El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) tiene su origen en el año 1971 como una respuesta a los despojos de tierras, la explotación laboral y la discriminación que afectaban a los pueblos indígenas del Cauca. Fue fundado el 24 de febrero de ese año en el resguardo de Toribío, Cauca, con la participación de cinco cabildos indígenas: Toribío, San Francisco, Tacueyó, Jambaló y Totoró, además de representantes del pueblo Misak y de los municipios de Corinto y Miranda. ​ 

Su creación se dio con el objetivo de recuperar tierras, fortalecer los cabildos indígenas, defender la cultura y la lengua, y luchar por la autonomía y el autogobierno. Desde su inicio, se plantearon principios rectores como unidad, tierra, cultura y autonomía, y se definió una plataforma de lucha que incluye la protección de los recursos naturales y la pervivencia cultural de los pueblos indígenas. ​

Los mayores indígenas orientaron la construcción de los principios fundamentales del CRIC y del Plan de Vida de los pueblos indígenas del Cauca, basándose en la cosmovisión, las leyes de origen, la memoria colectiva, la historia y los valores ancestrales de cada pueblo. Promovieron la armonía y el equilibrio entre los seres humanos, la naturaleza y los espíritus, así como el respeto, la reciprocidad y la conservación del territorio como espacio de vida. ​ Además, fortalecieron la identidad cultural, la autonomía, la unidad, la defensa del territorio, la protección de los recursos naturales y la revitalización de las lenguas y costumbres indígenas. ​ 

Esta sabiduría, conocimiento y vivencias culturales fueron clave para la elaboración de los Planes de Vida de los territorios y comunidades que empezaron a ser parte de la organización, los Proyectos Educativos Comunitarios (PEC) y las políticas de conservación y manejo del territorio, asegurando la pervivencia de los pueblos indígenas frente a desafíos externos y amenazas al territorio. ​

En las prácticas ancestrales, los usos y las costumbres desde la cosmovisión indígena propia desempeñaron un papel fundamental en la creación del CRIC, ya que fue la base para la construcción de ese proyecto político, social y cultural. La orientación de los mayores guio los inicios de la organización que se soñaba como la solución a los problemas de los pueblos indígenas en aspectos como el territorio, el autogobierno, la salud, la educación, la economía propia, la armonía con la naturaleza y la cultura. ​ Este reto se fundamentó en las leyes de origen, que regulan y armonizan la vida de las comunidades, promoviendo el equilibrio entre el hombre, la naturaleza y los espíritus. ​ 

Además, incluía orden en la elaboración de los Proyectos Educativos Comunitarios (PEC), la investigación, la pedagogía propia y el fortalecimiento de las lenguas indígenas, fomentando la recuperación de valores culturales y lingüísticos. ​El conocimiento de los mayores y mayoras consolidaba la construcción de sistemas de salud y educación propios, respetando y fortaleciendo las culturas indígenas, y se manifestaba en rituales, prácticas tradicionales y la relación con la tierra como madre y fuente de vida. ​

Es por eso la cosmovisión indígena estuvo desde los inicios, profundamente vinculada con la conservación, ya que se basa en principios como el respeto, la reciprocidad y la armonía con la naturaleza. ​ Para los pueblos indígenas, la tierra es considerada un ser vivo, madre y fuente de vida, lo que implica una relación de cuidado y protección hacia los recursos naturales. ​ Esta visión promueve la protección de ecosistemas como bosques, páramos y fuentes de agua, considerados sagrados y esenciales para la supervivencia cultural, espiritual y ambiental. ​

La conservación se entiende como una responsabilidad colectiva que incluye prácticas sostenibles como la reforestación con especies nativas, el manejo adecuado de cultivos, la recuperación de semillas autóctonas y la gestión equilibrada de los recursos naturales para evitar su agotamiento. ​ Además, se integran rituales y normas culturales que buscan mantener el equilibrio entre los seres humanos y el entorno natural, asegurando la sostenibilidad y la pervivencia de las comunidades y de la biodiversidad para las futuras generaciones. ​

Otro de los puntos fundamentales fue el Sistema Educativo Indígena Propio (SEIP), el modelo educativo propio que comenzó a articular procesos comunitarios, interculturales y bilingües, administrados por las propias autoridades indígenas. Este sistema inició desde la vivencia de los mayores orientado por cinco valores fundamentales como la espiritualidad, identidad, participación comunitaria y diversidad e interculturalidad. 

La apuesta de la educación fue una forma de darle respuesta a la violencia​ ​que afectaba a las comunidades indígenas, puesto que consolidar la educación intercultural, revitalizar las lenguas originarias y garantizar el acceso y permanencia en todos los niveles educativos. ​ Sin embargo, este desafío enfrentaba riesgos alarmantes al punto de perder la vida; como resultado, líderes y lideresas de la guardia indígena, mayores, mayoras y autoridades indígenas asesinados en el marco del conflicto armado.

Así mismo, se orientó el plan de vida del CRIC, como una herramienta integral que buscaba reconstruir el pasado, reafirmar el presente y proyectar el futuro de los pueblos indígenas. Su enfoque se basaba en principios como la reciprocidad, solidaridad, armonía y principios políticos como unidad, tierra, cultura y autonomía. ​

Para los mayores, su aplicabilidad consistía en darle fuerza desde los territorios a la organización para acompañar el proceso político organizativo desde las bases. Es por eso que entre sus ejes estratégicos destacaron el territorio donde estaba incluido la recuperación y ampliación de tierras es esencial para garantizar la soberanía alimentaria y la preservación cultural. ​ Actualmente, los resguardos indígenas cuentan con hectáreas, pero enfrentan desafíos como la escasez de tierras productivas y la necesidad de legalización de territorios. ​

El Medio Ambiente el cual propone la creación de una Autoridad Territorial Económico Ambiental Indígena para proteger ecosistemas estratégicos como páramos, bosques y fuentes hídricas. Y la producción que promueve sistemas tradicionales como el tul (huerta familiar) y proyectos agroecológicos, ganadería sostenible y piscicultura. ​

En los ámbitos de educación y salud, el Plan de Vida Regional refuerza el SEIP y el Sistema de Salud Indígena, que combina medicina tradicional y occidental. Instituciones como la Universidad Autónoma Indígena Intercultural (UAIIN) y las IPSI son pilares de estos sistemas. ​

El Consejo Regional Indígena del Cauca representa diferentes modelos de resistencia y reivindicación de los derechos ancestrales de los pueblos indígenas del Cauca y de Colombia. Su constitución representó desafíos significativos para la transformación, orientación y esperanza de problemáticas como la desescolarización, la pérdida de lenguas originarias, la inequidad en la distribución de recursos y la presión de modelos económicos externos.

Su garantía de éxito fue fundamental en el reconocimiento del Estado para respaldar las iniciativas, dignificando la vida, fortaleciendo la educación y respetando la diversidad cultural. Además, es necesario avanzar en la legalización de los territorios indígenas y en la protección de sus derechos sobre el territorio. ​

Desde su origen, el CRIC no solo buscaba mejorar las condiciones de vida de las comunidades indígenas, sino también posicionar su cosmovisión como una alternativa sostenible y respetuosa con el medio ambiente, que podría inspirar cambios profundos en la manera de entender el desarrollo y la convivencia en las siguientes décadas generando esperanza en las futuras generaciones.

Plantilla infografía-11

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