En el marco del III Festival de Video Indígena del CRIC – FestVIC
En la tarde del FestVIC, la palabra volvió a tomar forma de fuego, no fue discurso, fue tulpa encendida: se habló de Comunicación Propia, de Guardia, de Territorio, de jóvenes, de mujeres, de vida y de riesgo, en ese escenario, entre micrófonos, cámaras y bastones, se tejió una verdad que muchos olvidan: la Comunicación Indígena no es un oficio técnico, es un acto político y espiritual, los comunicadores y comunicadoras del Cauca no se limitan a grabar, editar o transmitir; caminar y acompañar es su verbo principal; porque cuando una emisora comunitaria enciende su señal, lo que vibra no es una frecuencia, sino el pulso de un pueblo que resiste.
Comunicar no es adornar: es cuidar.

La comunicadora Mabel Quinto egresada de la UAIIN, desde su experiencia, recordó que el trabajo comunicativo es, ante todo, una responsabilidad con la vida, cada palabra mal dicha, cada imagen sin permiso, puede abrir una herida o poner en riesgo a alguien, por eso dijo contundentemente: no basta con denunciar; hay que acompañar; la Comunicación Propia implica vivir el territorio, sentir sus dolores y alegrías, entender que grabar no es “tomar” la imagen, sino devolver el mensaje a quien lo confió. «La radio comunitaria es ese hilo invisible que cada mañana despierta al pueblo con su voz, es la primera herramienta de orientación y alerta, el espacio donde las autoridades, la guardia y las familias mantienen viva la conciencia colectiva». Insistió
La comunicación como Autoridad.

El comunicador y exautoridad Abner Mauricio Bisus fue contundente: “La comunicación y el control territorial no se pueden separar”.
Y tiene razón, la Comunicación Propia no es periférica ni decorativa, es el eje que permite que los pueblos indígenas sean visibles ante el país y, sobre todo, ante nosotros mismos, cuando una comunidad se escucha y se reconoce en su lengua, en su acento y en sus luchas, refuerza la identidad, pero cuando las decisiones se toman sin comunicar, sin contextualizar, se rompe el tejido de la confianza; por eso, el llamado fue claro: las autoridades deben asumir la comunicación como parte de su agenda política, no basta con “permitir” que se graben los eventos: deben respaldar, formar y garantizar a quienes ejercen esta tarea.
La guardia indígena: rostro humano de la defensa.

La coordinadora de Guardia del Norte, Flavia Largo, habló desde la humildad y la experiencia de quien vive el territorio con los pies sobre la tierra, recordó que los Kiwe Thegnas no son figuras heroicas de video o afiche: son madres, padres, jóvenes, abuelos que, sin sueldo y con riesgo, defienden la vida las 24 horas del día. “Defendemos la vida, pero ¿quién nos defiende a nosotros?”, preguntó con la voz entre firmeza y cansancio, y esa frase quedó en el aire: la Guardia necesita respaldo, no solo elogios, necesita que las comunidades comprendan que proteger la vida implica cuidar también a quienes la protegen, y en eso, los comunicadores juegan un papel fundamental: visibilizar sin exponer, narrar sin romantizar, denunciar sin revictimizar.
El reto de comunicar en tiempos de conflicto.
En un Territorio marcado por la guerra, comunicar puede costar la vida, así lo señalaron varios panelistas: el comunicador Indígena asume el mismo riesgo que una Autoridad o un Guardia, informar sobre reclutamiento, amenazas o asesinatos exige valentía, pero también estrategia, no todo se puede mostrar, no todo se debe decir. Comunicar en contexto de conflicto no es competir por la primicia, es proteger la palabra para proteger a la gente.
Mabel recordó que el exceso de inmediatez en redes sociales está dañando la comunicación propia: se reenvían fotos de víctimas, se publican nombres sin consentimiento, se exponen rituales espirituales, y eso sin mala intención termina sirviendo a los intereses del enemigo, no de la comunidad.
Romper con el romanticismo.

La comunicadora Isadora, desde el público, hizo una crítica directa: a veces el audiovisual Indígena romantiza a la Guardia y a la comunidad, se muestra lo “bonito”, lo “heroico”, pero se omite el cansancio, la precariedad, el dolor real; y es cierto. Se ha vuelto tendencia mostrar la imagen colorida, el chaleco, el bastón, pero no la historia detrás del gesto, no la familia que espera, ni el miedo de la noche, la respuesta de los panelistas fue honesta: “Tenemos que volver a la verdad, sin folclorizar nuestra resistencia”. Comunicar no es posar, es dar testimonio.
Formación política: el adobe que falta.
El mensaje final fue unánime: sin formación política, no hay Comunicación Propia, las cámaras, micrófonos y redes sirven de poco si quien comunica no entiende el sentido político y espiritual del mensaje.
El FestVIC-III dejó una propuesta concreta:
– Fortalecer y crear tulpas, procesos y escuelas políticas y técnicas de Comunicación Propia.
– Garantizar procesos de formación para Jóvenes, Mujeres y Guardias.
– Y construir una política pública de Comunicación Indígena en los Terrarios CRIC con garantías reales, no simbólicas.
Porque la Comunicación no puede depender solo de la pasión o del voluntariado; necesita respaldo, seguridad y dignidad.
Más que cables, somos conciencia.
Al cierre, el moderador Albeiro Bisus resumió el espíritu del encuentro:

“Los comunicadores no somos los que cargamos los cables, somos parte de la construcción política del movimiento indígena.”
Esa frase define la lucha: los comunicadores Indígenas no piden privilegios, piden reconocimiento, piden que se entienda que, mientras algunos arriesgan la vida para contar la verdad, otros siguen creyendo que la Comunicación es solo una tarea técnica. En tiempos donde el algoritmo dicta el mensaje y la inteligencia artificial amenaza con vaciar de alma las palabras, los pueblos indígenas nos recuerdan algo esencial: la Comunicación verdadera no se programa, se siente.
No hay software capaz de reemplazar la voz que brota del Territorio, la que nace del fogón, la que cura al contar, por eso, defender la Comunicación Propia es defender la vida misma.
El FestVIC-III no fue solo un festival: fue una declaración, una afirmación colectiva de que la palabra sigue siendo nuestro mejor instrumento de resistencia. Mientras haya quien narre desde la tulpa, quien grabe sin vender su conciencia, quien hable con respeto por la vida, la Comunicación seguirá siendo lo que siempre fue para los Pueblos: el arte de existir en comunidad.
Por: Programa de comunicaciones y equipo FestVIC-III.






