Observatorio ADPI, 17 de abril de 2013.- La guerra en Colombia ha afectado negativa y profundamente a los pueblos indígenas porque todos los actores armados, legales e ilegales, han llevado la muerte, el terror y la militarización a sus territorios y han vulnerado sus derechos. Para enfrentar estas políticas de guerra y muerte, ellos se han visto interpelados a debatir las distintas iniciativas de paz que se han propuesto en el país y a elaborar la suya propia.
Con la participación de sus comunidades, en grandes asambleas, recogiendo la sabiduría de su resistencia centenaria y de acuerdo a cómo ha ido evolucionando la confrontación armada, los pueblos indígenas han ido tejiendo sus aportes para caracterizar el conflicto y sus actores, enfrentar la violencia y construir la paz. Su primera conclusión ha sido la de trabajar por la solución política del conflicto armado, por lo que siempre han sido partidarios de los diálogos y acercamientos entre el Gobierno y las guerrillas y actualmente apoyan las negociaciones de paz que se desarrollan entre el Gobierno Nacional y las FARC.
Pero así mismo, cuando no ha habido diálogos, mientras avanza la negociación, y más allá de lo que se pueda lograr con la firma de un acuerdo que ponga fin a la confrontación armada, ellos han venido poniendo practica su propuesta de paz: la paz que se construye desde abajo, desde las comunidades, en base a su resistencia y tanto dentro de sus territorios, como conjuntamente con otros movimientos sociales. Construir paz es hacer reforma agraria y ellos la vienen haciendo con las recuperaciones de sus tierras ancestrales; construir paz es democratizar la vida política municipal y regional y ellos lo han hecho quitándole poder político a los grandes caciques y gamonales en sus regiones; construir paz es edificar una economía, una educación y una salud propias y ellos tienen en funcionamiento sus propios sistemas de economía, gestionan y dirigen su sistema de educación, han montado su propia universidad y tienen también su sistema de salud intercultural; construir paz es instaurar una gobernabilidad democrática y ellos están lo están haciendo ganando alcaldías y consejos municipales y poniéndolos a trabajar por lo público, lo que es común de todos, por la superación de la guerra.
Esta es una construcción de paz que no depende del Estado, ni de las guerrillas, ni de ningún acuerdo de paz por arriba. La que se hace a través de la movilización social, de sus Mingas, en el día a día, la que permite que las relaciones entre los miembros de sus comunidades sean relaciones de reconocimiento y ayuda mutua, de convivencia pacífica, dentro de su cosmovisión del del vivir bien, vivir sabroso o Sumak Kawsay. En otras palabras: realizando cambios y reformas a través de sus luchas diarias y consolidando su autonomía y su gobierno propio, ellos están construyendo otro modelo de vida y de sociedad. Y en esto coinciden con lo que han venido haciendo las comunidades de paz, las asambleas constituyentes municipales de paz, organizaciones de mujeres, campesinos, otras iniciativas civiles de paz en una multiplicidad de experiencias autónomas locales y regionales.
Ya más directamente, frente a las dinámicas actuales de la confrontación y las propuestas de negociación, ellos tienen su propio posicionamiento y los siguientes son los temas más destacados que están defendiendo.
1. La desmilitarización total de sus territorios. Dado que éstos son algunos de los escenarios más álgidos de la guerra, las organizaciones indígenas han dicho claramente desde sus declaraciones y mandatos de Ambaló (1996) y Jambaló (2000) que todos los actores armados se tienen que retirar de sus territorios. Que ellos no quieren darle ventaja militar a ninguno de los bandos: “No más guerra, no más grupos y ejércitos armados sea quien sea, no más atropellos, no más irrespeto, no más violaciones, no más invasiones a nuestros territorios.” “Déjennos tranquilos, déjennos en paz señores de la guerra” “Les exigimos que se vayan, que no los queremos, que nos cansamos de la muerte, que están equivocados, que nos dejen vivir en paz” (Carta a los actores armados, Acin, julio 8 de 2012). Este ejercicio de autodeterminación está respaldado por la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas en su Artículo 30: “No se desarrollarán actividades militares en las tierras o territorios de los pueblos indígenas, a menos que lo justifique una razón de interés público pertinente o que se haya acordado libremente con los pueblos indígenas interesados, o que éstos lo hayan solicitado”. Y por la jurisprudencia de la Corte Constitucional que reafirma que el Gobierno Nacional no puede ni debe incurrir en el establecimiento de bases militares permanentes o transitorias en sus territorios sin el consentimiento previo y expreso de las comunidades indígenas (Sentencia T-303/97). Lo que ellos exigen es el respeto a su propiedad colectiva, sus resguardos, la casa donde han vivido por tiempos inmemoriales.
2. Los armados no nos representan. Desde su Declaración de Toribío “Terminar la guerra, defender la autonomía, reconstruir los bienes civiles y construir la paz” (julio 20 / 2011) las autoridades indígenas del Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, lo han dicho muy claro: “Los armados no nos representan, no pueden hablar ni mucho menos realizar acciones en nombre nuestro o de nuestros intereses”. “Tanto el Estado como la guerrilla y demás grupos armados, los gremios económicos, narcotráfico y multinacionales y demás actores externos deben respetar nuestro territorio y autonomía”.
3. La Minga de resistencia por la autonomía y armonía territorial y por el cese de la guerra. Este es el ejercicio de actuar en consecuencia con los puntos anteriores y de hacerlo todos juntos, en minga, que quiere decir en común; por ello el propósito principal de esta minga “es la desmilitarización de los territorios indígenas y el freno a la militarización promovida por el ejército y las FARC”. “Iniciaremos acciones hacia el desmonte -como lo hemos hecho en anteriores circunstancias- de las trincheras y bases de la Policía y el Ejército, y simultáneamente de los campamentos de las FARC, que se encuentran en medio de la población civil”. “No aceptamos el establecimiento de Batallones de Alta Montaña en los territorios indígenas, anunciados por el Gobierno Nacional”. (CRIC, Declaración de Toribío, julio 2011). El episodio más fuerte de esta movilización fue la expulsión del Ejército Nacional del Cerro Berlín el 17 de julio de 2012. La fotografía de un sargento armado sacado de allí levantado de las manos y los pies por la Guardia Indígena le dio la vuelta al mundo. Por esos mismos días desmontaron las trincheras de la policía en torno a su cuartel en Toribio y detuvieron varios guerrilleros, les decomisaron y destruyeron sus armas, se les aplicó justicia o remedio según su derecho propio y se los devolvió a sus familias. Y esta Minga continúa…
4. Diálogos humanitarios. Desde hace un tiempo, las organizaciones indígenas han defendido la necesidad de realizar diálogos humanitarios entre sus autoridades y los actores armados. En concreto, han insistido en cuatro temas en torno a los cuales se deberían llegar a acuerdos para mitigar los graves efectos del conflicto armado sobre sus comunidades: i) no reclutar menores; ii) no utilizar la violencia sexual contra las mujeres como arma política; iii) no utilizar armas de efecto indiscriminado tales como tatucos, bombardeos y ametrallamientos; y iv) respetar la autonomía plena de los gobiernos y organizaciones indígenas.
5. Fortalecimiento de la Guardia Indígena. La Guardia Indígena es la institución nacida de la propia comunidad que tiene la misión de defender su seguridad. Dado que no hay un Estado ni un Gobierno que defiendan a la población, y que permanentemente están recibiendo ataques tanto de la fuerza Pública como de la insurgencia, o son víctimas de sus enfrentamientos armados, ellos se han visto obligados a asumir su propia defensa en la que participan voluntariamente mujeres, niños, jóvenes, mayores y mayoras. Su propuesta en este punto es que haya garantías plenas, reconocimiento y respeto por la función de la Guardia Indígena como garante de la tranquilidad y la seguridad de sus personas y sus bienes y como actor de paz.
6. Consolidar el movimiento social por la paz. Las organizaciones indígenas están planteando que, paralelamente a las negociaciones de La Habana, se debe avanzar en promover las reformas y las transformaciones de fondo que se requieren para la construcción de la paz, lo cual demanda que se construya un espacio que vaya más allá de la mesa guerrilla-Gobierno. Y que para desarrollar este espacio es necesario consolidar y ampliar el movimiento social por la paz que se ha ido gestando en los últimos años. Este movimiento por la paz es el que debe fortalecer la opción ciudadana por la solución política, visibilizar la voluntad protagónica de la sociedad civil, aislar a los enemigos de la paz, insistir tanto en la necesidad de un cese al fuego como en la negociación con el ELN y presionar a los armados a no pararse de la mesa sin un acuerdo definitivo. Y para consolidar este movimiento se requiere profundizar la decisión de los movimientos sociales de trabajar unificadamente, esto es, juntar todas las fuerzas sociales y políticas del campo popular que han estado trabajando por la paz: ese el reto del Congreso para la Paz y de la Ruta Común Social para la Paz.
José Aristizábal
Observatorio por la Autonomía y Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia
http://www.observatorioadpi.org/content/propuesta-de-paz-de-los-pueblos-indigenas







