En Tierradentro el amanecer tiene su propio canto, el de las montañas que despiertan al ritmo del río. Hace un año aquella mañana del 5 de noviembre, el canto se quebró, Emanuel Oca Cuspián caminaba hacia la escuela donde enseñaba a los niños a leer, y hablar la lengua pero también a entender el territorio; en su mochila no llevaba armas ni miedo, solo cuadernos, marcadores y el bastón que lo identificaba como Kiwe Pu’yaksa: Guardia Indigena del Pueblo Nasa.

No llegó.
El eco de los disparos cubrió el camino y el viento llevó la noticia antes que el sol, en la vereda Lomitas, el docente y Guardia Indígena que hablaba de unión fue callado por quienes no soportan la vida libre.

Emanuel había dicho, días antes:

“Es bonito poder integrarse con los demás resguardos, aunque pensemos distinto, así se cultiva la semilla que seguirá en los jóvenes.”

Esa semilla sigue, aunque lo hayan arrancado de la tierra. La Asociación Juan Tama denunció su asesinato como parte del exterminio sistemático de las comunidades indígenas, el nombre de Emanuel se suma a una lista que no deja de crecer, mientras los grupos armados amparados por el miedo y por el silencio del Estado siguen ocupando caminos.

Pero el Pueblos Nasa no entierran a sus muertos: los siembran y cada guardia caído es una raíz que sostiene la montaña.
Hoy, desde los resguardos, se eleva una palabra que no pide venganza, sino conciencia.

Que los hombres armados salgan de los territorios.
Que quienes siembran plantas de muerte entiendan que no hay futuro en el dolor.
Que el resto del país deje de mirar hacia otro lado.

Porque Emanuel no solo fue docente fue vida que enseña, fue ejemplo que resiste, fue espíritu que camina entre los suyos recordando que la Guardia Indígena no muere, solo se transforma en viento que vigila las montañas mismo.

Y mientras alguien, en cualquier escuela de Tierradentro, escriba en un tablero las palabras “vida”, “tierra” y “dignidad”, Emanuel seguirá ahí, enseñando.

Por: Programa de Comunicaciones CRIC.

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