¿Qué pasó?
El pasado martes 23 de septiembre de 2025, en el resguardo indígena de Uswal Chab (municipio de Caldono, Cauca), un joven comunero identificado como John Dairo Nene Collazos, de 24 años, integrante del ELN según confesión propia, atentó con arma de fuego contra el comunero Edilberto Ulcue, quien perdió la vida mientras atendía su local en inmediaciones de la estación de gasolina del casco urbano de este territorio, tras la persecución de la Guardia Indígena, el victimario fue capturado con el arma y puesto a disposición de las autoridades ancestrales.
¿Quiénes intervinieron?
La Asociación de cabildos Ukawe’sx Nasa Cxhab convocó a una asamblea extraordinaria para la aplicación, Weçejuy ya’ yu’çen fxizenxi (sanación y armonización territorial). Participaron comunidad en general de los 6 territorios, autoridades ancestrales del territorio Sa’th Tama Kiwe, consejeros zonales, guardias indígenas y líderes, también estuvieron presentes las familias de la víctima y del victimario, organismos externos como la Personería Municipal y la OEA no asistieron.
¿Cuándo y dónde?
La asamblea se realizó el 27 de septiembre de 2025 en Caldono, Cauca, en lengua Nasa Yuwe y en español, siguiendo el mandato de los usos y costumbres del pueblo Nasa.
¿Por qué?
El homicidio desató una profunda “desarmonía” en el territorio, para las comunidades, más allá de la tragedia individual, el hecho refleja la creciente penetración de grupos armados en las juventudes indígenas, las autoridades recalcaron que no se trata solo de sancionar, sino de armonizar el territorio, sanar el dolor y reafirmar la política de vida frente a la política de muerte.
¿Cómo se resolvió?
La asamblea, como máxima autoridad, determinó que Nene Collazos deberá cumplir una pena de 40 años en patio prestado (penitenciaría San Isidro de Popayán), sin derecho a rebaja de condena. Además, se ordenó:
- La destrucción del arma incautada.
- La entrega de la motocicleta a la Personería de Caldono.
- Rituales de sanación y armonización colectiva.
Las familias expresaron su dolor:
- Los Ulcue exigieron que el mandato no sea revocado en el futuro.
- El padre del condenado agradeció la decisión de las autoridades, reconociendo que “uno los forma hasta cierta edad, después son responsables de sus actos”.
“Dos familias, un territorio y la enfermedad de la guerra”
El calor del sol en medio de la asamblea, la palabra circulaba entre mayores, consejeros y familias con un silencio respetuoso, interrumpido solo por las voces que alternaban entre Nasa Yuwe y español. Afuera, el viento soplaba con fuerza parecía traer consigo el eco de los hostigamientos pasados.
La comunidad se afligíapor dos familias: una que perdió a un hijo asesinado; otra que vio al suyo caer en la trampa de la guerrilla.
“¿Por qué mi hijo tomó esa decisión?”…
repetía en Nasa Yuwe con voz rota el padre de Nene Collazos, la madre de Edilberto Ulcue, en cambio, pedía firmeza:
“Lo mandatado hoy se cumpla y no se cambie en el futuro”.
Los consejeros recordaron que antes del proceso de paz había una sola estructura armada; hoy, en el posconflicto, son múltiples los actores que disputan el territorio y arrastran a jóvenes a un camino de muerte, frente a esta realidad, las autoridades insistieron en un llamado claro que la juventud NO se deje seducir ni utilizar por los grupos armados, y que las familias no permitan que la necesidad o la ambición los lleve a sembrar cultivos ilícitos, porque ambos caminos solo reproducen la guerra y destruyen la vida comunitaria.
“Queremos que nuestros hijos cojan un símbolo sagrado de Autoridad ancestral (bastón), una guitarra o una flauta, no un arma para matar a otro”…
dijeron las autoridades, reafirmando que la única política que reconocen es la de la vida.

El consejero mayor del CRIC habló de la “enfermedad del pensamiento occidental” que ha contaminado la armonía ancestral, otros, como Freddy Alexander Tumbo, insistieron en que el reto es seguir fortaleciendo los procesos espirituales y de unidad:
“Si matan a un comunero, nos duele a todos. Si matan a una mujer, es dolor de todos, la única política que reconocemos es la de la vida”.
En el espacio, mientras se leía la resolución, los mayores recordaron que la justicia indígena no busca venganza, sino equilibrio: sin embargo, la condena fue clara: 40 años sin rebaja, una decisión que envía un mensaje de firmeza, pero también de advertencia.
“Cuidemos a nuestros hijos”, fue la frase que cerró el espacio de asamblea, no solo como consejo, sino como mandato para un territorio que, pese al dolor, sigue defendiendo la vida frente a la guerra.
Por programa de comunicaciones CRIC












