{"id":7768,"date":"2014-03-30T16:11:27","date_gmt":"2014-03-30T16:11:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cric-colombia.org\/portal\/?p=7768"},"modified":"2014-03-30T16:11:27","modified_gmt":"2014-03-30T16:11:27","slug":"grito-wounaan-en-la-selva-de-concreto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cric-colombia.org\/portal\/grito-wounaan-en-la-selva-de-concreto\/","title":{"rendered":"Grito Wounaan en la selva de concreto"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/www.cric-colombia.org\/portal\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Wuonaan.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7770\" title=\"Wuonaan\" src=\"https:\/\/www.cric-colombia.org\/portal\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Wuonaan-300x198.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"198\" srcset=\"https:\/\/www.cric-colombia.org\/portal\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Wuonaan-300x198.jpg 300w, https:\/\/www.cric-colombia.org\/portal\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Wuonaan.jpg 900w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Vive en la capital del pa\u00eds porque los paramilitares lo desterraron<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia de Sercelino Piraza, el sabio mayor de esta tribu del Pac\u00edfico colombiano, demuestra que el drama de los miles de ind\u00edgenas desplazados por la violencia y refundidos en la indolencia de las ciudades sigue sin soluci\u00f3n.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>La selva<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cMe llamo Sercelino Piraza. Soy gobernador de la etnia wounaan. Nac\u00ed el 31 de diciembre de 1949 en una choza con techo de palma de w\u00e9rregue, a orillas del r\u00edo San Juan, por la desembocadura en el oc\u00e9ano Pac\u00edfico. Queda cerca a Malaguita, entre el Valle del Cauca y el Choc\u00f3. Mi familia y mi cultura es de cazadores y pescadores. A los diez a\u00f1os de edad me llevaron m\u00e1s al norte, por el r\u00edo Togorom\u00e1, hasta el resguardo de San Antonio, municipio Litoral del San Juan. Viv\u00edamos en medio de la selva y los animales, como nuestros ancestros. Yo us\u00e9 taparrabo hasta los 15 a\u00f1os y las mujeres paruma hasta que llegaron las monjas. Nos ense\u00f1aron el evangelio, a hablar espa\u00f1ol, a usar pantalones y pantalonetas. Dec\u00edan que el guayuco era feo. Nos volvimos creyentes. Hab\u00eda paz hasta que empezamos a ver pasar por el r\u00edo a guerrilleros y gente desconocida. Despu\u00e9s aparecieron los paramilitares en los a\u00f1os 90 (bloques Calima y Pac\u00edfico) y empezaron a mandar en todo. Una vez me atracaron con escopetas en el r\u00edo San Juan. Tuvimos que dejarles la lancha y tirarnos al r\u00edo. Se robaron el motor y 80.000 pesos. Luego empezaron las amenazas. Yo cortaba madera de nato con motosierra para el ferrocarril. La gente empez\u00f3 a decirme: \u2018Sercelino, lo est\u00e1n buscando\u2019. A un amigo le dijeron: \u2018Si lo encontramos, de una vez lo matamos\u2019. \u00bfPor qu\u00e9?, pregunt\u00e9, si no debo nada ni le he hecho mal a nadie. Tuve que esconderme una noche en la iglesia, al otro d\u00eda embarcarme hacia Litoral y luego para Buenaventura. Me escond\u00ed en un granero y hasta all\u00e1 fueron a preguntarme. Encomend\u00e9 unas artesan\u00edas que llevaba y cog\u00ed ruta para Cali, pero me dijeron que s\u00f3lo en Bogot\u00e1 pod\u00edan ayudarme. Llegu\u00e9 el 28 de abril de 2003. El 10 de julio siguiente llegaron mi se\u00f1ora, Carmen Tulia Ismare, y los cuatro hijos. A ellos les toc\u00f3 escapar porque los iban a reclutar\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>La ciudad<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cTerminamos viviendo en arriendo en Lucero Bajo (Ciudad Bol\u00edvar, donde al menos el 20% de la poblaci\u00f3n es desplazada, seg\u00fan Naciones Unidas). Bogot\u00e1 no tiene \u00e1rboles ni r\u00edos, no hay casas de madera, hace mucho fr\u00edo y desde la primera semana sufr\u00ed de gripa y tos. Aqu\u00ed no se consiguen los bejucos que curan todo. Hace poco muri\u00f3 por eso el suegro de mi hijo Luis Fernando. Ni siquiera pudimos velar el cuerpo con las tradiciones de baile y canto, para pedirle a la madre naturaleza que se llevara bien el esp\u00edritu\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para llegar a la casa del sabio wounaan, ahora en Lucero Alto, es m\u00e1s f\u00e1cil a trav\u00e9s de se\u00f1as, como en la selva. Nadie encuentra la transversal F, con Bis y con A. Desde la direcci\u00f3n, \u201cjerogl\u00edfico\u201d en el que se escudan las oficinas p\u00fablicas para no ayudarles, hasta la indolencia los han refundido en el sur de la capital del pa\u00eds, porque los documentos no llegan, a excepci\u00f3n de los recibos de agua y energ\u00eda. El vecindario es pobre y marginal, pero la fachada de la construcci\u00f3n de un piso es alegre: verde manzana con naranja. Tras una puerta met\u00e1lica, en cuatro habitaciones viven 32 personas, tres por cama sencilla, cuatro o seis en cama doble. Las primeras seis familias llegaron, como la de Sercelino, en 2003. Tres a\u00f1os despu\u00e9s algunos intentaron volver cuando el gobierno de \u00c1lvaro Uribe anunci\u00f3 la desmovilizaci\u00f3n de los paramilitares, pero pronto se transformaron en Rastrojos o Urabe\u00f1os, seg\u00fan la conveniencia, patrocinados por narcotraficantes que mantienen el r\u00e9gimen del terror. Por eso en este vecindario ya son 265 los wounaan, incluidos 49 ni\u00f1os, siete nacidos en Bogot\u00e1 y registrados como \u201crolos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>La casa<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El piso es de cemento y tierra, los techos est\u00e1n remendados con cartones y pl\u00e1sticos, el ambiente es helado. Entrando a mano derecha est\u00e1 la habitaci\u00f3n donde duermen el gobernador y ocho personas m\u00e1s. Una vieja s\u00e1bana improvisada como cortina defiende la privacidad del espacio donde duerme Sercelino con su esposa. Bolsas y talegos de todas las marcas cuelgan de las paredes o se ocultan bajo una cama. Dos beb\u00e9s lloran, las madres les dan pecho, el idioma wounaan impera. En los otros cuartos hay un par de televisores antiguos con mala se\u00f1al. El ba\u00f1o, que huele a orina, y la cocina son comunitarios. La estufa funciona con gas de cilindro. Al fondo del \u00fanico pasillo est\u00e1n el fregadero y una peque\u00f1a lavadora que no deja de sonar. La llave gotea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras las tejas de Eternit del techo se calientan con el sol, las mujeres se dividen entre las que se ocupan de la comida (\u201cSi alguien no come, ninguno come\u201d, advierte Sercelino) y las que extraen delgados hilos a la fibra de w\u00e9rregue sosteni\u00e9ndola con el dedo gordo del pie y estir\u00e1ndola con los brazos al tiempo que la cortan en tiras con una cuchilla adaptada a los dedos de la mano (la palma les llega por correo desde el Choc\u00f3. Cada cogollo les cuesta 30.000 pesos). Una de ellas es Carmen Tulia, la esposa de Sercelino. Pregunta con disgusto para qu\u00e9 va a servir que los periodistas cuenten c\u00f3mo viven. \u201cEst\u00e1 brava la cacica\u201d, dice Sercelino. Teresa se nota triste: \u201cVoy a cumplir ocho a\u00f1os sin ver a mi familia y dicen que la situaci\u00f3n no est\u00e1 para volver\u201d. Otras ti\u00f1en, silenciosas, mientras festivas fibras negras y rojas cuelgan de las ventanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el dormitorio vecino suena reguet\u00f3n y Ricard Piraza, de 15 a\u00f1os, transcribe en un cuaderno las letras de las canciones sin perder el ritmo. \u201cEstudiaba en el colegio Nicol\u00e1s Esguerra, pero me quedaba muy lejos y no volv\u00ed por falta de dinero. Aqu\u00ed no es tan f\u00e1cil como subirse a la canoa y remar\u201d. Otros seis muchachos viven en un improvisado campamento en el traspatio desde donde se ve a lo lejos, hacia el norte, el centro de Bogot\u00e1 cubierto por una estela de nubes contaminadas.<br \/>\nNixon Chaucarama termin\u00f3 el bachillerato y quiere estudiar tecnolog\u00eda, \u201csistemas en el Sena\u201d, como lo hacen otros wounaan radicados en el cercano municipio de La Mesa. Del muro del cuarto cuelga un gran letrero de madera en el que tallaron la palabra \u201cWounaan\u201d (\u201cgente\u201d). El techo est\u00e1 protegido con cartones de huevos y en el piso hay un par de zapatillas Nike. Algunos estudian en el colegio Rafael Uribe Uribe, \u201cdonde respetan nuestra cultura\u201d. Sin embargo, Sercelino se preocupa m\u00e1s \u201cporque aprendan la cultura de los ancestrales, que sigan de la mano de nosotros y bajo vigilancia de nuestros alguaciles, que no fumen cigarrillo ni vicio, ese es el celo que debemos mantener\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Los recuerdos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Afuera los dem\u00e1s hombres hacen aros de pl\u00e1stico con tubos de PVC y los pulen para tejer sobre ellos las figuras en fibra que simbolizan su cosmogon\u00eda. Se sientan en torno a una mesa de madera, bajo un cobertizo del que cuelga la canoa sagrada que trajeron de la selva, hecha de una variedad de balso que al tocarla con un b\u00e1culo de madera emite una melod\u00eda sagrada para ellos. Es un ritual diario para pedirle a la madre tierra lo que necesitan. La proa apunta hacia donde nace el sol y los s\u00edmbolos geom\u00e9tricos est\u00e1n pintados con tintura negra de semilla de \u00e1rbol de jagua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lejos de sus or\u00edgenes, las cuerdas para secar la ropa sirven para armar una escenograf\u00eda de cobijas y toallas ondeantes estampadas con junglas, caudales, ocasos, leones, tigres y cebras. Los ni\u00f1os juegan con un mico de trapo. Les han hablado de esos animales y del mito de \u201clos mil ojos de los \u00e1rboles\u201d. En el patio s\u00f3lo hay un brevo al que intentan subirse apoy\u00e1ndose en un sanitario partido recargado en la ra\u00edz. Prefieren jugar a los cazadores entre matas de uchuva, cilantro, cebolla, tomate y papa. \u00bfC\u00f3mo explicarles el mito de la u\u00f1a del rel\u00e1mpago si en la ciudad no han podido mostrarles la huella milagrosa de un rayo sobre una corteza o un sendero?<br \/>\nEn ese ambiente, Sercelino re\u00fane a sus iguales y les insiste que hablen en wounaan. \u201cNo podemos perder la lengua, ni las ense\u00f1anzas de los antiguos, los mitos con que crecimos\u201d. Les cuenta que van a mandar libros desde Panam\u00e1, donde vive la mayor\u00eda de la etnia, buena parte desplazada desde Colombia, para que los peque\u00f1os, en especial los que nacieron en la ciudad, aprendan de sus antepasados. Sercelino les recuerda la historia del animal m\u00e1s astuto de la selva, un relato que puede durar horas si se quiere y que habla de por qu\u00e9 el guat\u00edn siempre supera al tigre y al conejo. \u201cEs una ense\u00f1anza que nos sirve aqu\u00ed para no ser enga\u00f1ados\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la hora de trabajar, a los mayores los ayudan muchachos con bluyines deste\u00f1idos y descaderados. Sercelino insiste en atraer las buenas energ\u00edas, saca su flauta y empieza a tocar El aguacerito. \u201cEsta melod\u00eda se les dedica a las ni\u00f1as quincea\u00f1eras en diciembre, desde que sale el sol hasta mediod\u00eda. Los muchachos se emborrachan con biche (aguardiente de ca\u00f1a), se las echan al hombro y siguen danzando, hablando con la naturaleza para que haya buen pescado y frutas; que no venga la enfermedad, que no lleguen personas con armas sino con amor para los dem\u00e1s. En la selva yo tomaba mucha charrincha, viv\u00eda medio borracho, hasta que llegaron unos evang\u00e9licos, me hablaron de Jes\u00fas y yo lo recib\u00ed. El demonio me tentaba, pero me convert\u00ed y dej\u00e9 el vicio; ahora no somos cat\u00f3licos, pero leemos la Biblia, somos creyentes. Eso les comparto a estos muchachos porque aqu\u00ed ahora se emborrachan con aguardiente comercial y tuvimos el caso de uno que estaba oliendo pegante\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sonido de la m\u00fasica le recuerda \u201cal jabal\u00ed cuando grita como el ganado y al ratico se oscurece el cielo y llueve\u201d. Tambi\u00e9n interpreta El canto del g\u00fcio, que evoca a las serpientes: \u201cLa verrugosa, la m\u00e1s venenosa, de color caf\u00e9, rojo y blanco, su mordida produce gangrena; la X, verde con caf\u00e9; la 24, que es verde y la llamamos as\u00ed porque si a las 24 horas usted no ha muerto ya no muere. Me gustaba sentarme a o\u00edr la naturaleza. Entre la selva escuchaba personas hablando en lenguas, dec\u00edan que el mundo estaba pronto a acabarse por tantas violencias. Me quedaba quietico a ver cu\u00e1ntas eran y al acercarse el sonido desaparec\u00edan. Eran los esp\u00edritus de la selva, los nativos de otras vidas. O\u00eda el sonido del viento moviendo el bosque. Cuando los \u00e1rboles m\u00e1s suenan es que est\u00e1n en conflicto el esp\u00edritu de los muertos y el del diablo. Aqu\u00ed s\u00f3lo oigo ruidos. Por eso trato de que los muchachos aprendan los silbidos, la flauta y el tambor\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Indio urbano<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A finales del a\u00f1o pasado, Sercelino habl\u00f3 de estas tradiciones con el Nobel de Literatura franc\u00e9s J.M.G. Le Cl\u00e9zio en el teatro Jorge Eli\u00e9cer Gait\u00e1n por intermedio de El Espectador. El escritor vivi\u00f3 cuatro a\u00f1os con ind\u00edgenas wounaan en la frontera de Colombia con Panam\u00e1 \u2014eso cambi\u00f3 su percepci\u00f3n del mundo y de la literatura\u2014 y quer\u00eda saludar a uno de los maestros que sobreviven. Le impact\u00f3 que la violencia lo obligue a vivir como desplazado y le habl\u00f3 de su novela experimental El diluvio, sobre la opresi\u00f3n mental que producen las ciudades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l estuvo de acuerdo, pero le explic\u00f3 por qu\u00e9 tuvo que transformarse en un indio urbano. Ya no es aquel gobernador que fund\u00f3 una comunidad palaf\u00edtica con derechos sobre 8.647 hect\u00e1reas desde 1981, seg\u00fan el Incora, hoy Incoder. No ve a la distancia, como cuando cazaba conejos y venados, culpa al aire contaminado de la ciudad, usa gafas; como no tiene maloca para convocar a su tribu, aprendi\u00f3 a usar un tel\u00e9fono celular, \u201ceste que llaman flecha\u201d. Mira el aparato y sonr\u00ede con iron\u00eda, un sentimiento que antes le era extra\u00f1o. En su aldea imperaban la tranquilidad, la transparencia, la generosidad, la solidaridad, \u201cel respeto a las memorias de los ancestros y de los sue\u00f1os\u201d. Aqu\u00ed debi\u00f3 adaptarse al caos, al ego\u00edsmo, a la indiferencia, a los papeles y los correos electr\u00f3nicos de la burocracia, a la mentira. Lo han enga\u00f1ado, le han prometido e incumplido, aprendi\u00f3 a ser desconfiado. \u201cAc\u00e1 hay serpientes de dos patas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conoc\u00ed a Sercelino en la larga fila de reclamantes frente al Centro Administrativo Distrital, arrastrando una lona marcada con un escudo de la Alcald\u00eda de Bogot\u00e1. Adentro llevaba 15 libras de arroz, una arroba de papa, diez libras de pasta, seis latas de at\u00fan y sardinas, cuatro libras de fr\u00edjol y lenteja, dos paquetes de zanahoria y naranjas. \u201cNo alcanza para todos, pero es una ayuda. El problema es cuando no cumplen con darnos el mercadito y no vendemos las artesan\u00edas. Con las manillas, jarrones, cestas, bandejas y collares es que conseguimos plata para comprar\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Resignado, piensa que despu\u00e9s de diez a\u00f1os de destierro super\u00f3 la etapa m\u00e1s dif\u00edcil, que Ewandam, su dios original, lo fortaleci\u00f3 en la desventura con su sabidur\u00eda. Debe ser fuerte porque es el gu\u00eda y no debe defraudar a sus ascendientes. En la casa consulta un diccionario ilustrado que le regalaron. Se acostumbr\u00f3 a vestir traje de pa\u00f1o gris, camisa de algod\u00f3n blanco, zapatos de material negros. \u201cYa no me da pena\u201d. El hijo mayor viste igual y carga bajo el brazo un cartapacio con escritos a mano o a medio imprimir: pedidos de auxilio que no conmovieron ni a la Personer\u00eda ni a la Defensor\u00eda del Pueblo, derechos de petici\u00f3n con respuestas dilatorias, como la del Ministerio del Interior que desde hace cinco a\u00f1os les prometi\u00f3 enviar un antrop\u00f3logo para certificar que son ind\u00edgenas con derechos especiales por la Constituci\u00f3n de 1991, tutelas para acceder a cr\u00e9ditos para comprar m\u00e1s casas donde hacinarse en comunidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Desterrados y ninguneados<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cOjal\u00e1 pudi\u00e9ramos volver, pero as\u00ed como est\u00e1n nuestra selva y nuestros r\u00edos no volvemos, seguimos en Bogot\u00e1. Los paramilitares controlan todo, hay que andar con la c\u00e9dula. El esp\u00edritu del ind\u00edgena no soporta eso. Cuando yo era peque\u00f1o era un para\u00edso, pescaba o iba de cacer\u00eda con total libertad. Ahora por ah\u00ed se rotan todos los grupos armados que siembran coca y el Gobierno no puede garantizar la seguridad. As\u00ed nunca habr\u00e1 paz. Dicen que la tierra est\u00e1 cansada de tantas fumigaciones. Lo que m\u00e1s me duele es que nadie ha respetado las cosas que dejamos. Yo sembr\u00e9 mucho \u00e1rbol de boroj\u00f3 y me los arrancaron. Los wounaan que se quedaron no dan raz\u00f3n. \u00bfEntonces no me quer\u00edan? \u00bfO por qu\u00e9 van desenraizando? Por eso tampoco volver\u00e9. Ya estamos enraizados en Bogot\u00e1 (6.379 ind\u00edgenas estaban en situaci\u00f3n de desplazamiento en esta ciudad en 2010, seg\u00fan la Agencia Presidencial Acci\u00f3n Social, y esa cifra, a la espera de un censo que la actualice, estar\u00eda cercana a los 10.000). A veces nos sentimos encerrados, todo se extra\u00f1a, pero estamos dedicados a organizar el cabildo para que nos reconozcan todos los derechos. Lo poco que hemos conseguido es fruto de esa lucha. Por ejemplo, esta casa ya es nuestra. Nos la dieron con un subsidio del Ministerio de Vivienda. Val\u00eda 25 millones en 2007 y tuvimos que pagar el saldo de un mill\u00f3n 40.000 pesos. Ahora necesitamos repararla porque estamos muy estrechos. Lo importante es que no se nos refunda el alma, no perder la identidad, seguir creyendo en lunas y seguir viviendo en unidad\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego de una d\u00e9cada de invisibilidad social, Sercelino Piraza fue uno de los 14 gobernadores ind\u00edgenas reconocidos la semana pasada en la Alcald\u00eda Mayor de Bogot\u00e1 como representantes de culturas que deben ser protegidas en la ciudad y en la selva. Emocionado, esa noche levant\u00f3 su bast\u00f3n sinti\u00e9ndose por fin reivindicado. Pero al d\u00eda siguiente no lo atendieron cuando fue al Palacio Li\u00e9vano a averiguar por los beneficios para su pueblo. El alcalde al que ayud\u00f3 a coronar la noche anterior como \u201ccacique mayor\u201d ya no era el funcionario que les asegur\u00f3 que hab\u00eda llegado el fin de m\u00e1s de cinco siglos de atropellos. Hab\u00eda sido destituido. Los intereses de los pol\u00edticos segu\u00edan de primeros en el orden del d\u00eda y los ind\u00edgenas de vuelta al asfalto como ciudadanos de segunda.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.elespectador.com\/noticias\/bogota\/grito-wounaan-selva-de-concreto-articulo-483779\">http:\/\/www.elespectador.com\/noticias\/bogota\/grito-wounaan-selva-de-concreto-articulo-483779<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vive en la capital del pa\u00eds porque los paramilitares lo desterraron La historia de Sercelino Piraza, el sabio mayor de esta tribu del Pac\u00edfico colombiano, demuestra que el drama de los miles de ind\u00edgenas desplazados por la violencia y refundidos en la indolencia de las ciudades sigue sin soluci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":13,"featured_media":7770,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v20.12 - 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