Han pasado más de quinientos años desde que el poder europeo pisó nuestras tierras con la bandera del “descubrimiento”, pero lo que para ellos fue un hallazgo, para nuestros Pueblos fue el inicio de una larga noche de despojo, saqueo y genocidio, no hubo encuentro de culturas: hubo invasión, hubo exterminio, hubo silenciamiento. Sin embargo, lo que la historia escrita desde más haya se intenta borrar, la memoria viva de los Pueblos Indígenas del Cauca mantiene encendida: la resistencia, esa palabra que es un acto de rebeldía, de dignidad y persistencia en el tiempo de defensa de la vida misma.

Desde los espacios de vida del Cauca hasta los valles del Patía, los Pueblos Nasa, Misak, Yanacona, Totoroez, Kokonuko, Inga, Embera, Epedara-Siapidara, Ambaló, Polindara y Kisgo hemos mantenido una lucha que no se agota. Hemos resistido las invasiones coloniales y también las contemporáneas: las de los megaproyectos, narcotráfico, desplazamiento, la violencia política y las tecnología que amenaza con uniformar nuestras mentes y borrar nuestras lenguas originarias. Resistir hoy es seguir caminando la palabra, es defender la Ley de Origen, la Autonomía, el derecho a hablar en idioma propio, a sembrar en Territorio propio, a decidir el rumbo de nuestras comunidades según los principios de equilibrio, armonía y reciprocidad.

La resistencia Indígena no es un recuerdo romántico del pasado, es una acción diaria, está en los Pueblos en el Cabildo que defiende la Educación Propia, la Guardia Indígena que protege sin armas, la mujer que enseña el idioma a sus semilleros (nieta), los sabedores que conversa con el agua, en los Territorios que siembra maíz en vez de odio.

El 12 de octubre no es un día para celebrar “descubrimientos”, es un día para reafirmar la memoria y para recordar que, a pesar de los intentos de borrar nuestra historia, seguimos de pie; resistir no es solo sobrevivir: es mantener viva la esperanza de un mundo donde quepan muchos mundos, donde la diversidad no sea amenaza, sino fortaleza.

Los Pueblos del Cauca han demostrado que el futuro no se construye negando el pasado, sino honrando la sangre que nos trajo hasta aquí, por eso hoy, desde las montañas del sur, gritamos al mundo a ¡seguir resistiendo!, a no ceder ante las nuevas formas de dominación: digitales, aculturales o económicas, y a mantener la Eutonomía, la Espiritualidad y la vida como centro de toda política. Porque mientras haya un niño que aprenda el idioma de los mayores, mientras una mujer siga danzando con los pies en la tierra, mientras un territorio siga respirando libertad, seguiremos resistiendo.

Por: Programa de Comunicaciones-CRIC.

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