En los territorios indígenas del Cauca, la comunicación es un acto político, territorial y espiritual que ha permitido fortalecer las formas propias de comunicar al interior de las comunidades. Con el paso del tiempo las emisoras indígenas han sido el medio para difundir información en las comunidades y quienes han acompañado luchas, mingas, procesos comunitarios y culturales para resguardar la memoria y la identidad de los pueblos del Cauca y fortalecer los procesos organizativos, el pensamiento propio y el tejido social.

En esa construcción comunicativa nace la necesidad en La Bota Caucana, ubicada al sureste del departamento del Cauca de crear una emisora indígena, puesto que aún no cuentan con emisoras propias que representen su palabra desde el territorio, el cual cuenta diferentes pueblos como los Inga y Yanakona, Misak, Nasa y Emberá-Chamí. 

Estos pueblos enfrentan una brecha comunicativa significativa, pues la ausencia de medios propios como emisoras, centros de producción o sistemas de comunicación organizados, ha limitado el ejercicio pleno de su derecho a la palabra y al relato colectivo.

Melissa Quiñayas, comunicadora del pueblo Yanakona, expresó con fuerza la necesidad de que su comunidad cuente con una emisora que les permita narrarse desde adentro, “así como los demás tienen emisoras, en la Bota también nos vendría bien una emisora que sea nuestra, con nuestras propias voces.”

La reflexión de Melissa, es una expresión de lo que se siente en muchos rincones del Cauca, donde el derecho a la comunicación no ha llegado con la misma fuerza. La desconexión no es solo técnica, también es organizativa, económica y simbólica.

Llevar una emisora comunitaria a estos territorios es abrir un espacio de comunicación con los mayores, una herramienta pedagógica para la niñez y una plataforma para defender el territorio frente a amenazas extractivistas y un espacio para que las mujeres y juventudes indígenas fortalezcan su liderazgo.

Hablar de comunicación en los territorios indígenas, es hablar de lucha, de memoria, de vida. La comunicación propia nace del sentir del territorio y de las dinámicas comunitarias, se convierte en una herramienta de resistencia frente a múltiples formas de despojo que actualmente vive los resguardos.

En territorios como la Bota Caucana, donde el acceso a internet es limitado y las distancias geográficas dificultan la conectividad con los centros organizativos, la posibilidad de contar con una emisora indígena se vuelve urgente, pues la radio permite hablar con las comunidades en tiempo real, en su propia lengua y en su propio contexto.

Estas emisoras no solo informan, sino que también orientan a las comunidades. Además, no solo reproducen contenido, sino que lo crean, lo cuidan y lo multiplican desde una perspectiva propia para fortalecer la visibilidad cultural y comunitaria permitiendo narrar la vida desde adentro, desde la tulpa, desde el sentir colectivo.

Frente a modelos mediáticos que promueven el consumo, la fragmentación y la desinformación, las emisoras indígenas proponen otra lógica como la palabra tejida, la palabra que cura, la palabra que camina con el pueblo. En muchos sentidos, las emisoras indígenas son como los fogones radiales, donde se cocina el pensamiento propio, donde se siembra la conciencia y se cosecha organización.

Por ello, en los resguardos de Mandiyaco, Richaricuna, Descanse o Piamonte, una emisora podría ser el espacio donde las juventudes dialoguen con sus mayores, donde se archiva la historia oral del pueblo, donde se forman nuevos comunicadores desde el territorio para el territorio. Contar con medios propios es clave para mantener una visión crítica y autónoma porque permiten alertar, convocar y resistir. Además de dar voz a las mujeres, a la guardia indígena, a los líderes comunitarios y a quienes defienden la vida con la palabra como bastón.

En esta perspectiva, una emisora en la Bota Caucana no puede verse como un proyecto “de cobertura”, sino como un proyecto de vida. Uno que permita recuperar el territorio desde el relato, desde la identidad, desde la escucha mutua, puesto que los pueblos no solo necesitan infraestructura técnica, sino que también necesitan garantías organizativas, acompañamiento político, formación desde sus propios principios. Y ahí, la comunicación propia es una de las herramientas más potentes para cuidar el proceso, proteger el pensamiento y defender la vida.

En el movimiento indígena del Cauca, no se camina solo, se camina en desde los procesos colectivos en defensa del territorio, de la cultura y de la vida, convirtiéndose en una estructura organizativa sólida, construida con el tiempo y con la palabra. En ese sentido, la comunicación propia no ha sido la excepción, pues ha crecido desde los cabildos, se ha articulado en las zonales y ha tomado forma regional con el impulso del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

Desde sus inicios, el CRIC entendió que el derecho a la comunicación es también el derecho a existir políticamente. Por eso, con la creación del Programa de Comunicaciones, se abrió una línea organizativa que ha dado vida a colectivos, procesos radiales, escuelas de formación y materiales impresos. Hoy, esa semilla continúa creciendo a través de espacios como la Red AMCIC (Asociación de Medios de Comunicación Indígenas de Colombia).

La Red AMCIC no solo conecta emisoras indígenas, sino que conecta procesos comunicativos locales, teje pensamientos, articula diversas voces en un mismo objetivo. Con más de veinte años de experiencia y presencia activa en todos los pueblos y zonas que integran el CRIC, AMCIC representa un punto de apoyo fundamental para los territorios que, como los de la Bota Caucana, buscan consolidar su propia infraestructura de comunicación.

La posibilidad de que la Red AMCIC acompañe técnicamente la creación de emisoras en Santa Rosa, Piamonte o Descanse no es una idea lejana: es una estrategia viable, necesaria y coherente con el principio organizativo de no dejar ningún territorio atrás. La Red AMCIC puede formar nuevos comunicadores, compartir equipos, asesorar jurídicamente, y sobre todo ayudar a fortalecer la visión política de la comunicación, para que esta no sea instrumentalizada ni absorbida por intereses externos, o internos

Pero más allá de la infraestructura o la asistencia técnica, lo que está en juego es la soberanía narrativa de los pueblos indígenas. Tener una emisora es poder contar lo que realmente está ocurriendo en el territorio; es denunciar, pero también sanar; es educar, pero también resistir. Es asegurar que las nuevas generaciones no dependan de lo que digan los medios externos para saber quiénes son, qué luchas heredaron y qué caminos están construyendo.

Por eso, pensar la comunicación desde el CRIC, con el apoyo de AMCIC, es también pensar en el futuro organizativo de los pueblos indígenas. Un futuro donde la palabra no dependa de la conectividad digital, sino de la conexión espiritual y política entre los pueblos. Un futuro donde la juventud se forme con herramientas propias, donde las mujeres encuentren espacios seguros para narrar, donde los mayores tengan micrófono para orientar.

La comunicación propia es la base fundamental para los pueblos, por ello, acompañar el nacimiento de nuevas emisoras en territorios como la Bota Caucana es cumplir un mandato, el de la vida, la dignidad y la autonomía.

Plantilla infografía-9

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