su pueblo a través de la oralidad, la música, la danza y el tejido, la que ayuda a construir la memoria colectiva.

Al hablar en lengua propia, fortalecen el sentido de pertenencia de las nuevas generaciones, y abrazan ese dialogo intergeneracional para no olvidarlo, para nutrir con ello las relaciones milenarias político-espirituales de sus comunidades; para gestar el pensamiento y de ahí las diversas formas de dar sentido a la realidad y, por tanto, la forma como construir una cultura.
Son las guías, las orientadoras de los diferentes procesos, tanto en los hogares como en las comunidades. Para los territorios Yanaconas, las mujeres encauzan los valores como el respeto y el amor por la Pachamama, son quienes engrandecen la participación de la familia, cuidan, educan a los hijos y enseña los cuidados del entorno desde los primeros días de vida; por eso llevan a cuestas a los niños en su espalda durante sus labores cotidianas. De esta manera, fomentan el significado del ser indígena y forjan una relación profunda y respetuosa de cuidado con los espacios de vida.
En los pueblos Nasa, Wayuu, Emberá y Kogui, entre otros, las mujeres desempeñan un papel central en las ceremonias, ya que adquieren la habilidad y la sensibilidad para comunicarse con sus ancestros, con las cumbres nevadas, con el conocimiento de los ríos y de la tierra, descifrando los mensajes de la naturaleza; lo que permite dar cuenta del gran valor para la comprensión de las relaciones físico-espirituales y lo fundamental que son para la cohesión social y la identidad cultural.
En el entorno artístico, la mujer indígena es creadora y portadora de expresiones que reflejan la cosmovisión de su pueblo. La elaboración de tejidos, cerámicas, cestería y otros objetos artesanales que no solo tienen un valor estético, sino que también es un medio para transmitir conocimientos, fortalecer la autonomía económica y local de quienes lo realizan. “Para las comunidades Nasa, los sueños son los tejidos de cada hebra y se refleja en los hogares de convivencia familiar que fluye en armonía con la naturaleza; razón por la cual, el tejido, las casas y la vida familiar son la manera sencilla y practica que se tiene para entrelazar las historias, las palabras y los conocimientos que conectan, tanto a los niños como a los adultos, permitiendo proyectar hacia el futuro”.

En el eje de cuidado, protección del medio ambiente, la diversidad y los ecosistemas, las mujeres indígenas alzan la voz como principales guardianas de los entornos naturales, los recursos y los medios de vida comunitarios. Su trabajo en la chagra, la siembra y el cultivo de plantas alimenticias y medicinales nutre la tierra, fomenta la biodiversidad y asegura la sostenibilidad a largo plazo mediante el cultivo de diversas plantas que se benefician mutuamente. Este conocimiento ancestral arraigado en un profundo vínculo con la tierra, permite preservar prácticas de medicina tradicional y siembra, garantizando la salud comunitaria en zonas de acceso limitado a servicios médicos por las difíciles condiciones territoriales, así como la seguridad alimentaria para sus familias y comunidades.
“En el municipio de Villagarzón, las mujeres asumen el papel de Wuasikamas, actuando como vigilantes y defensoras de la tierra frente a invasores ilegales. Su liderazgo manifiesta diversas formas, incluyendo la convocatoria a asambleas comunitarias de defensa, hasta la resolución de litigios con el gobierno y las corporaciones multinacionales que amenazan sus tierras. De igual manera, salvaguardan los espacios de vida oponiéndose a la deforestación, la minería ilegal y la sobreexplotación de recursos, mientras que impulsan métodos sostenibles inspirados en las tradiciones del pueblo inga”.
Actualmente, en un contexto global marcado por la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad, debido al extractivismo de minerales y petróleo, la deforestación por monocultivos de exportación, la pesquería de altura y la sobreproducción de gases de invernaderos por fábricas y mega fábricas, las mujeres indígenas tienen un papel de gran relevancia, ya que son ellas las que han salido a las calles, configurado marchas, acciones de protesta para reclamar y denunciar los crímenes contra el medio ambiente, forjando redes nacionales como la Red Latinoamericana Defensoras de Derechos Sociales y Ambientales, llevando su voz para la creación de políticas públicas, proyectos y leyes en pro de la lucha por la justicia económica, ecológica y de género.
Lideres indígenas como Patricia Gualinga, originaria de la Amazonia ecuatoriana, han enfrentado, no solo los efectos ambientales, sino también el patriarcado local que se visibiliza a través de diferentes acciones y facetas. Entre las limitaciones se encuentran los espacios institucionales que han sido en su cotidianidad controlados por hombres, la exclusión de las mujeres de cargos de liderazgo o representación debido a estereotipos de género, falta de apoyo y finalmente, las divisiones en los liderazgos masculinos que, con facilidad aceptan compensaciones económicas que no resuelven los problemas de fondo; razón por la cual se han dado a la creación de grupos de mujeres militantes activas frente a temas del medio ambiente, calidad de vida, los derechos y variantes del feminismo.
Asociado a su compromiso con la conservación del medio ambiente, también se destaca el liderazgo de las mujeres indígenas en la defensa de los derechos humanos, la construcción de paz y la defensa del territorio como espacio de vida. Durante décadas, las mujeres indígenas han enfrentado una fuerte discriminación al derecho a la propiedad y el acceso a la tierra; exacerbada por el conflicto armado y las practicas patriarcales que restringen su participación en la toma de decisiones y que rompen con el equilibrio de los territorios.

En un contexto de guerra, el cuerpo de la mujer indígena ha sido profanado y utilizado como una estrategia o arma de guerra para infundir terror, sufriendo de manera recurrente acosos, abusos físicos y violencia sexual por diversos actores armados tanto legales como ilegales. Esta problemática ha afectado a miles de mujeres indígenas, según la ONU (2022) en su informe sobre violencia de género en el postconflicto que evidencia mas de 15000 casos de violencia sexual desde 1985, ocasionando una gran vulnerabilidad nivel física, psicológica, espiritual. A pesar de ello, estas mujeres han demostrado una resiliencia extraordinaria, al organizarse para proteger sus territorios, denunciar injusticias, reparaciones en foros internacionales y promover procesos de diálogo y reconciliación.
Es el caso de las mujeres Emberá que en medio el conflicto armado continuaron desarrollando estrategias para asegurar la pervivencia y salvaguarda de su cultura. Un ejemplo emblemático es el caso del Resguardo Indígena Emberakatio, Territorio Cuti, presentado como medida para la restauración de derechos territoriales, donde las mujeres Emberá, junto a algunos niños y niñas Cuti defendieron su comunidad ante fenómenos como el paramilitarismo y sus graves consecuencias que se imponían en el corregimiento del Gingal (Putumayo). Se adaptaron a la presencia y dinámicas de estos actores, sobreviviendo a las condiciones impuestas por la guerra y teniendo como eje de resistencia sus acciones colectivas.
Es de resaltar los numerosos casos en que mujeres indígenas han asumido roles de liderazgo, tanto en comunidades locales como en espacios de carácter nacional e internacional, abogando incansablemente por el reconocimiento de sus derechos y la inclusión efectiva de sus voces en la toma de decisiones. Figuras como las Wuasikamas en Villa garzón, la cacica Gaitana en Tierradentro o las guardianas Emberas del Resguardo Embera Katío Cuti, las Nasas en el Norte del Cauca, las Yanakunas en el occidente, las Wayu, Kogui y demás mujeres que integran el mundo indígena, ejemplifican la resistencia, defendiendo el territorio ante invasores, paramilitares y el patriarcado, mientras trasmiten valores como el respeto a la Pachamama y los espacios de vida a través de practicas cotidianas que permitan dejar como legado el aprendizaje intergeneracional.
En este sentido, es de vital importancia que la sociedad colombiana reconozca y valore la contribución de las mujeres indígenas. Esto implica respetar sus derechos, apoyar sus iniciativas y promover un diálogo intercultural que permita construir un país más justo e inclusivo. De igual manera, se reafirma que su participación es clave para garantizar la paz, y que las políticas públicas, los proyectos y las leyes respondan a las necesidades y aspiraciones de los pueblos indígenas.






