Desde el inicio de la vida organizativa las juntanzas de las mujeres han sido usadas como herramientas de pervivencia y es en honor a este Tejido que con las mujeres campesinas de la ANUC se inicia la siembra del caminar, en la época de la recuperación de Tierras, fueron las mujeres indígenas quienes desde el espacio de la cocina como ejercicio político aportaban al proceso organizativo, fueron ellas quienes asumieron la responsabilidad del cuidado de los hijos, la casa, los animales y la huerta, mientras sus compañeros hacían el ejercicio de liderazgo.
Siempre como actores de paz y conciliación, las mujeres frenteaban ante los llamados «Pájaros» mediando para que los ataques hacia los recuperadores no fueran tan fuertes.
Son las mujeres quienes sufren las desapariciones y muertes de sus compañeros, en varias ocasiones quienes tuvieron que huir con sus hijos para salvaguardar la vida, mientras sus compañeros eran apresados injustamente. Han sido las mujeres las protagonistas ocultas en las cocinas, quienes mientras preparaban los alimentos hacían aportes políticos.

Las luchas de las mujeres como ejercicio constante de construcción colectiva se materializan en el noveno congreso de Corinto en el año 1993, con la reivindicación de sus derechos a través del programa mujer, surge una apuesta política liderada por las mismas mujeres que toman la iniciativa ante los congresistas y sentaron su postura argumentando la necesidad de ser reconocidas y tener participación en la estructura política y organizativa del CRIC.
Resignificar el valor de la mujer en los territorios ha sido un camino escabroso pero necesario recorrer, a medida que pasa el tiempo se han hecho visibles muchas de las acciones que se realizan al interior de las comunidades.

Desde su sabiduría ancestral la mujer ha venido haciendo un aporte constante a las dinámicas político organizativas, a través de la orientación, el consejo y el cuidado. Varias de nuestras compañeras fueron silenciadas, amenazadas, desplazadas e incluso asesinadas en su labor de Defensoras de la vida y los territorios.
«Siempre presentes nunca ausentes».
Así ha sido para nosotras las mujeres de los pueblos originarios del Consejo Regional Indígena del Cauca, pasamos del silencio a la palabra y de la palabra a la acción porque con las voces de las mujeres transformamos los Territorios y aportamos a la construcción de una paz duradera.
Como lo menciona la Mayora Blanca Lucila Andrade «Es necesario encontrarnos entre nosotras para hablar de nosotras, lo que nos duele a nosotras».
Por: Programa Económico Ambiental y mujeres CRIC.







