La República Bolivariana de Venezuela ha sido víctima de una agresión militar directa que representa una violación flagrante de los principios fundamentales del derecho internacional, en especial aquellos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas sobre la soberanía, la no intervención y la prohibición del uso de la fuerza contra otros Estados (artículos 1 y 2). La acción militar desplegada por el gobierno estadounidense, bajo la administración del señor Donald Trump, no solo amenaza la estabilidad política y social de Venezuela, sino que pone en riesgo la paz regional y la integridad de la América Latina y el Caribe.
Como bien ha señalado el presidente Gustavo Petro, esta agresión vulnera la soberanía venezolana y por extensión, la soberanía de todos los países latinoamericanos. Rechazamos categóricamente el uso de la violencia como instrumento para resolver conflictos entre pueblos, la autodeterminación es un derecho inalienable que deben ejercer los pueblos sin injerencias externas, el diálogo civil y la unidad nacional, tal como propone Petro, son los caminos necesarios para construir la paz, respetando la voluntad soberana de cada nación.
Por su parte, Iván Cepeda denuncia con razón esta agresión como una amenaza directa a la paz regional y al orden internacional. El llamado urgente para convocar al Consejo de Seguridad de la ONU es pertinente y necesario para exigir la condena de este acto, que puede escalar hacia un conflicto armado de proporciones transnacionales.
Esta agresión se inscribe en un patrón histórico y geopolítico que va más allá de la política o las ideologías, como lo documenta el análisis sobre la crisis venezolana, la verdadera motivación es la dominación económica y el control de los recursos estratégicos, particularmente el petróleo que posee Venezuela en abundancia. La imposición de sanciones financieras y el aislamiento económico forman parte de una guerra no convencional cuyo objetivo es doblegar la soberanía nacional a través de la dependencia financiera, un proceso que afecta también a otros países en la región y el mundo.
Desde la organización y los pueblos originarios, esta violencia y desestabilización tienen profundas implicaciones para la autodeterminación de nuestros territorios, nuestra cultura y nuestras vidas, hemos visto cómo la intromisión extranjera busca fragmentar y debilitar a los pueblos, perpetuando modelos extractivistas y colonialistas que violentan nuestra existencia. La unidad y resistencia de los pueblos latinoamericanos es imprescindible para enfrentar estos nuevos intentos de dominación.
Rechazamos la agresión militar estadounidense contra Venezuela y expresamos nuestra solidaridad con el pueblo venezolano. Apoyamos el llamado al diálogo, la defensa de la soberanía nacional y la convocatoria urgente al Consejo de Seguridad de la ONU para detener esta escalada bélica. Instamos a la comunidad internacional, a los movimientos sociales y a los pueblos originarios a fortalecer la unidad regional y la soberanía de América Latina, frente a cualquier forma de intervención violenta o neocolonial.
Cuenten con nosotros para La Paz, nunca para la guerra.
Consejo Regional Indígena del Cauca






