La política pública de comunicaciones se juega hoy entre el fogón y el algoritmo, Toca decidir de qué lado queremos pararnos.
La Comunicación Indígena no nació en una cabina de radio ni en una sala de edición: nació en el fogón, en la Asamblea, en la danza y la lengua, el FestVIC-III lo recuerda con fuerza, si la Política Pública de Comunicaciones no protege y potencia esas formas propias y se limita a financiar equipos, eventos o “contenidos bonitos” estaremos haciendo propaganda, no comunicación para la Vida y la Paz.
La medida del éxito no es el rating, es la pervivencia.
Una emisora con buena antena puede llenar el aire de palabras y no decir nada al Territorio, la Comunicación Propia se mide por su capacidad de orientar decisiones comunitarias, sostener la lengua y la espiritualidad, y prevenir daños concretos (reclutamiento forzado, desinformación, economías ilegales). Lo demás es ruido, aunque tenga likes.

Sin escuela no hay proyecto: la formación es el corazón.
Procesos, escuelas y tulpas no son “herramientas”, son espacios políticos y espirituales donde se piensa el Territorio, se hace memoria y se aprende técnica con ética, cuando una política reduce la formación a talleres de dos días, fabrica operadores, no comunicadores, urge una malla estructurada: Semillas (propia/espiritualidad/ética/seguridad), Oficios (radio, audiovisual, prensa, archivo), y Gestión (incidencia, proyectos, rendición de cuentas, administración de emisoras).
“Medios apropiados” significa Gobierno Propio de los medios
El algoritmo no es neutral, plataformas que premian la polarización obligan a “jugar” con la indignación para ser visibles, el reto no es dejar de usarlas, sino domesticarlas: publicar con criterios propios, archivar en repositorios comunitarios, licenciar con reglas de uso del pueblo y priorizar canales donde la comunidad decida la agenda (radio local, asamblea, boletín, cine-foro).

La seguridad no puede tercerizarse.
En contextos de riesgo, un chaleco y un vehículo no garantizan vida, la protección real es política y comunitaria: reconocimiento del comunicador/a como líder y defensor de derechos, protocolos de cobertura (antes–durante–después), coordinación con guardia, mapeo de riesgo por vereda y alianzas externas para visibilizar sin exponer a quien reporta, esto debe quedar por escrito y con presupuesto.
Sin sostenibilidad no hay política; hay proyecto
Mientras la financiación dependa de coyunturas, la agenda será inestable, la salida es trascender a política de Estado: asignaciones directas, estables y auditables para comunicación propia en resguardos, con veeduría comunitaria y metas verificables, menos “convocar” y más transferir con reglas claras.
Lo que incomoda (y por eso importa)
– La tentación de la propaganda: convertir la comunicación en vitrina de logros, eso mata la crítica, la autocrítica y la orientación.
– El centralismo de la imagen: creer que lo audiovisual lo resuelve todo y olvidar la palabra, la traducción, la radio y el periódico mural.
– El miedo: comprensible, pero paralizante, si el miedo manda, los actores armados ganan el relato sin disparar.

Qué sí funciona (evidencias de FestVIC y los procesos)
– Colectivos juveniles, de Guardia y de mujeres como columna vertebral, donde hay procesos o escuelas vivas y acompañamiento de mayores, hay continuidad.
– Archivo vivo con licencias propias: protege la memoria y evita que terceros lucren del dolor o la estética indígena.
– Alianzas con medios externos para publicar historias sensibles, resguardando la fuente y evitando represalias locales.
Respuestas a objeciones previsibles
– “La gente solo consume redes; lo demás es perder tiempo”.
Falso. Las redes amplifican, pero la legitimidad se construye en territorio, son puntales distintos de una misma cadena
– “Sin pauta estatal no hay forma”.
Depender no es estrategia: es vulnerabilidad, se necesita pauta diversificada (cooperación, economía propia, microfinanciación comunitaria) y asignaciones estables con control social
– “Hablar de riesgos nos pone más en riesgo”.
Callar también, la salida es metodología: definir qué se dice, desde dónde, por quién y a través de qué canal, con respaldo colectivo.

FestVIC-III no puede es un festival más, debe ser mandato, un mandato que diga: nuestra comunicación es para la vida, no para la propaganda; se sostiene en formas propias, se aprende en procesos, tulpas, fogones y escuelas, se ejerce con garantías y se financia como derecho estable.
Por: Programa de Comunicaciones CRIC.






