“Fue un gran maestro, comprometido no solo en la comunicación sino con la organización, comprometido en la lucha, en la reivindicación; no era indígena, pero terminó siéndolo, no porque haya vivido en un territorio indígena, pero vivió, se convenció y se quedó con nosotros hasta hoy, en la memoria de los pueblos indígenas”. Aida Quilcué

 Jorge Caballero, se definió como un soñador de cambios estructurales que permitieran reconocer los derechos de los pueblos indígenas y de los sectores populares de Colombia, en ese propósito, acompañó el proceso de lucha y resistencia del Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, desde finales de los años ochenta e inicios de los noventa hasta el dos mil catorce, cuando partió al otro espacio después de padecer una penosa enfermedad. Como líder social dejó un importante legado no solo en los temas comunicativos sino también en la forma de entender la política nacional.

Su visión contribuyó al movimiento indígena regional y nacional, gracias a que pudo interpretar los sentires y la fuerza organizativa de la lucha popular, sobre todo, en el entender de los pueblos originarios en su dinámica de resistencia por la permanencia en el territorio con sus usos y costumbres en más de quinientos años de invasión.

El caminar de Jorge Caballero como colaborador del CRIC, empezó, primero en el denominado consulado, que era una pequeña oficina en un segundo piso de un edificio del barrio La Candelaria en la zona histórica del centro de Bogotá, donde junto con lideres de la época, como Jesús Avirama, Pablo Tatay, Graciela Bolaños, José Domingo Caldón, entre otros, se discutían estrategias y se pensaba políticamente el movimiento indígena y la forma de cómo defender la dignidad de los sectores más vulnerables del país.

Según cuenta José Domingo Caldón, líder histórico del CRIC, cuando se apoyaba a la reconstrucción del nevado del Ruiz y se acompañaba a sus damnificados, por allá en los ochenta, llegó Jorge para liderar el tema comunicativo con un periódico que se llamó “Armero Vive”.

En ese tiempo, surgió la Organización Nacional Indígena de Colombia ONIC, y cuenta José Domingo, que, el periódico Unidad Indígena, herramienta comunicativa hasta entonces del CRIC, pasó como aporte, para que lo realizará y editara la ONIC, ya no solo publicando la voz del Cauca indígena, sino de los pueblos originarios de todo el país. Jorge entonces, inicio su caminar en el mundo indígena e hizo parte del primer equipo editorial de este medio de comunicación propio.

Según recuerda uno de los tres hijos varones de Jorge Caballero, en los inicios de la década de los noventa en la ciudad Bogotá, antes de la Constitución nacional de mil novecientos noventa y uno, y antes de llegar al Cauca para hacer parte del programa de comunicaciones del Consejo Regional indígena del Cauca, CRIC, su padre, lideraba una campaña denominada autodescubrimiento de nuestra América, recorriendo escuelas de zonas populares de la capital del país para desmentir la catedra oficial educativa donde se desconocía y poco se valoraba la existencia indígena y sus saberes, en cambio se resaltaba más la llegada de los españoles desechando los saberes ancestrales de quienes ya habitaban el territorio .

Para ese tiempo, recuerdan sus hijos, Jorge los comprometía para que hicieran parte de sus dinámicas y en una de sus tantas tareas, les pidió el favor de llevar a la imprenta de un amigo suyo, de nombre Baltazar, las fotos del Movimiento Armado Manuel Quintín Lame, que se tomaron previo a la desmovilización y que serían insumo para editar el periódico Unidad Indígena.

Afirmó uno de sus hijos que, en un sobre de manila, su padre, guardó un par de fotos recién reveladas y se las entregó a él y a otro hermano diciéndoles:

  • Vamos a ir donde un amigo que tiene la imprenta por los lados del parque nacional, camine por la acera del frente y si ven que me detiene la policía o alguien extraño, ustedes siguen derecho a la casa y allá hablamos, sino pasa nada, seguimos.

Era una época de fríos intensos, de colores grises y de peligros constantes en la ciudad de Bogotá; relatan sus hijos al recordar a Jorge, indicando que su padre para esa época afirmaba que tocaba lucharla en todo sentido, primero porque el dinero nunca alcanzaba, segundo, porque ellos como hijos estaban creciendo en medios de un país lleno de hechos de violencia y de cambios políticos enrarecidos, (había conmoción interior, procesos de paz fallidos, asesinato sistemático de lideres de la UP, etc.) sin embargo, sabían que como familia eran superables las adversidades gracias a los afectos y gran amor que caracterizó a su padre.

Fueron tiempos marcados por la tragedia. En menos de un año tres candidatos fueron asesinados: Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro. Pero también fue una época de cambios políticos históricos, donde la participación ciudadana, de las organizaciones sociales y sobre todo de estudiantes, motivaron la Asamblea nacional Constituyente en mil novecientos noventa y uno.

En ese entonces, Jorge animado por su hermano Henry Caballero, acompañó e incidió en la toma de decisiones para que el movimiento armado Quintín Lame, dejara las armas y entrara a la constituyente; se hiciera un acuerdo político que permitiera al movimiento indígena tener una voz en la toma de decisiones y fueran incluidos en la nueva Constitución Nacional de Colombia.

En la nueva constitución nacional se logran aspectos como el ordenamiento territorial; la apertura de espacios políticos y sociales de participación para los indígenas y los demás grupos étnicos, en especial la circunscripción especial indígena para el Senado y la circunscripción especial para los grupos étnicos; El reconocimiento del carácter multiétnico y pluricultural de nuestro país y la garantía a derechos territoriales y culturales de los indígenas.

Debido a esos derechos ganados en la nueva carta magna, se garantiza la participación electoral de los pueblos indígenas en el Congreso de la república, entonces se crea un nuevo movimiento político, el cual es bautizado por Jorge Caballero y Anatolio Quirá, como Alianza Social Indígena, la ASI, donde Jorge fue el primer representante legal y Anatolio uno de los primeros candidatos indígenas al Senado.

En mil novecientos noventa y dos, Anatolio es elegido como el primer senador indígena del país y Jorge hizo parte de sus asesores, logrando que la gestión legislativa sobresaliera por la defensa del Movimiento Indígena y la consecución y puesta en marcha de la Ley de transferencias.

Estando Jorge en el Congreso, ocurre el sismo y posterior avalancha en el municipio de Páez Belalcázar en el año mil novecientos noventa y cuatro que deja más de mil muertos y cientos de desaparecidos, tras esos lamentables hechos, los lideres indígenas lo llamaron al Cauca para que orientara los temas comunicativos en la emergencia y también para que hiciera acompañamiento político en el CRIC.

Según cuenta Vianey Garcia Figueroa, hoy colaboradora del programa de educación bilingüe del CRIC, “esos eran tiempos difíciles” y ella como pasante de una universidad, con experiencia en algunos medios de prensa de la época, fue a colaborar en los temas comunicativos de la organización, donde se encontró a Jorge, quien según ella, le dijo: “recuerda que no somos un medio de comunicación, aquí no es la inmediatez, aquí los que nos convoca es consensuar la información en bien de la organización y no del momento, no te afanes en publicar”.

Así inicio Jorge su caminar por el Cauca, siempre conciliando e interpretando el sentir de las autoridades indígenas, escuchando a comuneros y mayores, sonriendo con los niños y jóvenes, coqueteando en el mejor sentido de la palabra con las mujeres de los territorios y parafraseando algún verso o poesía para que el ritmo de su discurso siempre cayera bien en el momento adecuado.

Con la llegada de Jorge, el periódico Unidad Indígena renace en el Cauca con el nombre de Unidad Álvaro Ulcue, en memoria del primer sacerdote indígena asesinado el 10 de noviembre de mil novecientos ochenta y cuatro, dentro de esa historia de despojo, dolor y muerte que por siempre ha acompañado a los pueblos indígenas.

Sin muchos colaboradores para realizar los productos requeridos en la oficina de comunicaciones, Jorge Contaba siempre con un par de compañeros, Estella su secretaria y Ovidio, quien actualmente tiene una oficina al ingreso del CRIC atendiendo una fotocopiadora; ellos muy diligentes aportaban su granito de arena con el periódico y en un programa radial semanal llamado “Radio Revista La Palabra Americana” que se emitía por una emisora local los sábados en la mañana.

“Jorge era el periodista del CRIC, le tocaba solo hacer las cosas y yo lo ayude en varias ocasiones, él me explicaba cómo hacerlo y alguna vez me tocó emitir solo cuando a él le tocaba salir a territorio”, explicaba Ovidio, recordando esos momentos en la radio local informando sobre el proceso organizativo.

“Jorge decía que lo que se informa por el periódico o por la radio era oficial, que el programa de comunicación no era una oficina de prensa, que era la voz que hacía público la voz oficial de la organización, por eso, repetía, hay que ser cuidadoso para que los productos que hacíamos reflejaran lo que era el CRIC” aseguró Ovidio.

Sobre esos temas en una entrevista recopilada poco tiempo antes de morir, Jorge decía: “Es mi opinión personal y no la opinión del CRIC, la comunicación indígena se caracteriza por sus funcionalidades, fortalecer la identidad, crecer de manera relacionada con los entornos y alcanzar a empoderar el proceso político organizativo”.

Agregó que, “frente al tema de la comunicación, desde las miradas de adentro del movimiento indígena, de lo que se puede observar es que, hay situaciones intrínsecas de la comunicación hacia la propia dinámica de vida de sus comunidades, que no requiere de muchas elaboraciones,  no es un compromiso explícito en el tema de comunicación sino que es, en si misma, el arte de estar, el arte de encontrarse, de ser comunidad, de ser colectivo, de esa lógica construye instrumentos, símbolos, herramientas que facilitan los diálogos en su comunidad y con la naturaleza, es la característica de la comunicación propia en 500 años de invasión”.

Afirmó en ese entonces también, que, “hay que mirar la comunicación ahora en los procesos organizativos de una manera estratégica, considerarla como herramienta de apoyo, que, aunque sale del modelo externo, en la condición sobre lo que se debe difundir, mostrar, informar, es necesaria porque somos invisibles”.

Y agregó, “Hay que partir desde de la comprensión de que el mundo occidental, que el capitalismo, no solamente invisibilizó el mundo indígena, sino que lo convirtió en una situación arcaica, en una situación del pasado, lo moderno de lo indígena no existe, lo que existe es lo precolombino, lo anterior a la invasión, eso es lo que se resalta”.

En la realidad, ese mundo indígena sigue siendo invisible, lo que se muestra es lo arcaico. Lo que se muestra es lo que ya no es, es lo que se idealizó, y esa es la preocupación del mundo indígena, la de, cómo mostrarse, pero no considera el área de comunicación como una estrategia que acompañe el proceso organizativo, y sobre todo, no hay una lógica que diga: esto es los que tenemos que mostrar al exterior.

Jorge recorrió los territorios reflexionando, animando a que se escribiera, a que se pensara, pero sobre todo a enamorarse del proceso, a generar mecanismos de resistencias contra esos estereotipos de la modernidad y el capitalismo que siguen presentes en nuestras cotidianidades, buscando que desaparezca la identidad, la cultura y la memoria de los pueblos originarios.

“Animo, el camino es largo, pero si observamos el paisaje no se notará el cansancio”

Akrano Berli

Por: Memoria y Patrimonio del Programa de Comunicaciones CRIC.

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