Somos muchos los que nos reconocemos como miembros de todo un territorio, que más allá de lo físico también esboza lo espiritual, somos Nasas, Yanakunas, Totoróez, Siapidaras, Misak, Ingas, Kokonukos y Emberas, somos indígenas, campesinos y afrodescendientes, que luna tras luna pensamos en un mejor espacio de vida para todos los que hacemos parte de la madre tierra.
Desde que somos concebidos compartimos trocha, hablamos de cómo organizarnos ante las adversidades que el entorno nos puede presentar. No somos ajenos a un país, a un departamento, a un municipio o a alguna ciudad. Compartimos como todos, opiniones y filosofías que surgen del ideal de un mejor territorio. Y en ese trasegar de experiencias, muchas veces surgen armonías y desarmonías en cada una de las regiones que habitamos. Hemos visto compañeros partir de las comunidades hacia otras partes y también trascender a lo espiritual, otros perderse en sendas de la individualidad.
Como miembros de una etnia, de una región y de un país, intercambiamos pensares, sentires, molestias e inconformidades, y a raíz de esto puede que en muchas situaciones la convivencia se torne complicada. Compañeros que tal vez han tomado algunas decisiones que desviaron su camino y afectaron a toda una comunidad. Sin embargo, como hijos de la misma madre (Tierra) es un deber velar por el bienestar de cada uno de nosotros, y de esta manera también existe el compromiso de no abandonar a un hermano, compañero y amigo, porque como lo mencionó alguien aquel día en Kwet Kina, hay dos clases de amigos, el que te pasa todo lo que haces y dices pero que nunca va a contrariarte, y sin embargo tras espaldas desdeñará cada una de tus acciones. Por otra parte, está ese amigo, que sin importar como suenen sus palabras, aconsejará y se opondrá a alguna acción que afecte la integridad tanto tuya como la de los demás, ese amigo que no le importa pronunciar verdades, que, aunque duelan harán que repienses lo que obras. El primero disfrutará tu caída, el segundo te asistirá.
Y es que, en esa lucha por reivindicar la resistencia de los pueblos indígenas, campesinos y afrodescendientes de aquel 12 de octubre, se logró humanizar la figura del ente presidencial, se lo observó frente a frente y sobre el mismo nivel, se le habló y también se le cuestionó, se le puso una ruana, jigra y pañoleta, lo que demostró que sea cual sea el cargo que ocupe, no deja de ser un comunero más, uno al que se le puede estrechar la mano y por qué no! ofrecer una cálida amistad sin precedentes.
Y ser ese amigo, pero no del que se habló primero, si no del que a pesar de las indisposiciones pueda ayudar a construir colectivamente, que, aunque se moleste también proponga, y que ante la injusticia de algún hecho se manifieste con fuerza y autoridad, porque entre amistades se reconoce la palabra.
´Un gobierno Amigo´ como se ha pronunciado la nueva vigencia del país, nos da a entender que se escuchará antes de decidir, pero así mismo desde cada uno de los territorios se acudirá a dialogar y analizar cada una de las acciones que se estén por tomar, además del pronunciamiento debido que propenda por una armonía de cada uno de los que habitamos el territorio nacional.
Ahora bien, como pueblos originarios, como etnias arraigadas, y comunidades organizadas, acompañaremos por caminos, sendas y trochas a ese comunero más que hace poco se puso la ruana, terció la jigra y amarró su pañoleta, para que no se sienta alejado de la base que lo apoya, pero que tampoco olvide su compromiso con cada mano que estrechó y cada abrazo recibido, aquí estaremos como ese amigo que sin adornar palabra se pronunciará en la verdad, y no escatimará en corregir algún paso en falso que pueda desviar una convicción colectiva del tan anhelado ‘buen vivir’.
Por: Programa de Comunicaciones CRIC







